Mundo, 16 abr 2026 (ATB Digital).- Una enorme torre solar en el desierto marroquí es el faro de un ambicioso impulso hacia un futuro de energía limpia. Pero los combustibles fósiles y las limitaciones de la red se interponen en el camino.
La ciudad marroquí de Ouarzazate, a unos 200 km al sureste de Marrakech, se encuentra al borde del Sahara y es conocida como la “puerta al desierto”. Allí están los estudios Atlas Film Studios, donde se han rodado superproducciones como “La Momia”, “Gladiador” o “Juego de Tronos”. Pero ahora está tomando forma una nueva industria.
Cerca de la ciudad, situada en una meseta elevada rodeada por las montañas del Atlas, se está construyendo una de las mayores centrales de energía solar del mundo. Se llama Noor, que significa “luz” en árabe. Con una extensión de casi 500 hectáreas, la atípica instalación solar produce suficiente energía para abastecer a más de un millón de hogares.
Los combustibles fósiles siguen dominando el mix energético
En lugar de los habituales paneles fotovoltaicos negros, Noor utiliza energía solar concentrada. Un campo de dos millones de espejos gigantes refleja los rayos del sol en un receptor central situado en la cima de una torre de 247 metros de altura. La luz solar concentrada funde las sales a 600 grados Celsius. Estas calientan agua, produciendo vapor, que hace girar unas turbinas de generación eléctrica. Incluso cuando ya se ha ido el sol.
Sin embargo, en Ouarzazate la electricidad sigue siendo cara. La mayoría de los hogares no dependen de la energía solar, sino del gas butano. ¿Por qué no ha llegado la energía limpia a la comunidad local?
Por un lado, la fuerte dependencia del país de los combustibles fósiles, y especialmente de la generación de energía a partir de carbón, ha ralentizado la transición energética en Marruecos, según Intissar Fakir, investigadora principal y directora fundadora del programa del Norte deÁfrica y el Sahel en el Middle East Institute de Washington D.C.
“Solo la electricidad generada por combustibles fósiles contribuye con aproximadamente el 48 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía del país”, afirma.
Los marroquíes, con unos ingresos medios de 550 dólares, gastan en electricidad unos 110 dólares (94 €). Es un país caluroso y seco, donde abundan el aire acondicionado y los ventiladores. En verano Ouarzazate suele superar los 40 grados Celsius, y el número de días y noches calurosas casi se ha duplicado en la región desde los años 70.
Marruecos no tiene yacimientos, por lo que importa alrededor del 90 por ciento de su carbón, petróleo y gas, explica Fakir. Por eso es cara la energía. Las fluctuaciones en los precios hacen que las importaciones de combustibles fósiles consuman una parte importante del presupuesto nacional, haciendo más acuciante la transición verde.
Limitaciones en la red eléctrica retrasan la transición energética
Marruecos ha avanzado más en renovables, no obstante, que la mayoría de los países del norte de África. “Incluso para estándares globales, el plan de transición de Marruecos es bastante ambicioso”, opina el experto marroquí en política energética. Para 2030, el país prevé que el 52 por ciento de su consumo eléctrico provenga de fuentes renovables. Y un 70 por ciento en 2050, prescindiendo del carbón desde 2040. Teniendo en cuenta que Marruecos tiene mucho sol y viento costero, las condiciones parecen adecuadas.
La central solar de Noor puede ser el faro de Marruecos hacia las renovables, pero es solo uno de unas dos docenas de megaproyectos solares, eólicos e hidroeléctricos ya construidos. Y hay varias docenas más en proceso. Pero queda mucho por hacer.
“Marruecos aún necesita invertir en su capacidad de red para poder integrar más de estas energías renovables en el uso diario”, afirma Fakir. Esto incluye la inversión en formas de almacenar energía. Ella afirma que también se necesita más inversión si el país quiere alcanzar su objetivo de vender su energía limpia en el extranjero, especialmente a Europa.
“Aunque los paneles solares y los aerogeneradores se abaraten, construir sistemas de energía limpia a gran escala como Noor sigue requiriendo una inversión inicial seria para los países de bajos ingresos”, explicó.
¿Son los megaproyectos el camino a seguir?
Proyectos como Noor también tienen sus detractores. Por un lado, la energía solar concentrada consume mucha agua. Para limpiar sus miles de espejos se necesita el equivalente para llenar 1.200 piscinas olímpicas. Los vecinos también están divididos. Imrane, un residente de 83 años, dice que la electricidad sigue siendo muy cara en el pueblo y asegura que han subido las temperaturas con las nuevas instalaciones.
Fakir afirma que, a pesar del coste, el proyecto solar Noor fue un experimento. “Estos son grandes proyectos emblemáticos que demuestran el alcance de las capacidades técnicas de Marruecos”, afirma. “Pero también vuelven a poner de relieve el desafío de que, incluso con estas enormes inversiones, las renovables siguen luchando por desplazar a la consolidada generación de carbón y combustibles fósiles”.
Fuente: DW
