Tres décadas de El Club de los Poetas Muertos, la película que siempre consigue emocionarnos

La Paz, 6 jun 2019 (ATB Digital).- Un primer vistazo a este clásico estrenada en 1989, desata una oleada de nostalgia. Cuando hace treinta años se estrenó El club de los poetas muertos, ¿quién no soñó con tener alguna vez un profesor como Robin Williams? El personaje de John Keating, maestro de la vida en general y de Literatura en particular, puso el listón muy alto al gremio docente y marcó un punto de inflexión en el género de películas escolares.

En aquella rancia institución un puñado de muchachos de familias adineradas se enfrentaban al final de la adolescencia con las mismas reglas de sus padres. Pero aquellas reglas ya no valían y aquel profesor que arrancaba las hojas de los manuales de Literatura recordaba que la única manera de vivir era aprovechar el momento. «Carpe diem» se convirtió en el lema de aquella pandilla y de toda una generación.

Detrás de las cámaras

El australiano Peter Weir se había dado a conocer en los años 70 con una película de culto, Picnic en Hanging Rock. Llegarían después Gallipolli, El año que vivimos peligrosamente, Único testigo y La costa de los mosquitos. Con este currículo abordó El club de los poetas muertos, una historia escrita por Tom Schulman que se llevaría el Oscar al Mejor Guión, en una gala en la que la película optaba a mejor cinta, dirección y actor protagonista para Robin Williams. Williams convirtió al personaje del profesor Keating en un referente. Ya había logrado su primera nominación unos años antes por otra actuación icónica, en Good Morning Vietnam, y repetía por tercera vez con El rey pescador. Se llevó una estatuilla como mejor secundario por El indomable Will Hunting.

Luchó durante años con sus adicciones y se suicidó en el 2014. Su familia reveló después que padecía un tipo de demencia, que su mujer denominó «el terrorista dentro de la cabeza de mi marido».

Pero el éxito de la película, más allá del guión y del trabajo de Robin Williams, descansa en ese puñado de actores jóvenes que interpretaron a los chicos que cambiaron radicalmente tras conocer al profesor Keating. Aunque como en otras películas de los 80, los caminos de estas promesas no fueron igual de exitosos. De hecho, solo Ethan Hawke (el tímido Todd Anderson del club) ha conseguido una carrera respetable. A sus 48 años, Hawke ha logrado ser reconocido por películas como Reality Bites, Training Day, entre otros.  

Al idealista Neil Perry lo interpretaba Robert Sean Leonard, que después trabajó en papeles secundarios para directores como Kenneth Branagh o Scorsese. Pero si por algo es reconocido es por dar la réplica a Hugh Laurie en House. Y es que la televisión ha sido el refugio para muchos de ellos. Como Josh Charles (Knox Overstreet en la película), que ha hecho carrera en la pequeña pantalla: por su papel de Will Gardner en The Good Wife logró nominaciones en los Emmy y los Globos de Oro. Estos son los tres que han conseguido consolidar una carrera. También eran los tres personajes más jugosos de aquel club que rendiría un homenaje final al profesor Keating al grito de unos versos de Whitman (cómo olvidar aquel «Oh capitán, mi capitán») que son parte ya de la historia del cine.

Quizá la lección más importante de El club de los poetas muertos sea aquella que John Keating da en una de sus clases de literatura, donde consigue contagiarnos su pasión y entusiasmo por hacer de la vida algo extraordinario, un lugar en el que el trabajo y el dinero son necesarios pero no lo más importante.

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