Valió la pena

Valió la pena

*JAIME ITURRI SALMÓN ES PERIODISTA

Feria del libro en Santa Cruz y me anuncian que una de las invitadas es Almudena Grandes. Y fíjese amable lector que a ella la perseguía desde hace mucho. Desde que leí Las edades de Lulú y luego Malena es nombre de tango.

Pero claro eso sólo fue el principio. Impresionados sí pero… no fue hasta que Almudena comenzó a mostrar su rostro más acerado, es decir su pluma más fina que comencé a amarla. Y es que Inés y la alegría fue para mí una epifanía. Ya sabía que en el norte de Italia como en el sur de Francia la guerrilla estaba en manos de los comunistas, en realidad de las izquierdas. En el caso del país galo eran los republicanos españoles quienes habían tomado el mando. Conocía también el hecho de que los soldados alemanes se negaban a rendirse ante los maquis y que esperaban la llegada de los norteamericanos para deponer las armas. Pero claro estaban más desubicados que payaso en velorio. Al final, levantaron las manos frente a esos perdedores de la guerra civil que les habían hecho pasar las de Caín.

Puestos a elegir los españoles, finalmente primos hermanos de algunos de nuestros antepasados, dijeron “tenemos las armas. Crucemos los Pirineos. Caído Hitler y Mussolini es hora de Franco”.

Y ese fue el descubrimiento con Almudena, la del batallón de militantes de la revolución que cruzaron las montañas para derrocar al dictador  y que cuando establecieron la cabeza de playa fueron traicionados por sus mandos en Moscú que ya habían concedido que España sería para el mando capitalista.

Y Almudena me llevó hacia el amor de Dolores Ibarruri, la Pasionaria, la militante comunista ejemplar, que sin embargo, en las noches atendía en la casita del fondo con un militante 17 años menor que ella. 

Y las fichas para el rompecabezas terminaron de caer. Por un lado la traición del stalinismo. Por otro el lado humano de los combatientes. Me vi en esa mujer que traicionaba a su esposo, ejemplar pero mediocre obrero militante del partido incapaz de levantar pasiones. Y ella que revivía con el calor de ese hombre joven que le pintaba de rojo la sonrisa.

Pero claro el amante también tenía ambiciones. No voy a seguir. Espero que usted lea la obra.

Como que lea El lector de Julio Verne sobre un hijo de un guardia civil español que no podía dormir por los gritos de los torturados y que terminó siendo dirigente de la Izquierda Unida. Anti fascista como corresponde a todo hombre de bien. Y es que Almudena lo era. Cuando le pidieron en una entrevista que se definiera dijo: “Republicana, de izquierdas y anticlerical”. Como debe ser.

O Las Tres bodas de Manolita, la niña que tuvo que casarse para que la célula clandestina aprendiera como manejar el mimeógrafo. Y yo, que años en la clandestinidad manejé el policopiador de mi partido siendo un adolescente sentí electricidad.

Claro, usted dirá que lo que pasa es que Almudena Grande interpeló mis resistencias y algunas de mis vivencias. Y claro, así fue. Y me dignifico en ello.

Pero ella marcó una época, e intentó recuperar una epopeya. La de la resistencia de los militantes que desde España y fuera de ella vencieron al fascismo, aunque este, de tarde en tarde, reaparece como en Chile con Kast. 

Almudena logró narrar el mundo de los vencidos, de los que sufrieron la cárcel, la tortura y el exilio. El mundo de la posguerra escrito por ella que estudió historia y le puso a sus historias un gran estilo literario que da fuerza a las historia de las tragedias de abajo en la época más conmovedora de la historia española.

El sábado el cáncer se la llevó.

Hace algunos año la entrevisté y en la tertulia demostré haber leído sus libros y ella al irse dijo “Valió la pena”. Y sí valió la pena. Pero no solo la charla, sino el rescate a través de la palabra escrita de las luchas populares.

La revolución tiene toda la propaganda en contra. La vida no.

Buen viaje hermana. La resistencia sigue construyendo, y por tanto escribiendo, historias. (Jaime Iturri Salmón es periodista)

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