Mundo, 28 de ene 2026 (ATB Digital) .- Una innovadora terapia basada en células madre logra absorber señales de dolor antes de que lleguen al cerebro y, como efecto colateral sorprendente, también repara huesos y cartílago en modelos animales.
Imagen microscópica de neuronas sensoriales derivadas de células madre pluripotentes. Estas células constituyen el núcleo de una nueva “esponja del dolor”, diseñada para interceptar señales inflamatorias antes de que desencadenen una respuesta dolorosa.
Un equipo de investigadores ha desarrollado una especie de “esponja biológica” que no solo podría atrapar las señales del dolor antes de que lleguen al cerebro, sino que también ofrece la posibilidad de regenerar tejidos dañados por enfermedades como la artrosis. Este avance, aún en fase experimental, representa una alternativa radical frente al uso tradicional de analgésicos y opioides.
La terapia (denominada SN101) utiliza neuronas sensoriales especializadas derivadas de células madre pluripotentes humanas (hPSC), capaces de transformarse en casi cualquier tipo celular del organismo. Estas neuronas, diseñadas en laboratorio, fueron inyectadas en las rodillas artríticas de ratones de laboratorio, donde actuaron como una red de interceptores que capturaban señales inflamatorias y dolorosas, impidiendo que fueran percibidas por el sistema nervioso central.
Este enfoque no solo logró aliviar el dolor de manera efectiva en los animales, sino que también mostró un efecto inesperado: la promoción de la reparación ósea y del cartílago en las articulaciones dañadas. Los resultados, publicados en diciembre de 2025 en bioRxiv, han despertado entusiasmo y cautela entre expertos del campo. “La posibilidad de una terapia que alivie el dolor y a la vez desacelere la degeneración articular resulta especialmente atractiva en el tratamiento de la artrosis”, ha señalado Chuan-Ju Liu, profesor de ortopedia en Yale, quien no participó en el estudio.
Cómo funciona
El mecanismo detrás de SN101 es, en cierto sentido, una sinfonía biotecnológica. En lugar de eliminar o reemplazar las neuronas que transmiten el dolor, los científicos inyectan neuronas modificadas que coexisten con las células originales, funcionando como señuelos biológicos. Estas neuronas se unen a los factores inflamatorios antes de que puedan activar las vías dolorosas tradicionales. De esta forma, se intercepta el dolor antes de que siquiera tenga oportunidad de convertirse en una percepción consciente.
A diferencia de los opioides, que actúan en el cerebro bloqueando temporalmente la percepción del dolor, SN101 ataca el problema desde su origen. La degeneración articular propia de la artrosis (caracterizada por dolor persistente, rigidez, inflamación y pérdida de función) no tiene cura actualmente. El tratamiento se limita a fisioterapia, analgésicos tópicos o sistémicos, y en casos graves, cirugía. En este contexto, una terapia celular que ofrezca tanto alivio como regeneración constituye un giro esperanzador.
Implicaciones futuras
Daniel Saragnese, cofundador de SereNeuro Therapeutics (la empresa detrás de SN101), sugiere que esta técnica podría aplicarse en un futuro a otras formas de dolor crónico, aunque de momento solo se ha probado en modelos de artrosis. La naturaleza compleja del dolor, especialmente cuando se vuelve crónico, requiere estrategias igualmente sofisticadas. Aquí es donde SN101 podría marcar la diferencia: al usar células vivas que expresan múltiples receptores naturales del dolor, el tratamiento ofrece una respuesta más sintonizada con la biología humana que las moléculas sintéticas.
A pesar del entusiasmo, los expertos advierten que esta innovación se encuentra todavía en una fase muy temprana. Antes de poder imaginar su uso en humanos, será necesario superar múltiples obstáculos: estudios de toxicología, pruebas de seguridad a largo plazo y ensayos clínicos que validen su eficacia en pacientes. Entre las principales incertidumbres, destaca la inmunogenicidad del tratamiento (es decir, si el cuerpo humano podría rechazar o reaccionar adversamente ante estas células modificadas) y las diferencias anatómicas y fisiológicas entre articulaciones humanas y de ratones.
También existe la posibilidad de que las interacciones entre el sistema inmunitario y neuronal (fundamentales para la modulación del dolor) se comporten de forma distinta entre especies. Por ello, aunque los resultados preliminares son prometedores, será necesario replicarlos en humanos para confirmar su viabilidad. La ciencia avanza, sí, pero aún queda camino por recorrer. Sin embargo, más allá de las limitaciones y desafíos técnicos, SN101 simboliza algo más grande: una nueva visión sobre cómo tratar el dolor, no como un enemigo que se combate con armas químicas, sino como un desequilibrio que puede corregirse con inteligencia biológica.
Fuente: The National Geographic España
