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Cómo Ucrania “abraza” a los neonazis rusos y Politico lo aplaude con una entrevista

Cómo Ucrania 'abraza' a los neonazis rusos y Politico lo aplaude con una entrevista Hace un par de días, la famosa revista estadounidense Politico publicó una entrevista del periodista angloamericano Jamie Dettmer con el nazi ruso y combatiente ucraniano Denís Kapustin. Al principio de la entrevista, el periodista dice: "Las autoridades alemanas afirman que Kapustin —a veces conocido como 'Denís Nikitin'— es "uno de los activistas neonazis más influyentes" del continente europeo, y eso es una bendición para los propagandistas rusos, que pretenden encubrir su invasión asesina de Ucrania como un intento de 'desnazificar' Kiev”.

Oleg Yasinsky

Hace un par de días, la famosa revista estadounidense Politico publicó una entrevista del periodista angloamericano Jamie Dettmer con el nazi ruso y combatiente ucraniano Denís Kapustin.

Al principio de la entrevista, el periodista dice: “Las autoridades alemanas afirman que Kapustin —a veces conocido como ‘Denís Nikitin’— es “uno de los activistas neonazis más influyentes” del continente europeo, y eso es una bendición para los propagandistas rusos, que pretenden encubrir su invasión asesina de Ucrania como un intento de ‘desnazificar’ Kiev”.

No seguiremos el ejemplo de propagandistas antirrusos, cambiando las comillas de nuestro “desnazificar” hacia su ‘invasión asesina’.

El periodista entrevista a un nazi armado, decidido y seguramente salpicado de sangre, jugando en ese ya casi olvidado juego de la prensa ‘honesta’ y ‘objetiva’ que se atreve a tocar ‘los temas delicados’, toda esa salsa con que se nos vendió el cuento de la democracia occidental que prometía de por vida el derecho a discrepar.

A propósito, ¿qué opinarán de estos derechos ahora las autoridades alemanas, que alguna vez llamaron a Kapustin “activista neonazi”? ¿Ya estará absuelto para reservar el espacio carcelario a otros que siempre fueron del lado contrario, a los que sienten la palabra ‘desnazificar’ sin comillas? ¿Por qué un 44% de los alemanes, según la encuesta que no fue encargada por Putin, sino por el Allenbach Institute, tienen miedo de expresar lo que piensan de política, y solo un 40% de sus compatriotas aseguran opinar sin temor? ¿Tendrá esta estadística alguna relación con el fascismo que sigue creciendo en Europa?

Captura de pantalla
Leyendo la entrevista de Politico, me imaginaba al entrevistador intercambiando chistes con el entrevistado, un típico reportero norteamericano, simpático e informal frente a un joven armado y con experiencia militar, que en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial jamás habría dudado en cuál de los bandos estaba su bandera.

En Ucrania, país cada vez más democrático, este tipo de personajes realmente obtuvo la libertad de vivir sin hipocresías, sentir, pensar y actuar como fascista y además ser parte importante de las Fuerzas Armadas de su país, que condena a los civiles solo por no odiar públicamente a la Unión Soviética o a Rusia.

Coqueteando con su entrevistado Jamie Dettmer, casi de paso, no abandona su afán de ilustrarnos: “…El continuo intento de Moscú de presentar su lucha como una repetición de la Segunda Guerra Mundial contra el nazismo suena hueco en la realidad. No solo el presidente de Ucrania es judío, sino que los partidos de extrema derecha tienen un apoyo casi insignificante en la política representativa nacional…”.

Es interesante, cómo las fórmulas propagandísticas, usadas hace años contra la parte más ignorante de la población ucraniana, ahora se proyectan desde las páginas de Politico hacia todo el mundo y más aún, desde una amena conversación con un nazi armado bajo las órdenes del presidente ‘judío’ Vladímir Zelensky.

Aquí tuvimos que volver a las comillas. Creo que no existe un mejor ejemplo de la total incomprensión del significado de la palabra ‘fascismo’ que estos argumentos, que “no puede ser fascista porque es judío (o negro, o gay, etc.)”. A veces tengo la impresión de que, si los nazis alemanes en su tiempo se hubieran limitado solo contra los comunistas, o, por ejemplo, los gitanos, el complejo de Yad Vashem en Israel jamás habría sido construido y muchos de los que no ven ahora genocidio en Gaza, dirían algo tipo: ‘Hitler, por supuesto tuvo sus excesos, pero más que eso fue calumniado por los comunistas y los rusos’. Aunque el doloroso fenómeno del amplio apoyo al actual régimen de Kiev por los intelectuales ucranianos, representados también por muchos ciudadanos de nacionalidad judía, tendrá que ser tema de un estudio aparte.

Hablando de la nacionalidad de Zelensky o de la poca representación parlamentaria de la ultraderecha en Ucrania, nos desvían del asunto central, relacionado con el poder real y el tema de la toma de decisiones en concreto. La función de los nazis en Ucrania nunca fue parlamentaria.

Pero fueron ellos los que por su organización y motivación ideológica aseguraron el golpe de Estado del Maidán en el 2014. Ellos fueron la vanguardia de los cuerpos armados para atacar al Donbass.

Esto pasó cuando los militares ucranianos aún se negaban a disparar a sus todavía compatriotas, cumpliendo órdenes y sin querer entraban a los territorios que se rebelaron contra el gobierno nacionalista, y fueron acogidos y alimentados por la gente común.

Fueron los nazis, de los “cuerpos de voluntarios” no representados en el Parlamento, los primeros que abrieron fuego contra civiles para encender y comenzar así una guerra civil. Luego su rol fue amedrentar a la oposición y apagar cualquier voluntad de protesta ciudadana, al mejor estilo del paramilitarismo colombiano, tampoco representado de forma directa en el Congreso. Y son ellos los que ahora, en los combates contra el Ejército ruso, cumplen el rol de comisarios políticos del gobierno de Zelensky, eliminando de las Fuerzas Armadas y del orden cualquier brote de antifascismo o simple crítica contra el poder colonial.

El entrevistado de Jamie Dettmer es un nacionalista ruso que odia a Putin por no ser nacionalista como él y por eso mata a los rusos bajo el mando de los nacionalistas ucranianos, que odian a los rusos nacionalistas y no nacionalistas, obedecen al gobierno de Zelensky, quien, “como judío no puede ser fascista”, y cumple órdenes de sus aliados occidentales, que cumplieron con su objetivo, desatando esta guerra que por fin dio sentido a la existencia de personajes como Denís Kapustin.

Podemos repetir varias veces que el entrevistado de Dettmer es un criminal de guerra, un traidor y un nazi, pero en cualquier conflicto armado siempre encontraremos a varios seres tan despreciables como él, que siempre buscan sangre y muerte como imanes para su mente enferma. Sus confesiones deberían ser un tema exclusivamente para los tribunales de justicia y los psiquiatras.

Pero, ¿por qué una de las revistas más influyentes del mundo se presta para este pobre ‘show’, sabiendo que será visto y ampliamente comentado? ¿Realmente creerán que el lector domado por los medios de información de los últimos años ya no es capaz de entender nada de nada? ¿La entrevista es un aviso publicitario para todos los asesinos y paramilitares del mundo de que todavía tienen un paraíso bajo el sol que siempre les espera? ¿Un paso más hacia la legalización y normalización del fascismo como herramienta más infalible del sistema neoliberal?

¿Leerá esta entrevista la ‘izquierda democrática’ europea y sus hambrientos y envidiosos seguidores tercermundistas? ¿Seguirán condenando a Rusia por “su invasión asesina” y “no provocada” a “una joven democracia soberana” que “maravilló al mundo” con su “revolución de la dignidad”? “¿Cómo les saldrán sus nuevas declaraciones antifascistas?”.

¿Tal vez, así la prensa occidental, aparte de los rusos malos que exhiben a diario, quiso mostrar a un ‘ruso bueno’, y siguiendo las recomendaciones de otro ruso, Konstantín Stanislavsky, pensó que para que su actor sea creíble para el público, había que mostrar que era malo, y como suele pasar con sus economías y planificaciones políticas, una vez más se descontroló?

Tengo estas preguntas y solo una certeza. Al despedirse, el angloamericano Jamie Dettmer y el rusoucraniano Denís Kapustin se dieron un gran y apretado abrazo, no pudieron evitarlo, ya que desde hace tiempo son dos partes de lo mismo.

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