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Datos y estadísticas indican que los robots y la IA ayudarán a los países con baja natalidad

Datos y estadísticas indican que los robots y la IA ayudarán a los países con baja natalidad

Mundo, 31 de dic 2025 (ATB Digital).-  La caída de la natalidad y el envejecimiento acelerado plantean un desafío global: menos trabajadores deberán sostener a más jubilados. China encarna este fenómeno, al igual que Japón, Corea del Sur y varios países europeos. En este contexto, deja de tener sentido preguntar si la inteligencia artificial (IA) “nos quitará el trabajo”; por el contrario, será clave para mantener la productividad y hasta para “pagar” nuestras pensiones.

Es una paradoja demográfica. Durante años, temimos que la IA y la robótica nos dejaran sin empleo, pero la realidad hoy revierte aquel miedo: lo que falta es mano de obra joven. La población envejece y en varios países la tasa de natalidad se ha desplomado hasta volverse negativa. Es decir, mueren más personas de las que nacen. China acaba de cruzar ese umbral: desde 2022, su población dejó de crecer y empezó a reducirse[1] (primera caída demográfica en seis décadas). En 2024, perdió 1,39 millones de habitantes[2]. La causa es que hoy nacen muy pocos bebés: la tasa de fertilidad china ronda apenas 1,2 hijos por mujer[3], muy por debajo del nivel de reemplazo (2,1).

El resultado es un envejecimiento acelerado. En China, los mayores de 65 años pasarán de ser menos del 20% de la población hoy a más del 30% en 2035[4]. A la vez, la fuerza laboral se contrae: se proyecta que la población en edad de trabajar caerá en unos 260 millones de personas para 2050[5]. Habrá muchos más jubilados que cotizantes; de hecho, para mediados de siglo podría haber casi un dependiente por cada trabajador activo[6]. En consecuencia, los fondos de pensiones podrían incluso agotarse hacia 2035.

China no está sola en este desafío. Japón lleva más de una década perdiendo población, con cerca del 30% de sus habitantes por encima de 65 años[8]. Corea del Sur tiene la natalidad más baja del mundo (0,78 hijos por mujer en 2022[9]) y encadena desde 2020 más defunciones que nacimientos[10]. Incluso Europa envejece: según la ONU, en 2050, casi el 27% de la población de Europa y Norteamérica tendrá más de 65 años[11]. La pregunta ya no es quién “nos quitará” el trabajo, sino quién lo hará cuando falten trabajadores jóvenes.


Frente a este panorama, la IA y la robótica emergen como aliadas imprescindibles. En sociedades en declive demográfico, la automatización es crucial para llenar vacantes y mantener la economía funcionando[12]. Expertos coinciden en que, sin suficiente mano de obra, la tecnología será clave para sostener los sistemas de pensiones[13]. En otras palabras, la IA será en gran medida la que mantenga la productividad y pague nuestras futuras jubilaciones.

China ya muestra el camino. Es líder mundial en robotización industrial, con unos 2 millones de robots operando en sus fábricas[14]. En 2024, instaló 295.000 robots nuevos, más de la mitad del total mundial ese año[15]. Estas máquinas compensan la escasez de mano de obra joven y sostienen la producción[16]. Además, el gobierno chino lanzó un programa piloto para incorporar robots cuidadores en la atención de ancianos[17], a fin de suplir la falta de cuidadores humanos y mejorar la asistencia en una sociedad envejecida[18]. En las ciudades, la IA urbana también optimiza servicios: en Hangzhou, el sistema City Brain de Alibaba coordina el tráfico y logró que la ciudad pasara del 5º al 57º puesto en congestión[19], liberando a los policías de tránsito para tareas donde sí se requiere intervención humana.

La estrategia tecnológica trasciende fronteras. Japón y Corea del Sur invierten igualmente en robots para cuidados y fábricas automatizadas, buscando paliar la falta de mano de obra. En Occidente, la digitalización de procesos y la inteligencia artificial asoman como soluciones ante un futuro con menos nacimientos. No es descabellado imaginar que veamos pronto el primer país “robot-nativo”, una sociedad que integre a los robots como parte cotidiana de su fuerza laboral debido a la necesidad demográfica y al avance tecnológico.

En lugar de alarmarnos, debemos encarar este cambio con una visión constructiva. La crisis de natalidad nos obliga a repensar el contrato social: si faltarán brazos jóvenes, los autómatas inteligentes deberán arrimar el hombro. La IA y la robótica, bien empleadas, pueden elevar la productividad, sostener el crecimiento económico y asegurar bienes y servicios para una población cada vez más longeva. En definitiva, ya no discutimos si la IA nos quitará el trabajo; más bien serán la IA y los robots quienes mantengan la economía en marcha y las pensiones pagándose.

Fuente: Infobae

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