Mundo, 28 abr 2026 (ATB Media).- La propia masa de la Vía Láctea oscurece una amplio región del espacio. En ella se encuentra el segundo mayor supercúmulo de galaxias conocido.
La Zona de Evitación es una sección del espacio profundo que la Vía Láctea oscurece por completo. Por ello, a pesar de su relativa proximidad en términos cosmológicos, documentarla ha sido un desafío histórico al que se han enfrentado innumerables astrónomos. Y es que la densidad de la materia de nuestro vecindario galáctico ha impedido una y otra vez determinar el tamaño real del enjambre de galaxias que allí hay presentes. Hasta ahora.
Un equipo internacional de astrónomos ha conseguido por fin cartografiar el supercúmulo de Vela, una de las estructuras más masivas del universo conocido y que, sorprendentemente, permanecía oculta a solo 800 millones de años luz de la Tierra. Decimos solo porque el radio del universo observable es de 46.500 millones de años luz, lo que equivaldría a unas 450.000 Vía Lácteas puestas en fila. Los resultados de su investigación se encuentran disponibles en el servidor de preimpresión arXiv.
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Los investigadores han bautizado a esta estructura como Vela-Banzi, término que, en lengua xhosa, viene a significar “revelando ampliamente”. La doctora Renée Kraan-Korteweg, de la Universidad de Ciudad del Cabo, afirmó acerca del descubrimiento que “podemos confirmar que el supercúmulo es una estructura coherente a gran escala, comparable en tamaño y masa a algunos de los supercúmulos más grandes y conocidos del universo local”.
Las dimensiones del supercúmulo
El mapa recientemente elaborado muestra que esta estructura posee unos 300 millones de años luz de diámetro, lo que supone ser unas 3.000 veces más ancha que nuestra galaxia. Se estima que Vela-Banzi alberga una cantidad de materia equivalente a unos 30.000 billones de soles, distribuidos principalmente en dos grandes núcleos que ejercen una poderosa atracción gravitatoria mutua.
Con estas dimensiones, el objeto supera en masa a Laniākea, el supercúmulo que contiene a la Tierra, y se posiciona como el segundo más grande tras el de Shapley. Para lograr esta medición sin precedentes, los científicos emplearon el telescopio MeerKAT en Sudáfrica, un instrumento capaz de detectar radiación infrarroja proveniente del hidrógeno gaseoso. Este método permitió traspasar la barrera de polvo de la Vía Láctea, sumando unas 2.000 nuevas mediciones a una base de datos global de 65.000 registros de distancias galácticas.
Por qué es importante
La identificación de estos muros galácticos es fundamental para que los expertos puedan validar los modelos actuales que explican la evolución del cosmos. Conocer con precisión la velocidad y el volumen de estas masas permite ajustar las teorías sobre la expansión del universo. No obstante, quizá parte de la estructura nunca sea visible debido a que no todas las galaxias contienen suficiente hidrógeno para ser detectadas.
Kraan-Korteweg enfatizó la relevancia técnica de los datos obtenidos en esta investigación al afirmar que: “Para entender lo uno, necesitamos saber lo otro. Y si tenemos ambos, seremos capaces de comprobar si podemos reconciliar estas observaciones con los modelos del universo“.
Fuente: The National Geographic España
