Svalbard, un refugio natural en pleno Ártico

Svalbard, un refugio natural en pleno Ártico

Mundo, 18 oct 2022 (ATB Digital).- Aunque sus vistas bien pudieran parecen de otro planeta, el archipiélago noruego de Svalbard es uno de los rincones más salvajes del planeta. Tierra de osos polares y auroras boreales, estas islas ubicadas entre el mar de Barents y el mar de Groenlandia componen un paisaje de una belleza natural indudable. 

El Océano Glacial Ártico marca el carácter de este archipiélago, que desde 1920 se denomina Svalbard o "costa fría" en noruego antiguo, pero el calentamiento global está haciendo mella en estas islas y en el modo de vida de sus habitantes, poco acostumbrados al calor debido a la latitud en la que se encuentran. 

Fue también en 1920 cuando se redactó el Tratado de Svalbard, un documento que reconoce la soberanía de Noruega sobre estos territorios, además de otorgar al resto de estados firmantes de la Unión Europea el acceso equitativo a los recursos de sus aguas. Esta tierra de hielo no solo es el hogar de algunas de las especies animales más icónicas del Ártico, sino que también esconde bajo tierra uno de los secretos mejor guardados de la humanidad.

 La parte más septentrional de Noruega

Con una población que apenas cuenta unos pocos miles de personas, las islas Svalbard son la región de Noruega situada más al norte en el globo terráqueo. Únicamente tres de las islas están habitadas en la actualidad Spitsbergen, la isla del Oso y Hopen, siendo la primera de ellas la que daba nombre a todo el archipiélago hasta que se cambió la nomenclatura en el año 1920, cuando adoptaron su nombre actual.

Anteriormente su nombre significaba literalmente "montañas afiladas" en neerlandés, nombre que les dio su descubridor en 1596, el explorador Willem Barents, que también pone nombre al mar de Barents que las rodea. Estas montañas, esculpidas por el hielo y los mineros que fueron en busca de carbón hasta el siglo pasado, sirven en la actualidad como un lugar idóneo para la investigación científica.

 Las morsas, unos animales extremadamente sociales

Sobre los témpanos de hielo y en las playas rocosas de estas islas se pueden ver lo que parecen unas enormes masas de color canela, una especie de montañas en miniatura que parecen cobrar vida. Son las morsas, uno de los habitantes más icónicos de las islas Svalbard. Son verdaderamente unos pesos pesados: con más de una tonelada de peso y casi tres metros de largo, las morsas están equipadas con unos colmillos de marfil que pueden llegar a medir más de medio metro de largo.

Esto no solo las hace tremendamente peligrosas en el cuerpo a cuerpo, sino que también les brinda una ayuda más que necesaria para ayudarles a sacar su voluminoso cuerpo del agua al clavarlos en el hielo. Figuras arrugadas de dientes enormes y bigotes, profundas cicatrices y ojos sanguinolentos, las morsas no solo se caracterizan por su aspecto físico, sino que también son unas amantes de la vida en sociedad, además de tener un peculiar sentido musical.

 El Banco Mundial de Semillas de Svalbard

Ubicado en la isla de Spitsbergen, cerca de la capital Longyearbyen, el depósito de semillas más grande del mundo es una construcción pensada para almacenar las semillas de miles de plantas con el objetivo de salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos destinados al alimento en caso de una catástrofe mundial. 

¿Su nombre popular? La cámara del fin del mundo. Este nombre no es baladí, sino que este almacén compuesto por tres plantas y más de 1.000 metros cuadrados es capaz de resistir terremotos de hasta 10 grados en la escala de Richter, el impacto de bombas, erupciones volcánicas y numerosos desastres que podrían ponerle en peligro.

 Osos polares, depredadores letales

Estas islas noruegas cuentan con amplias zonas protegidas para preservar la biodiversidad ártica, donde destacan sus grandes poblaciones de osos polares. Allí se les puede encontrar bien en tierra firme o en los bloques de hielo errantes que les sirven como plataformas para descansar y cazar. Sin embargo, no todo son buenas noticias para el oso polar en Svalbard.

El cambio climático está haciendo que el hielo se derrita a una velocidad nunca antes vista en estas latitudes, ocasionando que en las épocas estivales los osos polares se vean en mayores dificultades tanto para moverse como para poder alimentarse de focas anilladas, una de sus presas principales. En Svalbard, numerosas expediciones turísticas permiten a los visitantes observar desde una distancia segura a estos animales durante todas las épocas del año.

 Los habitantes del hielo

Con una piel tremendamente resistente, mucho más que el resto de especies de focas, las focas barbudas son las más grandes de todas las focas árticas. Pudiendo llegar a los 3 metros de largo y hasta los 450 kilos de peso, esta especie fue tremendamente valiosa para las comunidades Inuit pues aprovecharon durante años su piel para confeccionar calzado, arneses, fundas y carpas para cubrirse.

Por si esto fuera poco, esta especie que se puede ver regularmente en Svalbard guarda una curiosidad tremendamente especial: su canto puede ser escuchado hasta 20 kilómetros de distancia, lo que las convierte en especímenes de una tremenda eficiencia comunicativa.

 El rorcual común, un visitante asiduo

Con presencia en prácticamente todos los océanos del planeta, desde las frías aguas árticas hasta las templadas aguas tropicales, los rorcuales comunes ostentan el segundo puesto en la lista de animales más grandes del planeta. Con casi 27 metros de longitud, el rorcual del norte se ha convertido en una especie en peligro de extinción debido a la caza intensiva que tuvo lugar durante el siglo XX.

Catalogado coloquialmente como "el galgo de los mares", el rorcual común es uno de los cetáceos más rápidos de los mares, pudiendo mantener velocidades de hasta 40 km/h gracias a su larga y estilizada figura.

 El reno de Svalbard, un icono de las islas

Es la subespecie más pequeña de reno de todo el planeta, detalle que se explica por el lugar en el que habitan: su peso varía desde los 65 kilos en machos al inicio de la primavera hasta cerca de los 90 kilos a finales del verano, cuando la tundra se tiñe de blanco y el invierno golpea con fuerza. Es precisamente en esa época cuando el pelaje de este curioso ungulado se vuelve más claro, tratando de mimetizarse con el ambiente helado que le rodea para camuflarse entre el hielo. 

Estos renos fueron cazados prácticamente hasta la extinción a inicios del siglo XX, pero los programas de conservación destinados a rehabilitar la población de la especie consiguieron que este icono de las islas Svalbard resurgiese con fuerza hasta la actualidad, con cerca de 10.000 ejemplares.

 Un invernadero en pleno Ártico

Svalbard es hogar de mitos y leyendas. También lo es de curiosidades increíbles. La historia de Benjamin Vidmar es una de esas. Este granjero norteamericano se mudó a Svalbard para trabajar como chef en un restaurante, pero pronto se dio cuenta de que buena parte de la comida que sobraba en el negocio era desechada junto con la basura. Esto chocaba con sus principios, pues el archipiélago es uno de los lugares más conscientes y responsables con el calentamiento global, y lo es por necesidad: es uno de los lugares del planeta en las que el cambio climático se nota con mayor intensidad.

¿Cuál fue su solución? Decidió plantar su propia comida para llevar a cabo un modo de vida lo más sostenible posible. Durante el verano, Vidmar recoge repollos y rábanos en un invernadero con forma de bóveda, como se puede ver en la imagen. En el frío y largo invierno, las coles y las hierbas cultivadas de manera hidropónica (sin tierra) le sirven para alimentar a los clientes de numerosos restaurantes y hoteles de la zona, lo que le permite ganarse la vida de un modo sostenible.

NATIONAL GEOGRAPHIC

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