Las industrias oleaginosas lideran las exportaciones no tradicionales

Las industrias oleaginosas lideran las exportaciones no tradicionales

La Paz, 22 julio 2022 (ATB Digital).- En las industrias oleaginosas está sintetizado el esfuerzo de todo un país por salir adelante, de campesinos productores de la materia prima, importadores de maquinaria, casas comerciales de insumos para el agro, transportistas, un cúmulo de profesionales de todas las áreas, etcétera. La Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (Caniob) aglutina a las empresas productoras de aceites y harinas de granos como la soya y el girasol. Constituyen el encadenamiento exportador no tradicional más grande del país. Es el rostro industrial de la Bolivia que emerge a partir de la segunda mitad del siglo XX y que marca una diferencia trascendental histórica respecto al país minero monoproductor de tiempos del inicio de la república. Jorge Amantegui, presidente de la Caniob, expone el presente y el futuro inmediato de este clúster en extremo valioso.

—¿Cómo ve usted la situación de la economía mundial en la actualidad?

—Los informes económicos muestran que la economía mundial está entrando en un proceso de desaceleración, debido a que todavía no se ha superado la pandemia del COVID-19 y por la guerra en Ucrania. Principalmente, ese último evento ha producido efectos en los mercados de materias primas, como el nuestro, afectando la logística del comercio y creando incertidumbre en los mercados. Según los expertos, la inflación y las condiciones financieras han intensificado la desaceleración del crecimiento mundial. Un riesgo clave para las perspectivas es la posibilidad de una elevada inflación global acompañada de un crecimiento débil, lo que podría poner en peligro la recuperación de las economías, en especial de los países en vías de desarrollo.

—¿Cómo ve la economía sudamericana en la actualidad?

—La pandemia del COVID y la inestabilidad política en muchos de los países de la región están generando problemas sociales que perjudican el proceso de recuperación económica. Los giros políticos en países como Chile, Colombia y lo que puede pasar en Brasil pueden condicionar la trayectoria económica regional y nosotros, que dependemos mucho de esas economías, tendremos que adaptarnos rápidamente a esos cambios. La mayor preocupación está en el aumento de la inflación y el aumento del endeudamiento de los países, principalmente, por la pandemia. Esto podría frenar en buena medida la recuperación económica regional. Para los países de esta región, todos dependientes en mayor o menor medida de los agronegocios, en lo que falta de 2022 la situación estará sujeta a las condiciones climáticas, que terminarán definiendo los volúmenes de producción de soya y otros granos, así como al accionar de EEUU y China en ese contexto comercial.

—¿Cómo ve la economía del país y cuáles considera que son los principales desafíos al presente y en el corto plazo?

—La economía de Bolivia dejó de depender de los hidrocarburos. Hoy otros productos están ocupando ese lugar, como las oleaginosas que son el principal rubro exportador no tradicional y una fuente muy importante de ingresos para el país. Existen otras expectativas al mediano y largo plazo, como el litio. Los principales desafíos son controlar el déficit fiscal para no poner en riesgo las reservas internacionales, así como mantener controlada la inflación y el nivel de las exportaciones, para que el superávit comercial permanezca. En nuestro rubro somos muy dependientes de la situación climática en la región y del comportamiento y dinamismo que le impongan al comercio de la soya nuestro vecino Brasil, como también EEUU, por sus volúmenes de producción, y el accionar de China, al ser un consumidor muy importante de estos commodities.

—¿Cómo está conformada la cadena de valor de la industria oleaginosa en Bolivia?

—La Cadena Oleaginosa abarca la producción de granos y oleaginosas, soya y girasol, y su industrialización, de la que se obtienen los aceites crudos, cascarilla para los productores lecheros, la harina integral y la harina solvente, que es un subproducto de la industria aceitera, así como los diferentes aceites refinados para el consumo doméstico. En Bolivia, la producción de oleaginosas está liderada por la soya (94% del total), seguida por el girasol (6%). Además de abastecer el mercado interno, tiene un perfil orientado al mercado externo, ya que aproximadamente el 80% de la producción está destinada a la exportación con valor agregado y constituye la principal cadena exportadora del país dentro del grupo de las exportaciones no tradicionales.

—¿Cuál es la situación actual de las industrias oleaginosas en Bolivia y cuáles son sus principales desafíos en 2022?

—El estado de las industrias oleaginosas está íntimamente ligado a la producción de granos. La producción de materia prima viene teniendo un leve impulso desde la gestión 2019, a pesar de la restricción del uso de semillas transgénicas (OGM) y la aplicación del sistema de siembra directa. En los últimos cinco años, la tendencia de crecimiento se ha mantenido muy levemente, con aumentos tanto en la superficie sembrada (10% en los últimos 5 años), aunque los rendimientos de producción se mantienen. En 2021 la producción llegó al récord de 3.3 millones de toneladas, que significa un incremento del 14% desde 2017, en un área de 1.5 millones de hectáreas. Es importante mencionar que la industria oleaginosa tiene la capacidad de procesar 4.5 millones de toneladas desde hace varios años y esta inversión no ha podido ser acompañada por el eslabón primario (materia prima), de manera que los crecimientos o mejoras sustanciales en el sector industrial necesariamente dependen del incremento de la producción del sector productivo primario. En el presente año 2022, la prioridad es seguir abasteciendo el mercado interno con subproductos para la alimentación del sector pecuario y continuar con las exportaciones de productos con valor agregado, a fin de coadyuvar con la reactivación económica del país.

—¿Cuál es la situación de la producción actual?

—Los principales productos de las industrias oleaginosas son los aceites comestibles para consumo de la población y otros subproductos, que en orden de volúmenes serían la harina solvente de soya, que es usada como proteína en la producción de carne; el aceite crudo, como insumo para los aceites comestibles y margarinas; la cascarilla de soya, como fibra para el sector lechero, y la lecitina. Los niveles de producción en los últimos cuatro años son del 14% en todos los productos; la esperanza es que se mantenga el crecimiento este año, aunque respecto a la expectativa de producción de grano de la campaña de verano 2022, que es la más importante, se esperan cifras de 200.000 TM menos que en 2021.

—¿Cuáles son los principales desafíos para las industrias oleaginosas?

—Las industrias solo pueden crecer si los volúmenes de producción de materia prima se incrementan; por lo tanto, se debe mantener el respaldo a los sectores primarios con créditos para financiarles sus cultivos, seguir promoviendo la aprobación del uso de semillas mejoradas genéticamente y apoyar a las autoridades en el control del contrabando; que es uno de los mayores problemas para las industrias, especialmente por el ingreso de productos argentinos, que están con precios muy bajos, lo que hace que nuestros productos no sean competitivos contra esos productos de contrabando.

—¿Cómo afectó la pandemia a las industrias oleaginosas y qué cambios ha acelerado o introducido este suceso?

—El hecho de que el Gobierno Nacional haya declarado a la industria alimentaria como sector esencial, tomando medidas para resguardar los procesos productivos y la logística de distribución e implementando protocolos de prevención y de gestión de contingencias, ha permitido razonablemente la continuidad de la producción industrial y de la cadena de suministros de productos; lo que ha evitado un desabastecimiento, que hubiese agravado la situación generada por la pandemia. No obstante, los aspectos sanitarios y laborales se han tenido que adaptar a las circunstancias, lo que trajo no pocos inconvenientes a las empresas. No obstante, la continuidad de las operaciones permitió mantener el plantel de trabajo y asegurar la estabilidad laboral en una época tan difícil, siendo la generación de empleo un aporte sustancial de las industrias. Todavía, aunque un poco más relajados, se mantienen ciertos protocolos sanitarios que creemos van a pasar a ser comunes en el diario vivir de los ciudadanos y trabajadores del país.

—¿Qué condiciones considera que podrían mejorarse para las empresas oleaginosas a partir de la relación entre actores públicos y privados?

—Actualmente, con la creación de la Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (Caniob), se ha afianzado la relación entre las industrias representadas gremialmente y las diferentes instancias representativas de sector público. Es la Caniob la que representa los intereses de las industrias ante los órganos de gobierno, siendo muy fluida esa vinculación en la agilización de trámites y en la intercomunicación oficial entre ambos actores.

—¿Qué oportunidades existen para que startups puedan vincularse con el encadenamiento que se da alrededor de las empresas oleaginosas?

—Las industrias oleaginosas tienen características especiales; entre otras, requieren de grandes inversiones en infraestructura, de un proceso productivo muy especializado y una producción a gran escala. La comercialización de materias primas y de subproductos se realiza en grandes volúmenes y necesita un alto nivel de financiamiento para hacer frente a la adquisición de materia prima y al proceso de transformación de subproductos, etc. Esas características dificultan un emprendimiento mediante startups. No obstante, es posible vincular esta metodología de emprendimiento en algunos eslabones del negocio, especialmente en relación con la comercialización de los subproductos oleaginosos.

—¿Qué podría recomendar a los jóvenes que están en su etapa de formación profesional y que están interesados en ser parte de una empresa oleaginosa?

—Las industrias, para llevar adelante su negocio, requieren de profesionales en diferentes especialidades, como economistas, comerciales, agrónomos, legales, etc., también trabajadores de nivel técnico, especialmente para el trabajo en plantas, silos, campo, etc. Es decir, hay muchas opciones para que jóvenes profesionales puedan hacer carrera en las industrias oleaginosas.

—¿Cuál es la situación de la Caniob actualmente y cuáles son las iniciativas más importantes en 2022?

—Caniob es la institución que representa los intereses y defiende los derechos de las industrias oleaginosas, con personalidad jurídica reconocida a nivel nacional a través de una Resolución Ministerial. Actualmente, interactúa con instancias públicas de los diferentes gobiernos a nivel nacional, departamental y municipal, como también con otros sectores privados con los que tiene relación directa o indirecta, en el ámbito de la cadena productiva oleaginosa. En ese marco, ejerce la vocería de las industrias a las que representa. Como iniciativas para 2022, tenemos que involucrarnos en la temática de la anunciada producción nacional de biodiésel, toda vez que la mayor parte de la materia prima a utilizar será el aceite crudo de soya. Además, seguiremos apoyando la aprobación de semillas mejoradas genéticamente para que se incrementen los rendimientos en la producción de soya, buscando también generar mecanismos para el mejoramiento de la logística de exportación. Siendo el sector agroindustrial oleaginoso tan importante para la economía nacional, necesitamos llegar con nuestras propuestas a las más altas instancias del Gobierno Nacional, a fin de mostrarles nuestras iniciativas y planteamientos, tendientes a mejorar las condiciones productivas industriales, que en definitiva redundarán en mayores beneficios económicos para Bolivia. Queremos afianzar mucho más la relación público- privada, para el desarrollo productivo del país.

Jorge Amantegui

Presidente de la Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (Caniob)

Es abogado recibido de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)

tiene una Maestría en Derecho de Negocios Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid (España), un MBA en la Universidad Privada de Bolivia y varios Diplomados y Especialidades en Derecho Agrario y Medio Ambiental.

Ha sido asesor de varias instituciones del sector agropecuario y hace seis años que está en la Cámara Nacional de Industrias Oleaginosas de Bolivia (Caniob), actualmente, desempeñando el cargo de Presidente Ejecutivo de la entidad.

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