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El hongo que amenaza a las especies e inicia un “apocalipsis zombi” en Australia

El hongo que amenaza a las especies e inicia un "apocalipsis zombi" en Australia

Mundo, 26 de ene 2026 (ATB Digital) .- Se estima que al menos 17 especies de plantas y árboles podrían desaparecer en cuanto mueran los pocos miembros que quedan.

El primer caso fuera de Sudamérica se detectó en Hawái en 2005. En 2007, las autoridades japonesas comenzaron a alertar que la epidemia había llegado a su archipiélago. China anunció en 2009 que su territorio había sido afectado y al gigante asiático le siguieron Australia (2010), Sudáfrica y Nueva Caledonia (2013), Indonesia y Singapur (2016) y Nueva Zelanda (2017). Lo terrible de esta enfermedad es que, cuando se detecta el primer caso es porque ya es tarde, el hongo, Austropuccinia psidii se ha expandido por los humedales y ha condenado a todo lo que ha tocado. Esta amenaza, que parece sacada de una película de terror es muy real, y está causando crisis ecológicas en dichos países porque afecta a uno de los pilares fundamentales de los ecosistemas: los árboles.

Cuando A. psidii infecta a un árbol o a una planta, sus hojas, así como otros tejidos, se tornan de tonos marrones y aparecen rugosidades, lo que le da el aspecto de unalámina de hierro oxidada. Es por ello por lo que en español conocemos a la enfermedad que provoca este hongo como roya, argeña, herrumbre o sarro, una forma muy visual de nombrar los síntomas.

Algunas plantas pueden vivir con ello, heridas, pero con energía suficiente para llevar a cabo su ciclo vital, mientras que para otras la infección es una sentencia de muerte. El crecimiento se detiene, la planta deja de crear flores, por tanto, no salen frutos y dejan de brotar nuevas plántulas. Se convierten en ‘árboles zombi’. Y así, los miembros que quedan vivos se convierten de golpe y porrazo en los últimos ejemplares de una especie condenada a desaparecer.

Por suerte, investigadores australianos ya se encuentran manos a la obra para tratar de parar al hongo y salvar a todas las especies que puedan, algunas de ellas recientemente descubiertas durante las labores de muestreo de las zonas afectadas por A. psidii. Es el caso de Rhodamnia zombi, un árbol denominado así porque sus miembros son especialmente sensibles a la enfermedad. La especie, identificada en 2020, ya ha perdido al 10 % de sus miembros, y las perspectivas no son muy halagüeñas. Pero en la actualidad se está llevando a cabo una operación de rescate para esta y otras 17 especies que se encuentran en grave peligro. Especies a las que los investigadores han clasificado en la ‘lista X’.

La historia está condenada a repetirse

Esta misma situación, pero por culpa del hongo Cryphonectrya parasítica, causó estragos el siglo pasado en los bosques de castaño americano (Castanea dentata). El hongo llegó al continente americano como polizón en las importaciones de castaño japonés (Castanea crenata), una especie que ha convivido con este parásito durante milenos, por lo que ha desarrollado resistencia a la enfermedad. Pero en cuanto se plantaron los primeros árboles, el hongo entró en contacto con el castaño indígena, que se encontraba completamente indefenso.

El resultado fue devastador, en apenas unas pocas décadas, la población que se contaba por millones fue reducida a unos pocos ejemplares en lugares muy concretos. Los troncos de los antiguos bosques de los Apalaches, aunque aparentemente muertos, todavía tratan de seguir brotando, pero en cuanto el árbol comienza a crecer, el hongo los infecta y los mata antes de que alcancen la madurez y, por tanto, no pueden reproducirse. En la actualidad, uno de los últimos reductos de estos árboles se encuentra en Michigan, donde sobreviven entre 600 y 800 árboles a los que les afectó una cepa menos virulenta del hongo.

La idea es que no suceda lo mismo con las especies australianas. Por ello, se ha creado todo un dispositivo con el que evitar cometer los errores del pasado y garantizar la supervivencia de las especies más vulnerables. Ahora bien, una cosa es plantear la idea, y otra muy distinta lograr llevarla a cabo.

Salvando los bosques australianos del hongo invasor

“Si los dejamos a su suerte, los árboles silvestres se convertirán en verdaderos muertos vivientes”. Sentencia el botánico y catedrático Rod Fenshan, de la Universidad de Queensland, “Ninguna de las especies de la ‘lista X’ parece tener resistencia al hongo de la roya y no se han detectado poblaciones silvestres que aún no estén infectadas”. Este hecho complica las tareas de recogida y salvación, ya que han de monitorizar constantemente la aparición de nuevos brotes de las plantas afectadas y recogerlas en el momento exacto en el que tienen suficiente fuerza como para poder crecer, pero el hongo todavía no ha podido afectar a sus tejidos.

“De momento, los especialistas de Lismore y Townsville han logrado cultivar plántulas que parecen prometedoras, pero no hay que bajar la guardia ni un segundo” explica Fenshan. Si logran que estos árboles crezcan, alguno de ellos podría desarrollar resistencia al hongo y, por tanto, podría ser reintroducido en el bosque para repoblarlos.

Además de estos árboles, los investigadores también creen que se puede aprender mucho de esta situación. “Es una oportunidad única para estudiar este proceso evolutivo que se ha repetido innumerables veces en la naturaleza a lo largo de milenios”, indica Fenshan. Los cuellos de botella son una fuerza mayor para los procesos evolutivos, por lo que estar observando uno puede ayudar a comprender cómo se han forjado los ecosistemas actuales y cómo podrían evolucionar en el futuro.

Pero también advierten que la desaparición de las 17 especies más vulnerables a A. psidii supondría un importante perjuicio a los ecosistemas endémicos, un daño que se sumaría a otros muchos que ya ha padecido el subcontinente. Según las estimaciones, además de los animales e insectos, al menos 12 especies de árboles australianos han desaparecido desde la colonización europea. Pero en este caso hay señales para creer en el optimismo ya que se ha actuado a tiempo para mitigar la catástrofe, indican los autores.

Fuente: The National Geographic España

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