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De la prevención a la cirugía: claves médicas para entender y manejar los tres tipos de dolor de espalda

Mundo, 22 de feb 2026 (ATB Digital).- El dolor de espalda es una de las molestias más frecuentes de la vida adulta. Jornadas extensas frente a pantallas, horas en el escritorio y tareas cotidianas imponen una exigencia constante sobre la columna vertebral, lo que transforma la incomodidad en una experiencia repetida y cotidiana para millones de personas.

Un informe reciente de la publicación especializada Men’s Health advirtió que la estructura lumbar arrastra una desventaja evolutiva. Ameet Nagpal, jefe de medicina física y rehabilitación de la Universidad Médica de Carolina del Sur, explicó: “Evolutivamente, estamos a un paso de ser animales de cuatro patas”.

Esta afirmación resume una realidad anatómica: la zona baja de la espalda no se adaptó con la suficiente rapidez a la postura erguida ni al sedentarismo prolongado. Se estima que alrededor del 60% de los adultos experimenta dolor lumbar en algún momento de su vida.

Por qué la espalda sufre en la vida moderna

La columna protege la médula espinal y sostiene el cuerpo en posición vertical. Está compuesta por vértebras, discos cartilaginosos y una red de músculos y nervios. Cuando uno de estos componentes pierde estabilidad o se sobrecarga, aparece el dolor.

El estilo de vida actual incrementa la presión sobre la región lumbar: permanecer sentado durante largas horas debilita la musculatura de sostén. A su vez, ciertos movimientos combinados, como flexionar, levantar peso y girar al mismo tiempo, generan una tensión significativa en los segmentos inferiores de la espalda. Los especialistas en columna consideran esa secuencia como una de las más riesgosas en la rutina diaria.

Prevención: movimiento y control del peso

La estrategia principal para reducir el riesgo es fortalecer los músculos estabilizadores. El ejercicio regular no solo mejora la resistencia de la musculatura profunda, también produce un efecto antiinflamatorio beneficioso.

Entre las prácticas recomendadas, figuran movimientos básicos como el bird-dog y el dead bug, orientados a reforzar el soporte espinal sin sobrecargar la zona lumbar. Además, la reducción de peso corporal en personas con sobrepeso disminuye la presión mecánica sobre la columna.

La constancia en la actividad física es fundamental para la prevención. Incluso rutinas sencillas, sostenidas en el tiempo, aportan estabilidad y reducen episodios de rigidez.

Manejo del dolor: medicamentos e intervenciones mínimamente invasivas

Cuando la molestia aparece, el tratamiento farmacológico es una de las primeras opciones. El informe descarta el uso de opioides como alternativa principal.

La Dra. Stephanie Van, especializada en medicina intervencionista del dolor y musculoesquelética de Johns Hopkins Medicine, afirmó que estos medicamentos solo ofrecen un alivio temporal. Además, subrayó que estos fármacos no actúan fundamentalmente como antiinflamatorios y presenta riesgo de adicción.

En su lugar, se recomiendan antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como ibuprofeno o naproxeno, además de geles tópicos con diclofenaco. Para el dolor de origen nervioso, la lidocaína en crema se utiliza como anestésico local.

En cuadros específicos, el médico puede indicar relajantes musculares o medicamentos dirigidos al sistema nervioso, como gabapentina o pregabalina.

Las inyecciones en puntos gatillo representan otra herramienta terapéutica. Estas aplicaciones combinan anestésicos o antiinflamatorios para relajar músculos tensos y cortar el ciclo de dolor durante varias semanas. El procedimiento requiere evaluación médica previa.

En situaciones de dolor irradiado o persistente, se emplean inyecciones espinales. Los esteroides epidurales pueden brindar alivio durante aproximadamente tres meses en casos de compromiso nervioso.

Para molestias vinculadas a las articulaciones intervertebrales, los bloqueos facetarios inmovilizan los nervios responsables del dolor. Si la respuesta es favorable, la ablación por radiofrecuencia prolonga el efecto durante seis meses o más.

Los tres tipos principales de dolor de espalda

La clasificación médica distingue tres grandes categorías, cada una con características propias.

1. Dolor muscular

Surge cuando los músculos que conectan la columna con el resto del esqueleto presentan debilidad, desequilibrio o sobrecarga. Se manifiesta con rigidez, sensibilidad y, en ocasiones, espasmos. Actividades intensas realizadas sin preparación adecuada suelen desencadenarlo.

2. Dolor articular

Se percibe en un plano más profundo y tiende a intensificarse tras permanecer mucho tiempo en la misma posición. La causa más habitual es la osteoartritis, vinculada al desgaste del cartílago entre vértebras. La pérdida de amortiguación altera la movilidad y genera inflamación.

3. Dolor nervioso

Aparece cuando una estructura, como una hernia discal, ejerce presión sobre un nervio. La Dra. Van explicó que se siente “como una sensación de ardor o un hormigueo eléctrico”. Cuando este cuadro se acompaña de entumecimiento, debilidad en las piernas o incontinencia, se requiere atención médica urgente para evitar daño permanente.

Cirugía: una indicación poco frecuente

La intervención quirúrgica es poco frecuente dentro del tratamiento global. Frank Cammisa, cirujano de columna de Hospital for Special Surgery, referencia internacional en ortopedia, sostuvo en diálogo con Men’s Health que en el pasado la cirugía probablemente se indicaba en exceso. En la actualidad, alrededor del 10% de las personas con dolor de espalda necesita este recurso.

El aspecto de las imágenes diagnósticas no siempre coincide con la intensidad de los síntomas. Existen pacientes con discos abultados sin dolor y otros con estudios menos llamativos que refieren molestias persistentes. La evaluación clínica integral orienta la decisión terapéutica y determina cuándo la cirugía resulta necesaria.

Fuente: Infobae

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