Mundo, 9 may 2026 (ATB Media) .- Los investigadores hallaron ADNe de poblaciones de ratas, ardillas, mapaches y aves comunes de Nueva York.
Nueva York, una de las mayores urbes del planeta, está compuesta por cinco distritos principales: Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island. La isla central, Manhattan, es el principal centro financiero y cultural, donde se encuentran edificios tan emblemáticos como el Empire State y el One World Trade Center, y está separada de el Bronx y Queens por el East River, que une el puerto de la ciudad con el estrecho de Long Island.
Sin embargo, el East River no es un río en sí (aunque su nombre lo indique), sino un estrecho de marea que separa las zonas anteriormente mencionados. En él se encuentran algunos de los puentes más fotografiados del mundo, como el Puente de Brooklyn, el Puente de Manhattan y el Puente Williamsburg. Su costa, en las últimas décadas, ha pasado de ser una zona industrial a uno de los espacios públicos de mayor ocio de toda la ciudad.
Durante el siglo XIX, el East River fue un eje central del comercio marítimo, motivo por el que hay tantos almacenes y muelles que en los últimos años han sido reconvertidos en apartamentos de lujo. Y eso que el «río» tiene corrientes fuertes y peligrosas, aunque no es problema para que los ferris lo recorran. Los científicos Mark Stoeckle y Jesse Ausubel, de la Universidad Rockefeller, estudiaron durante un año cómo los muestreos fluviales del East River pueden funcionar como un biosensor continuo para estimar la abundancia de la fauna acuática y urbana.
Una toma semanal de un litro de agua del East River pasado por un pequeño filtro
Gracias al informe de los muestreos fluviales, llamado ‘Biomonitoreo del Antropoceno: El East River de Nueva York se convierte en un biosensor vivo’, los científicos han descubierto ciertos datos sobre los cambios estacionales en las especies y los impactos en humanos en tiempo real que son muy interesantes. Los expertos resaltaron que detectaron indicadores genéticos del consumo de alimentos de los habitantes de Nueva York, ya que encontraron rastros de ADN de pollo, vaca, cerdo, pavo, cordero y peces de consumo común.
En el agua también hallaron ADNe (ADN ambiental) de poblaciones de ratas, ardillas, mapaches y aves comunes de la ciudad. Utilizando este método, las autoridades municipales podrían evaluar si las poblaciones de ratas están aumentando o disminuyendo. Los roedores son un grave problema de salud pública para ‘la ciudad que nunca duerme’. Se estima que la población de roedores es de varios millones.
No ayuda a que la población disminuya que la basura se acumule en las aceras (cerca de 20 millones de kilogramos diarios) ni la ineficiente gestión de residuos. Tampoco el clima templado. Manhattan, Brooklyn y el Bronx son las zonas más afectadas por las plagas. Desde hace unos años, las autoridades implementaron el uso obligatorio de contenedores de basura cerrados para restaurantes y negocios, con el objetivo de limitar el acceso de alimentos a las ratas.
La mayoría de nosotros, en un momento u otro, se ha topado en las redes sociales con vídeos de las ratas corriendo por la red de metro de Nueva York. En algunos se las ve correteando con alimentos en la boca, como trozos de pizza. Aunque desde la distancia que proporciona la pantalla e Internet puedan parecer «graciosas», lo cierto es que estos animales pueden transmitir más de 50 enfermedades.
Además, el informe resaltó la evidencia de que el Gobiesox strumosus (pez ventosa) y el Hypsoblennius hentz (blenia pluma) son abundantes en comparación con hace diez años. Los científicos también detectaron material genético de 71 especies de peces locales y se rastrearon los cambios en su abundancia a lo largo del tiempo. Mark Stoeckle dijo a El Mundo que “Creemos que el aumento puede deberse a la mejora de la calidad del agua y a la restauración de los bancos de ostras en el puerto de Nueva York”.
Con una toma semanal de un litro de agua en las orillas del río pasadas por algo parecido a un pequeño filtro de café, los expertos produjeron una lectura continua sobre la información que contenía el río durante un año. Registraron que después de una lluvia intensa, la información genética era aún mayor. Para confirmar la fiabilidad del método, compararon los resultados con los análisis tradicionales de arrastre y comprobaron su coincidencia. Actualmente, los investigadores de la Universidad Rockefeller analizan el ADNe de una bahía costera de Nueva Jersey.
Fuente: National Geographic España
