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Daniel Noboa y la crisis con México: ¿cortará EE.UU. los hilos de la marioneta?

Carmen Parejo Rendón

El pasado 5 de abril, las fuerzas policiales de Ecuador asaltaron la Embajada de México en Quito y procedían a la detención del exvicepresidente del país suramericano, Jorge Glas, que estaba acogido en calidad de asilo político en dicha sede.

Este procedimiento incumple lo establecido por la Convención de Viena sobre relaciones internacionales, ratificada tanto por México como por Ecuador. Y ha supuesto, entre otras cosas, una fuerte crisis diplomática entre ambas naciones, la ruptura de relaciones por parte de México y la condena internacional al Gobierno de Daniel Noboa.

Tal y como desarrolla el sociólogo Ociel Alí López, en un reciente artículo en RT, Noboa ha considerado los réditos que, en sentido interno, le puede reportar este ataque a la embajada mexicana. Por un lado, como distracción ante la situación de catástrofe económica en la que se encuentra Ecuador y, en segundo lugar, para polarizar a la opinión pública azuzando el anticorreísmo. No olvidemos que Glas fue vicepresidente durante el gobierno de Rafael Correa.

La política de mano dura de Noboa, aún sin tener en cuenta cómo vulnera los derechos humanos en su aplicación, ha contado con el respaldo internacional de otras potencias, incluyendo EE.UU.

En relación con México, este conflicto también entra de lleno en el escenario interno, en un contexto de año electoral, afectando al buque insignia del actual gobierno. Si en algo se ha destacado el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su mandado ha sido en recuperar una política de Estado y autónoma en relaciones internacionales para México. Un principio que se había perdido durante los llamados gobiernos neoliberales. La escenificación más clara de estas políticas se ha reflejado en convertir a México en estos años en un referente del asilo político en América Latina. Además de Jorge Glas en Ecuador, recordemos los casos del asilo concedido a la familia de Pedro Castillo o al expresidente boliviano, Evo Morales.

Por otra parte, los Gobiernos de Ecuador y México son en muchos sentidos presentados como opuestos en relación a cómo enfrentan determinados conflictos internos vinculados con el narcotráfico o la delincuencia.

La política de mano dura de Noboa, aún sin tener en cuenta cómo vulnera los derechos humanos en su aplicación, ha contado con el respaldo internacional de otras potencias. Destacándose EE.UU., que, además, ha sabido como beneficiarse de esta situación.

Tras los ataques perpetrados por grupos delincuentes en el país del Cono Sur, y la declaración del presidente Noboa de la situación como conflicto armado interno, EE.UU. arribó con las tropas del Comando Sur en este país para apoyar al Gobierno en su “guerra contra la delincuencia”. A cambio, Ecuador se comprometió en un momento al envío de armas soviéticas a Ucrania —algo que había sido rechazado por la mayoría de los países latinoamericanos que han mantenido una posición neutral al respecto de este conflicto en el Este de Europa—. Posteriormente, Ecuador rectificó

Pronunciamiento de EE.UU. 

En ese sentido, cobra especial relevancia la crítica que el Gobierno mexicano realizó a EE.UU. considerando tibia su condena a los hechos perpetrados por el Gobierno de Daniel Noboa, ya que no habían señalado el carácter violento de la irrupción en la embajada, pero sobre todo porque habían subrayado que tanto México como Ecuador eran socios críticos, al entender del Gobierno de López Obrador, manifestando con ello una actitud ambigua.

En respuesta, Jake Sullivan, asesor de seguridad de EE.UU., volvió a condenar los hechos en rueda de prensa, asegurando que tras la revisión de las imágenes, consideraban que estas acciones por parte de Ecuador estuvieron “equivocadas”. Tachando poco menos que de error unos hechos que, en derecho internacional, suponen una ilegalidad manifiesta.

Las relaciones entre México y EE.UU. son profundas en primer lugar por compartir frontera, pero también por la participación en múltiples acuerdos, donde destaca el Tratado de Libre Comercio T-MEC, que incluye también a Canadá. Un acuerdo que ha sido muy cuestionado en México, más aún tras el auge del movimiento popular de la llamada ‘cuarta transformación’ o el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador. A su vez, otros temas como la inmigración o el narcotráfico obligan a mantener una relación de fluidas conversaciones y acuerdos entre ambas naciones. Este escenario ata un poco las manos en ambas direcciones. Quizás, este elemento sea el que mejor explique la ambigüedad estadounidense.

Josep Borrell, y su habitual incontinencia verbal, suele ayudar mucho a entender cómo el mundo unipolar entiende distintas cuestiones. En este caso, esta misma semana, tuvimos la suerte de asistir a varias lecciones sobre cómo entienden la cuestión del derecho internacional. El pasado martes, por ejemplo, denunciaba los recientes ataques con drones a la central nuclear de Zaporozhie, considerando que es imprudente y que podría suponer un riesgo de accidente nuclear. Sin embargo, para él la solución sería que Rusia se retirase de la central nuclear de Zaporozhie. Es decir, aunque es conocedor del peligro, sobre todo parece asumir que las normas se pueden incumplir según objetivos. Aun cuando saltarse las normas pueda tener un efecto especialmente peligroso del que él mismo reconoce ser plenamente consciente. El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, también realizó otras declaraciones llamativas e incluso por momentos contradictorias esta última semana.

Cuando se cumplen seis meses de la ofensiva israelí en Gaza, la cual está siendo investigada como genocidio por la Corte Internacional de Justicia, Borrell señalaba: “Israel tiene derecho a defenderse, respetando plenamente el derecho internacional humanitario”. Y añadía: “Con este ataque indiscriminado, Hamás se ha descalificado totalmente”.

Cualquiera podría pensar que es Hamás y no Israel quien está siendo investigado por genocidio. A su vez, exigía un alto al fuego, pero siempre incidiendo en la misma idea, el supuesto derecho a la defensa de Israel y la justificación de un crimen televisado por el bien del objetivo político; a su entender: acabar con Hamás. De nuevo, aunque es conocedor del peligro y de la realidad de la situación, decide primar otros elementos.

Daniel Noboa entendió y sabe que, aunque se salte las normas y sea reprendido por ello, sus aliados internacionales, los fines para los que sirve su Gobierno, van a primar. Como prima el apoyo al régimen de Kiev, aunque ataque de forma imprudente centrales nucleares, o el apoyo a Israel, pese a que en seis meses haya asesinado a 30.000 personas, destruido decenas de hospitales, atacado a cooperantes o esté generando una hambruna en Gaza.

El mandatario ecuatoriano, a fin de cuentas, solo violó la Convención de Viena, así como previamente ha hecho en varias oportunidades quien, a todas luces, parece que va a ayudarle a mantenerse en el poder. 

Cómo va a ser rotundo EE.UU. en su condena a Ecuador si recordamos el bombardeo estadounidense contra la Embajada de China en Belgrado en 1999. O la detención y posterior extradición irregular del diplomático venezolano Alex Saab, a petición de EE.UU., en Cabo Verde, en junio de 2020.

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