Mundo, 18 de feb 2026 (ATB Digital) .- En una gran variedad de culturas las serpientes son consideradas como animales indignos o malvados, lo que ha perjudicado nuestra visión sobre ellas.
Las serpientes no nos odian. Aunque quizá deberían, ya que como muestra la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, al menos 450 de las 4.000 especies de serpientes que se conocen en la actualidad se encuentran amenazadas por la actividad humana. Y es que desde los albores de la humanidad las serpientes han sido consideradas como seres indignos y poco menos que una representación de la vileza más pura y ruin.
El ejemplo más claro se encuentra en las religiones monoteístas con mayor número de adeptos, donde una serpiente incitó a Eva a consumir el Tanaj, el fruto prohibido en el Edén. Cuando Eva convence a Adán a que también lo coma, ambos adquieren el conocimiento acerca del bien y el mal, se muestran avergonzados por su desnudez y su conciencia cambia. De este hecho se da cuenta Dios, por lo que maldice a la serpiente y a ambos humanos, y a estos dos últimos los expulsa del Edén. Por tanto, por culpa de una serpiente, los humanos no seguimos en El Paraíso y eso les hace valedores de cierto resentimiento.
Ahora bien, los humanos no nacemos con aversión hacia las serpientes, sino que se nos inculca desde pequeños, como indica un estudio de la Universidad Estatal de Oregón. El autor del estudio, Jeff Loucks, explica que “la infancia es una etapa crucial para moldear las actitudes y comportamientos de una persona hacia los animales, pero las serpientes tienen una reputación muy negativa en las sociedades occidentales”.
Salirse de la carretera para atropellar serpientes
Un estudio previo del grupo muestra que un 54 % de los estadounidenses sienten altos niveles de ansiedad cuando se enfrentan a una serpiente. El odio es tal que algunos conductores reconocen que si se encuentran con una serpiente mientras van conduciendo en su automóvil se desvían del camino para atropellarla.
Este repudio generalizado no solo se muestra en acciones tan brutales, sino que también dificulta las labores de conservación. Cuando una persona especializada en herpetología propone alguna labor para reintroducir especies de serpientes, la opinión pública suele ser muy negativa. Por tanto, muchas veces las propuestas quedan únicamente en el papel, a pesar de que los ofidios son necesarios para mantener el equilibrio de los ecosistemas.
Para entender de dónde surge este odio, tanto Loucks, como la líder del grupo Denée Buchko de la Universidad de Regina, se propusieron rastrear el nacimiento del sentimiento hacia las serpientes. Y, tras trazar un plan de ruta, el grupo de investigación acabó en una guardería con 100 niñas y niños y muchos libros escolares.
Pequeñas sutilezas con impactos enormes
Lo más importante era entender cómo los niños veían a las serpientes con respecto a los humanos y a los animales y, para ello, los científicos utilizaron una técnica conocida como «tarea de inducción». De este modo, podrían ver a qué altura situaban el listón de las serpientes con respecto a otros seres.
“Antes de asignarles esta tarea, pedimos a los padres que leyesen un libro ilustrado sobre serpientes con sus hijos y también les leímos un cuento sobre un día en la vida de una serpiente”, explicó Loucks. Ahora bien, en realidad había dos cuentos, uno mostraba a las serpientes más bien como objetos y otro que los mostraba como animales humanizados. “En uno de los libros, cada vez que salía una serpiente se usaban pronombres como ‘eso’ y no hacía referencia a sentimientos o pensamientos, pero en otro los mostraba como si se tratase una persona, utilizaba pronombres como ‘ella’ y hacía referencia a pensamientos y sentimientos».
Los resultados lo dejaron claro; cuando los padres utilizaban un lenguaje negativo al hablar de las serpientes, los niños tendían a pensar que las serpientes eran diferentes de los seres humanos y, por tanto, les costaba más empatizar con ellas. De igual manera, cuando se empleaba un lenguaje objetivador en el libro de cuentos el efecto era similar. Al referirse a las serpientes como objetos, los niños no sentían que se tratase de animales a los que proteger.
Por tanto, en palabras del propio Loucks: “Parece que los niños de 5 años, al menos los de culturas occidentales, tienden a pensar que las serpientes son muy diferentes de otros animales, y el lenguaje negativo y objetivador podría contribuir a ello”. Ahora bien, también considera que el contacto temprano con serpientes en entornos controlados, así como aprender sobre sus necesidades biológicas, podría ayudar a generar un sentimiento más positivo y, sobre todo, de respeto hacia estos animales tan amenazados.
Fuente: The National Geographic España
