Mundo, 9 de feb 2026 (ATB Digital) .- Una expedición científica recorre toda la plataforma continental argentina y descubre una biodiversidad inesperada, incluyendo la mayor barrera de coral Bathelia candida jamás registrada y la esquiva medusa fantasma gigante.
En el corazón de las profundidades abisales del Atlántico Sur, la vida florece en formas tan extrañas como asombrosas. Y lo que durante mucho tiempo se pensó que era una suerte de páramo biológico ha resultado ser un tesoro oculto de biodiversidad.
Una reciente expedición liderada por científicos argentinos, a bordo del buque R/V Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute, ha arrojado nueva luz sobre los insondables misterios del mar profundo frente a las costas argentinas, desde Buenos Aires hasta Tierra del Fuego.
Durante semanas de exploración continua, el equipo de investigadores descubrió lo que hoy se reconoce como la mayor barrera de coral Bathelia candida conocida en los océanos del planeta. Además, documentaron entornos químicos ricos conocidos como cold seeps, y avistaron una criatura casi mítica: la medusa fantasma gigante, un ser etéreo de proporciones colosales que parece sacado de un sueño abisal.
“Lo que vimos superó todas nuestras expectativas”, afirmó la doctora María Emilia Bravo, jefa científica de la expedición y miembro de la Universidad de Buenos Aires y CONICET. “Esperábamos encontrar vida, sí, pero no esta sinfonía de interacciones ecológicas, de formas nuevas, de redes ocultas que sostienen estos ecosistemas. Es como si hubiéramos abierto una ventana al alma misma del océano argentino”.
Stygiomedusa gigantea
Uno de los momentos más impactantes del viaje ocurrió cuando el equipo observó a la gigantesca medusa fantasma (Stygiomedusa gigantea) desplazarse lentamente a unos 250 metros de profundidad.
La criatura tenía casi diez metros de largo. A diferencia de otras medusas, no tiene tentáculos urticantes: utiliza brazos similares a cintas para atrapar presas como pequeños peces o plancton. Desde su primer registro en 1899, esta especie ha sido vista apenas unas 120 veces.
Este hallazgo fue posible gracias al vehículo operado remotamente SuBastian, un sofisticado ROV que permite observar la vida en la zona mesopelágica y abisal del océano. Equipado con cámaras de alta definición y brazos robóticos, SuBastian se convirtió en los ojos del equipo, revelando un ecosistema que nunca antes había sido observado tan de cerca.
Cold seeps
Además de la medusa, los científicos hallaron un ecosistema entero alrededor de un rezumadero frío (cold seeps), que son áreas en el fondo marino donde hidrocarburos, principalmente metano y sulfuro de hidrógeno, se filtran lentamente a través de sedimentos, no a altas temperaturas, sino a temperatura ambiente.
En estos manantiales químicos submarinos, el metano y el sulfuro de hidrógeno alimentan comunidades microbianas que forman la base de redes alimentarias únicas. Estos enclaves, aún poco comprendidos, podrían ofrecer pistas cruciales sobre el origen de la vida en la Tierra y, quizá, en otros mundos.
Esqueleto de ballena
A más de 3.900 metros de profundidad, el equipo también encontró un fenómeno raro: un esqueleto de ballena en descomposición, lo que representa el primer “whale fall” documentado en aguas profundas argentinas.
Un “whale fall” (caída de ballena) ocurre cuando el cadáver de una ballena cae al fondo marino a una profundidad mayor a 1000 metrod. En el fondo marino, estos cadáveres pueden crear reducidos ecosistemas complejos que dan sustento a organismos del océano profundo durante décadas.
Pero quizá el resultado más significativo de la expedición haya sido el registro de 28 especies potencialmente nuevas. Entre ellas, gusanos segmentados, corales suaves, anémonas de mar, caracoles abisales y erizos aún sin clasificar. Estas criaturas, que habitan en condiciones de presión extrema y oscuridad total, podrían reconfigurar lo que entendemos sobre los límites de la vida.
Con la ayuda de tecnologías avanzadas y una colaboración internacional sin precedentes, Argentina se sitúa ahora como un nuevo epicentro de exploración marina profunda. Los científicos planean seguir investigando estas áreas, no solo por su valor científico, sino también por su importancia para la conservación de ecosistemas únicos amenazados por la minería submarina y el cambio climático.
Fuente: The National Geographic España
