Mundo, 17 de feb 2026 (ATB Digital).- Freepik ha anunciado la adquisición de The Chronicles of Bone, una serie original de fantasía oscura creada por el cineasta Kavan Cardoza, conocido como Kavan the Kid y cofundador del estudio estadounidense Phantom X. El titular más llamativo no es solo que se trate de la primera serie original impulsada desde la plataforma, sino la estructura del acuerdo: Freepik incorpora el proyecto como contenido original para su catálogo, mientras que Cardoza conserva el 100% de la propiedad intelectual (IP) y mantiene el control sobre su visión creativa, según la información facilitada por la propia compañía y por el autor.
En un momento en el que la creación con IA generativa suele abrir debates sobre atribución, licencias y autoría, este punto introduce una idea práctica: se puede colaborar con una plataforma tecnológica sin ceder el timón creativo ni la titularidad de los personajes y su universo. Cardoza lo expresa en términos de “libertad para construir”, y Freepik, por su parte, encuadra la operación como un paso para reforzar su apuesta por la creación audiovisual con IA.
Tecnología y artesanía: cuando el vestuario real funciona como “acta de nacimiento”
El proceso de Cardoza parte de un método híbrido poco habitual en producciones nacidas en digital. Antes de escalar el universo con herramientas de IA, diseña y confecciona físicamente el vestuario de los personajes. Esa base tangible se convierte en el punto de partida visual que luego se transforma y finaliza dentro del flujo de trabajo digital.
Puede sonar contraintuitivo: si el resultado final vive en pantalla, ¿por qué empezar cosiendo telas? La explicación es casi doméstica. Es como cocinar un caldo antes de usarlo para una receta más elaborada: tener un “fondo” real aporta coherencia, textura y un origen claro. En términos creativos y legales, Cardoza defiende que ese primer paso facilita establecer una autoría reconocible y ayuda a respaldar la propiedad intelectual de la identidad visual, al existir una prueba material previa al tratamiento con IA. La idea no es “volver atrás” tecnológicamente, sino anclar la estética en algo que puedas tocar, fotografiar, documentar y registrar.
Dentro de ese enfoque, Freepik actúa como el entorno donde esos elementos físicos se convierten en versiones listas para pantalla, apoyándose en su suite creativa de IA y en su infraestructura de generación y edición. Freepik se describe como una plataforma orientada a profesionales creativos, con una librería amplia de recursos y herramientas basadas en modelos de IA, y sitúa esta serie como demostración de hasta dónde puede llegar un flujo de trabajo autoral.
Un universo de cinco temporadas ya trazado: escala narrativa desde el primer episodio
Otro detalle relevante es el estado de madurez del proyecto. Cuando Cardoza lo presentaba, el universo ya estaba desarrollado como una producción de cinco temporadas, con más de cuarenta personajes principales y tramas interconectadas. Esto cambia el marco de lectura: no estamos ante un experimento corto que “a ver qué tal funciona”, sino ante una biblia narrativa extensa, pensada para sostener continuidad.
La narrativa serial suele depender de dos cosas: consistencia y capacidad de crecimiento. La consistencia se apoya en reglas del mundo, diseño de personajes y tono; el crecimiento exige que el universo tenga esquinas sin explorar. Cardoza busca ambas cosas desde el inicio, y el método de creación (vestuario físico + transformación digital) se propone como un mecanismo para mantener estabilidad visual, incluso si cambian las herramientas o los modelos de IA que se utilizan con el tiempo.
Los Mordanes y la amenaza del control: vampiros que no juegan con las reglas clásicas
En The Chronicles of Bone hay ecos de personajes clásicos como Peter Pan, Robin Hood, el Rey Arturo o Frankenstein, pero no en el sentido de “volver a contar lo mismo”. La propuesta es más parecida a desmontar un juguete conocido y reconstruirlo con otras piezas: conservar la silueta reconocible y cambiar el motor. Cardoza reimagina esos referentes dentro de un universo compartido cuya mayor amenaza es un ejército vampírico llamado los Mordanes.
La reinterpretación de los vampiros es central. Aquí no funcionan como el arquetipo tradicional que se esconde del sol o depende de la sangre para sobrevivir. Son inmortales, con fuerza y velocidad sobrehumanas, y su poder principal es el control. La mordida no solo transforma, también somete: el personaje queda bajo una influencia que lo vincula a la voluntad vampírica, pasando a formar parte de un ejército. Es una amenaza especialmente eficaz para una serie con héroes reconocibles, porque introduce una tensión narrativa constante: el aliado puede convertirse en enemigo sin que exista un “antídoto” fácil, una “maldición que no se puede romper”, en palabras del propio creador.
Como metáfora, se parece menos a un monstruo de película clásica y más a una infección informática que secuestra un dispositivo: no destruye de inmediato, primero toma el control y lo pone al servicio de otra voluntad. En pantalla, ese tipo de premisa permite giros dramáticos y conflictos morales sin depender siempre de batallas físicas.
Un “autor integral” y el calendario como parte del concepto
Cardoza asume el trabajo de cada episodio de principio a fin: guion, construcción, animación, montaje, diseño de sonido, etalonaje y posproducción. En el discurso de la industria, esto suele asociarse a lo artesanal o independiente; aquí se combina con una caja de herramientas de IA que acelera, amplía y permite iterar sobre elementos visuales.
Cada episodio dura entre 10 y 15 minutos y requiere entre tres y cuatro semanas de trabajo, lo que sostiene una cadencia mensual: estreno el primer martes de cada mes en el canal de YouTube del creador. Esta decisión no es solo logística; está integrada en la idea de la serie. Cardoza explica que quiere que cada capítulo refleje lo mejor que la tecnología puede ofrecer en ese momento, y el calendario se plantea para evolucionar al ritmo al que evolucionan las herramientas.
Eso convierte la publicación en una especie de “diario técnico” con narrativa: la serie avanza y, al mismo tiempo, el modo de producirla puede mejorar capítulo a capítulo. Para el espectador, el gancho no es únicamente la historia, sino observar cómo cambia la textura visual y la sofisticación de la producción con el paso de los meses, sin que el proyecto pierda su identidad.
El prólogo como puerta de entrada: seis episodios para aprender a leer el mundo
Para asentar un universo tan amplio, Cardoza arrancó con una temporada prólogo de seis episodios. En lugar de abrir con múltiples tramas desde el minuto uno, cada capítulo del prólogo se centra en un personaje clave de la primera temporada. Es un recurso narrativo muy práctico: permite que el público se familiarice con motivaciones y conflictos individuales antes de entrar en el tablero completo de historias cruzadas.
Este enfoque suele funcionar como cuando conoces una ciudad: primero recorres barrios concretos, aprendes sus reglas y su ritmo; luego ya puedes moverte por todo el mapa sin perderte. En términos de storytelling, reduce fricción y facilita que el espectador entienda qué está en juego cuando la serie comience a conectar arcos argumentales.
El contexto de Cardoza y el posicionamiento de Freepik
La alianza llega tras un 2025 especialmente visible para Cardoza. Según la información compartida, estrenó Echo Hunter, descrita como la primera película de IA aprobada por el sindicato de actores SAG, con Breckin Meyer, seguida por Echo Hunter: A Memory Too Far, con King Bach. Esa trayectoria sitúa al creador en un espacio de experimentación profesionalizada: proyectos con ambición narrativa y, al mismo tiempo, con un pie en la conversación sobre cómo se produce contenido con IA de forma compatible con estándares de la industria.
Freepik, por su parte, enmarca esta operación como un paso estratégico para reforzar su presencia en creación audiovisual y su propuesta como suite creativa de IA. La compañía señala hitos corporativos como su fundación en 2010, su base de suscriptores de pago y la escala de activos generados dentro de su ecosistema. En conjunto, la lectura es clara: Freepik quiere que su plataforma sea también un lugar donde nazcan obras originales, no solo un espacio para producir piezas sueltas.
The Chronicles of Bone queda, así, en un punto interesante: no presenta la IA como sustituto del creador, sino como una palanca dentro de un flujo que empieza en lo manual, se documenta en lo físico y se expande con lo digital, con reglas explícitas sobre autoría y propiedad intelectual.
Fuente: Whatsnew.com
