La Paz, 24 de feb 2026 (ATB Digital).- El comercio electrónico en Bolivia atraviesa un proceso evolutivo. Aunque registró un crecimiento acelerado durante la pandemia, su consolidación enfrenta aún desafíos estructurales que impiden que el país alcance el ritmo de otros mercados de la región.
Alejandro Soruco, director de la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) sede La Paz, explica que el auge digital vivido en los años de confinamiento respondió más a una necesidad coyuntural que a una transformación estructural del mercado.
“Durante la pandemia todos nos vimos forzados a mantenernos conectados pese a las distancias. Eso generó una oportunidad para aplicaciones y plataformas que facilitaron el intercambio de bienes y servicios”, señala. Sin embargo, superada la emergencia sanitaria, el crecimiento no logró consolidarse al mismo ritmo.
Uno de los principales factores que frenan el desarrollo del comercio electrónico en Bolivia es la ausencia de una legislación específica que regule este tipo de transacciones. Actualmente, muchas empresas operan bajo el Código de Comercio general, lo que deja vacíos en materia de protección al consumidor y reglas claras para las partes involucradas.
“Actualmente no hay una legislación oficial que regule el comercio electrónico en Bolivia. Muchas empresas que ya trabajan con diferentes hermenéuticas de comercio electrónico bajo el Código de Comercio General, pero éste tiene sus vacíos, tiene sus limitaciones y no tiene las reglas claras, principalmente para el usuario final”, sostiene Soruco.
A esta limitación normativa se suma una barrera cultural. Según el académico, persiste una desconfianza significativa en el uso de herramientas digitales, especialmente en lo relacionado con pagos en línea y el ingreso de datos personales en plataformas.
El uso del código QR ha contribuido a reducir parte de esa resistencia, convirtiéndose en un recurso confiable para muchos consumidores. No obstante, el temor a compartir información financiera en páginas web o aplicaciones sigue siendo un freno importante.
“Todavía hay mucha susceptibilidad y esa es la parte cultural que tenemos que se tiene que trabajar porque hay muchas personas que ya compran por internet, pero compran porque no les queda otra opción, por ejemplo, en el extranjero, y tienen que confiar. Entonces hay que fomentar que las personas tengan esa cultura de uso a nivel local, con empresas locales”, explica.
Sin embargo, el problema no se limita al ámbito normativo o cultural. La infraestructura también representa un obstáculo. La identificación imprecisa de direcciones, las limitaciones del sistema postal y las deficiencias logísticas complican la distribución eficiente de productos, afectando la experiencia del consumidor.
Falta de estrategia
En paralelo, muchos emprendimientos que incursionan en ventas online cometen errores estratégicos que limitan su crecimiento. Vender sin planificación, sin métricas y sin una estructura clara impide aprovechar el verdadero potencial de las plataformas digitales.
“Todo lo que no se mide no se puede mejorar. Muchas personas están vendiendo en modo sobrevivencia, sin utilizar herramientas de análisis que las propias plataformas ofrecen”, afirma el director.
Pese a estos desafíos, el comercio electrónico representa una oportunidad significativa para el empleo juvenil y el emprendimiento. Más allá del intercambio físico de productos, el ecosistema digital incluye creación de contenido, productos digitales, servicios especializados y nuevas formas de generación de ingresos.
Desde la academia, la formación estratégica cobra un papel clave. En la carrera de Ingeniería Comercial de Unifranz, los estudiantes que optan por la mención en e-commerce reciben formación especializada en marketing digital, desarrollo de productos digitales y plataformas no-code, que permiten validar ideas de negocio sin necesidad de programación avanzada.
“A partir del sexto semestre, nuestros estudiantes que escogen la mención de e-commerce tienen formación en seis materias de especialidad, trabajan directamente con especialistas, principalmente en la creación y desarrollo de plataformas digitales, conocen lo que es el marketing digital, la creación y el desarrollo de productos digitales”, señala el académico.
Bajo el modelo de “aprender haciendo”, los estudiantes trabajan con empresas reales, desarrollando soluciones integrales. Casos recientes muestran cómo propuestas estratégicas, como la implementación de sistemas de gestión y optimización de procesos, han permitido a pequeñas empresas mejorar su organización y aumentar sus ingresos en pocos meses.
“La ventaja de un estudiante que estudia en Unifranz es la estrategia. Sin ánimo de menospreciar a quien se forma de manera empírica, el hecho de que te formes con una estructura, con la práctica real, con empresas reales, hace que generes un pensamiento estratégico y crítico”, añade Soruco.
El modelo “Aprender Haciendo” de Unifranz es una metodología educativa centrada en la experiencia práctica y la resolución de problemas reales, que conecta a los estudiantes con el mundo profesional desde el inicio de sus carreras. Esto les permite desarrollar habilidades clave y aumentar su empleabilidad.
“Aprender haciendo permite que los estudiantes desarrollen competencias reales y rasgos de nuestro modelo de persona desde el inicio de su formación. En Unifranz, no solo transferimos conocimientos, sino que desafiamos a nuestros estudiantes a aplicar lo aprendido en contextos prácticos, con proyectos, simulaciones, desafíos empresariales y experiencias colaborativas, sin perder el enfoque de una formación integral que trasciende lo técnico”, destaca Gustavo Montaño, vicerrector Académico Nacional de Unifranz.
Para Soruco, el desafío del comercio electrónico en Bolivia no es tecnológico, sino estructural y cultural. Con una legislación clara, una mayor educación financiera digital y estrategias empresariales basadas en datos, el país podría convertir su etapa formativa en una fase de consolidación y crecimiento sostenible.
Fuente: Unifranz
