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Muñecos de nueve en el universo: revelan por qué el surgir de estas reliquias y su relación con la gravedad

Muñecos de nueve en el universo: revelan por qué el surgir de estas reliquias y su relación con la gravedad

Mundo, 23 de feb 2026 (ATB Digital) .- Simulaciones computacionales revelan que la gravedad basta para esculpir los enigmáticos binarios de contacto del Cinturón de Kuiper.

Esta imagen fue tomada por la sonda New Horizons de la NASA el 1 de enero de 2019 durante un sobrevuelo del objeto 2014 MU69 del cinturón de Kuiper, conocido como Arrokoth. 

En los confines helados del sistema solar, flotan extrañas reliquias con forma de muñeco de nieve. Dos lóbulos redondeados, unidos con delicadeza, como si el cosmos hubiese jugado a modelar figuras en la nieve primordial. Durante años, estos cuerpos desconcertaron a los astrónomos y alimentaron un debate tan frío y denso como el entorno que habitan.

Ahora, un nuevo estudio ofrece una respuesta elegante y sorprendentemente simple: la gravedad, actuando sobre nubes de diminutos fragmentos, sería suficiente para explicar su formación. Lejos de colisiones violentas o fusiones caóticas, estos objetos podrían haber nacido en un ambiente sereno, como esculturas moldeadas por el colapso pausado de una nube de “guijarros” cósmicos.

El Cinturón de Kuiper

Más allá del cinturón de asteroides, tras la órbita de Neptuno, se extiende el Cinturón de Kuiper, una vasta región poblada por planetesimales: bloques helados que han permanecido casi intactos desde el amanecer del sistema solar. Entre ellos destaca (486958) Arrokoth, el ejemplo más célebre de binario de contacto, fotografiado en 2019 por la misión New Horizons de la NASA. 

Los análisis de Arrokoth revelaron que ambos lóbulos presentan proporciones similares de compuestos altamente volátiles y muy pocos cráteres, lo que sugiere que se formaron en un entorno homogéneo y poco turbulento. Es decir, no parecen el resultado de un choque violento, sino de un proceso suave y coordinado. Aproximadamente uno de cada diez objetos del Cinturón de Kuiper comparte esta morfología bilobulada, lo que indica que su origen no puede ser un fenómeno raro o excepcional.

Hipótesis

Durante años se barajaron varias hipótesis. Una de ellas proponía que dos planetesimales independientes se formaban por separado, quedaban gravitacionalmente ligados y, tras una larga evolución orbital perturbada por factores externos, terminaban tocándose hasta fusionarse. Sin embargo, demostrar este escenario resultaba complejo y no explicaba del todo la uniformidad química observada en algunos casos.

El nuevo trabajo, publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society aporta un enfoque distinto. Investigadores de la Universidad Estatal de Michigan emplearon un método de simulación conocido como soft-sphere discrete element method (SSDEM). 

A diferencia de modelos anteriores, que trataban a los objetos en colisión como si fueran gotas líquidas que se funden en esferas perfectas, este sistema permite que las partículas mantengan su resistencia y se apoyen unas sobre otras, penetrando ligeramente sus superficies de forma realista.

Las simulaciones muestran que, cuando una nube de pequeños fragmentos rocosos y helados colapsa bajo su propia gravedad dentro del disco protoplanetario, puede fragmentarse en dos concentraciones principales. Estas masas, ligadas gravitacionalmente, comienzan a orbitarse. Con el tiempo, sus trayectorias se reducen en espiral hasta que ambos cuerpos entran en contacto suave, preservando sus formas redondeadas y dando lugar a un binario de contacto estable.

Este resultado refuerza la idea de que objetos como Arrokoth no son el producto de encuentros fortuitos a lo largo de millones de años, sino auténticos fósiles de la etapa de formación planetaria. Sus superficies, apenas marcadas por impactos, actúan como cápsulas del tiempo que registran las condiciones físicas del disco protoplanetario original.

Además, el hecho de que cerca del 10% de los planetesimales del Cinturón de Kuiper presenten esta forma sugiere que el colapso gravitatorio de nubes de “guijarros” fue un mecanismo común en la génesis del sistema solar exterior. Como copos de nieve que se agrupan hasta formar una esfera compacta, estas partículas primordiales habrían dado lugar a estructuras dobles con naturalidad, sin necesidad de eventos catastróficos.

Así, lo que durante años fue un misterio con apariencia casi infantil (esas siluetas que evocan muñecos de nieve flotando en la negrura) se revela como la consecuencia lógica de leyes físicas simples actuando con paciencia cósmica. En el silencio gélido del Cinturón de Kuiper, la gravedad escribió su firma en forma de dos lóbulos abrazados. Y en esas formas humildes y redondeadas, el universo conserva todavía la memoria de su propia infancia.

Fuente: The National Geographic España

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