Mundo, 31 de ene 2026 (ATB Digital).- La Gran Pirámide de Guiza es incuestionablemente antigua. Tan antigua que ya estaba en pie cuando muchas de las bases de la civilización –como la escritura o las ciudades– apenas llevaban unos pocos siglos desarrollándose. Y, sin embargo, para algunos investigadores, siempre podría serlo un poco más.
Ahora, un estudio preliminar ha vuelto a encender la polémica con una propuesta tan llamativa como controvertida: la pirámide de Keops podría ser decenas de miles de años más antigua de lo que sostiene la egiptología tradicional. Una hipótesis que, aunque inevitablemente capta la atención, ofrece también numerosos motivos para el escepticismo.
Para ponerlo en perspectiva, basta recordar una comparación popularizada por el medio científico IFL Science: Cleopatra vivió más cerca de la invención del iPhone que del momento en que se colocó el último bloque de la Gran Pirámide. Incluso dentro de la historia conocida, el monumento ya pertenece a un pasado extraordinariamente remoto.
REM: datación controvertida de la pirámide de Keops
La nueva controversia parte del trabajo del ingeniero italiano Alberto Donini, de la Universidad de Bolonia, quien presentó en enero de 2026 un artículo en el que propone el llamado Método de Erosión Relativa (REM), una técnica poco convencional para datar estructuras antiguas.
Según sus cálculos, los patrones de erosión observados en la base de la pirámide podrían apuntar a una fecha de construcción situada en el final del Paleolítico, en torno al 22.916 a. C., muy lejos de la cronología generalmente aceptada, que sitúa su edificación alrededor del 2560 a. C.
La premisa del estudio es tan simple como arriesgada: la piedra se erosiona con el paso del tiempo y, midiendo ese desgaste, sería posible estimar cuánto tiempo ha permanecido expuesta a los elementos. Donini aplicó esta lógica a doce puntos distintos de la base de la Gran Pirámide, en zonas donde todavía se conservan tramos del pavimento original.
Aquí entra en juego un dato histórico clave. Las piedras de revestimiento que cubrían originalmente la pirámide fueron retiradas hace unos 675 años, tras el gran terremoto de 1303 d. C. y durante el periodo mameluco, para ser reutilizadas en construcciones de El Cairo. Como expone La Brújula Verde, este episodio funcionaría como una suerte de “reloj natural”: algunas superficies de la base han estado expuestas durante milenios, mientras que otras lo han estado solo desde la retirada del revestimiento. Comparando los distintos grados de erosión entre unas y otras, sostiene, sería posible extrapolar la antigüedad de las zonas más desgastadas.
Resultados dispersos: entre 5.000 y 54.000 años de antigüedad
Los resultados individuales del análisis, sin embargo, muestran una dispersión extrema. Las estimaciones obtenidas van desde apenas 5.708 años hasta cifras que alcanzan los 54.000 años. Al promediar todas las mediciones, según se lee en el estudio, la media aritmética arroja una antigüedad de 24.916 años antes del presente, lo que situaría la construcción de la pirámide en torno al 22.916 a. C.
A partir de un análisis estadístico posterior, Donini calcula que existe un 68,2 % de probabilidad de que la pirámide se haya construido en algún momento entre el 8954 a. C. y el 36.878 a. C., un margen temporal extraordinariamente amplio.
El propio investigador reconoce numerosas fuentes de incertidumbre en su método. El clima del antiguo Egipto era más húmedo que el actual, lo que pudo acelerar la erosión en épocas remotas. En sentido contrario, factores modernos como la contaminación atmosférica o el turismo masivo –con miles de visitantes diarios– podrían haber intensificado el desgaste en los últimos siglos.
A ello se suma otro elemento difícil de cuantificar: la arena del desierto pudo cubrir y proteger periódicamente algunas superficies de piedra, alterando los patrones de erosión a lo largo de milenios, de forma similar a lo que ocurrió con la Esfinge.
“Considero que los resultados calculados solo son indicativos del orden de magnitud del período de construcción, y no de una fecha precisa”, admite Donini, quien subraya que las múltiples variables del método pueden generar desviaciones importantes al alza o a la baja en algunas estimaciones.
Si estos hallazgos se confirmaran, sus implicaciones serían profundas. Según esta interpretación, el faraón Keops no habría construido la pirámide, sino que se habría limitado a restaurarla y adjudicarse su autoría. En su interpretación más extrema, Donini llega a sugerir la posible existencia de una civilización previa, tecnológicamente capaz de levantar al menos la Gran Pirámide, hacia el 20.000 a. C., miles de años antes del surgimiento de la civilización egipcia conocida.
El peso de la cronología establecida
A pesar de lo significativo que sería un cambio de tal magnitud, las propuestas que alteran de forma drástica la cronología tradicional de la Gran Pirámide deben evaluarse con cautela dentro de la egiptología, una disciplina que se apoya en un marco cronológico construido a lo largo de décadas de investigación acumulada.
Así, en ese marco, la mayoría de los especialistas sitúa la construcción del monumento en torno al 2560 a. C., durante la IV dinastía del Imperio Antiguo.
Esta datación no descansa en una única línea de evidencia, sino en un conjunto coherente y convergente de indicios. Entre ellos se incluyen cerámicas características de la IV dinastía halladas en el complejo de Guiza, herramientas de construcción, inscripciones contemporáneas y análisis de radiocarbono realizados sobre materiales orgánicos –como semillas y restos vegetales– procedentes de contextos arqueológicos bien documentados.
“Principalmente, datamos las pirámides según su posición en el desarrollo de la arquitectura y la cultura material egipcias a lo largo de un amplio periodo de unos 3.000 años”, explicaba el arqueólogo Mark Lehner en declaraciones a PBS, recogidas por IFL Science. “No estamos trabajando con un punto de apoyo factual concreto en Giza propiamente dicho. Estamos tratando básicamente con la totalidad de la egiptología y la arqueología egipcia”, añadía.
Una perspectiva similar ha defendido el especialista en datación por radiocarbono Thomas Higham, quien ha subrayado en distintas ocasiones que la solidez de las fechas aceptadas se apoya en la convergencia de múltiples análisis independientes. Según explicó a la BBC, muestras procedentes de contextos bien conocidos –como la tumba de Tutankamón o la pirámide escalonada de Saqqara– apuntan de forma consistente al mismo horizonte temporal, reforzando la estabilidad del marco histórico establecido.
Un “informe preliminar”
Por ahora, la Gran Pirámide de Guiza permanece firmemente anclada en el siglo XXVI a. C., durante la IV dinastía del Imperio Antiguo, tal como sostiene el consenso arqueológico. Sin embargo, el estudio de Donini –que aún no ha pasado por el proceso de revisión por pares– ha vuelto a colocar el foco sobre uno de los monumentos más emblemáticos de la historia humana, reavivando un debate que, dentro del ámbito académico, se consideraba ampliamente estabilizado.
No obstante, aun cuando sus conclusiones resultan extraordinarias, el propio autor insiste en la cautela. Se trata, subraya, de un “informe preliminar” que requiere mediciones adicionales, refinamiento metodológico y, sobre todo, verificación independiente antes de que sus implicaciones puedan evaluarse con rigor.
Así, mientras se aguardan nuevos estudios que confirmen –o desmonten– las propuestas del Método de Erosión Relativa, la Gran Pirámide sigue recordando que incluso los monumentos más estudiados del mundo antiguo aún son capaces de suscitar grandes interrogantes.
Fuente: DW
