Las nuevas heridas que abrió la policía durante las protestas en Colombia

Las nuevas heridas que abrió la policía durante las protestas en Colombia

Colombia, 16 nov 2020 (ATB Digital).- Cuando la protesta ardía comenzaban a llover proyectiles. Decenas de jóvenes murieron o resultaron heridos en movilizaciones contra la violencia policial en Colombia. Y en varios casos quienes dispararon estaban uniformados, según apuntan las investigaciones en curso y maltrechos sobrevivientes.

El 9 y 10 de septiembre multitudes, con piedras, palos y bombas incendiarias, se volcaron contra los puestos barriales de policía en Bogotá por el asesinato de Javier Ordóñez (43 años).

En la madrugada del 9 dos agentes redujeron a Ordóñez y uno de ellos le descargó su pistola eléctrica antes de caerle a golpes en uno de esos puestos. Parte del castigo quedó grabado en celulares. Las imágenes virales empujaron a los jóvenes a las calles.

Trece personas murieron en varios puntos de Bogotá y el vecino municipio de Soacha. Tenían entre 17 y 36 años. Otras 75 sufrieron heridas de proyectil.

"Disparé mi arma porque estaba en peligro mi vida", han relatado 35 policías implicados en 77 investigaciones, según el general Óscar Atehortúa, jefe de la institución. Ningún agente murió durante las dos jornadas ni ha sido llamado a juicio.

A diferencia de Chile o Francia, donde manifestantes perdieron un ojo por perdigones o bombas lacrimógenas, en Colombia las protestas fueron sofocadas a bala y no todas las víctimas participaban en ellas.

La AFP escuchó a varios heridos cuyos testimonios retratan esa noche de represión.

1) Dos de un tiro
La bala rebotó en el borde metálico de la ventana antes de clavársele en el pecho a Robert Valencia (35 años). Las esquirlas alcanzaron la nariz de su hermano Henry (39).

Sus padres estaban ahí, aterrados, sin entender por qué llovían proyectiles dentro de la casa donde tienen un restaurante.

"Cuando te ves un disparo en todo el centro del pecho, al lado del corazón, empiezas (...) a pensar que será la última vez que vas a ver a tu familia", dice Robert. "Volteé a mirar a mi padre y a mi madre y empecé a despedirme".

Ensangrentado, Henry llegó hasta su auto estacionado a unas pocas cuadras. Los padres bajaron en hombros a Robert. Arrancaron hacia un hospital abriéndose paso entre manifestantes y policías.

Cuando esperaban atención, Henry sintió el recelo de una enfermera que creyó que eran negros que "estaban tirando piedra" en las protestas.

La bala golpeó el esternón de Robert, un hueso flexible que evitó un daño mayor, y las esquirlas dañaron el ala nasal derecha de su hermano.

Todavía malheridos dicen haber visto personas sospechosas rondando su casa. Sus padres huyeron hace décadas de la violencia y pobreza en el Pacífico (suroeste) y se instalaron junto a una estación de policía en el norte de Bogotá. "Siempre pensamos que ellos eran los que nos protegían", concede Robert.

2) Quería ser militar
Kevin Benítez (19) quería ser militar pero un disparo de la policía lo impidió. Con una bala incrustada en el brazo izquierdo, el joven relata cómo se encontró con la desgracia.

El 10 de septiembre, mientras volvía de un partido de fútbol, se topó con una manifestación "calmada" frente a un puesto de policía en el suroriente de Bogotá.

Sobre las once de la noche, policías en moto aceleraron en dirección a la multitud y Kevin corrió hasta un estacionamiento. Una cámara de seguridad registró cuando un policía le disparó dos tiros. Otra captó cuando fue sometido en el suelo, golpeado y llevado a una patrulla, donde notó que tenía "un agujero" en el brazo.

"No creía que un policía tuviera la capacidad de dispararle a una persona así, porque sí", exclama Kevin.

Asegura que en la estación de policía le negaron atención médica. Salió de allí caminando hacia un hospital. Los médicos no lograron extraerle la bala, por lo que fue rechazado en la academia militar. Hoy está desempleado.

El suéter que llevaba ese día tiene un agujero ensangrentado en la manga izquierda y otro más a la altura del pecho, donde parece haber rozado el segundo proyectil.

3) En una democracia
A finales de 2019 Nicolás Jiménez (23) volvió de Buenos Aires, donde estudia cine, para pasar vacaciones en Bogotá. La pandemia retrasó su regreso.

La noche del 9 de septiembre Nicolás salió a buscar a su madre al paradero de bus donde llegaba del trabajo. Se cruzó con un enfrentamiento a piedras entre manifestantes y policías.

Nicolás, quien vive en el noroeste de Bogotá con su madre, dos hermanas y tres hermanos, vio a policías motorizados avanzando hacia la multitud. Corrió por temor al gas lacrimógeno y en esas sintió un impacto en la mano derecha.

En el hospital le extrajeron el proyectil. "Yo no tenía un arma como para que me estuvieran disparando y de espaldas", reclama.

Nicolás trabaja desde casa en una empresa de publicidad. Aún no recupera la movilidad en la mano derecha. "Eso no pasa en un país democrático", reflexiona.

(Lina Vanegas / Juan Sebastian Serrano / AFP)

Página procesada en: 0,66 segundos.