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MANACO: Una fábrica, millones de pasos y una historia que no se olvida

"Su historia no solo se mide en años de producción, sino en los pasos de miles de bolivianos que crecieron junto a ella".
"Su historia no solo se mide en años de producción, sino en los pasos de miles de bolivianos que crecieron junto a ella".

Desde sus primeros pasos en Cochabamba, MANACO inició una trayectoria marcada por la tradición y el crecimiento industrial. Con el paso de los años, se convirtió en una de las marcas de calzado más reconocidas del país. Su historia de identidad y tradición acompañó a varias generaciones de bolivianos.

Hablar de MANACO es recordar una parte importante de la historia de Bolivia. Para muchos, su nombre está relacionado con los primeros zapatos escolares, el calzado de trabajo, las compras familiares y aquellos modelos clásicos que acompañaron a distintas etapas de la vida. Sin embargo, detrás de esta marca existe una historia. Comenzó hace más de ocho décadas, cuando un grupo de empresarios europeos decidió apostar por la fabricación de zapatos en Bolivia.

Los primeros pasos: El nacimiento de MANACO en 1940

La historia comienza en 1940, en la ciudad de Cochabamba. En aquella época, Bolivia todavía tenía una industria manufacturera en desarrollo. En ese contexto, un grupo de jóvenes empresarios de origen checoslovaco impulsó la creación de una fábrica de calzados. La iniciativa estuvo encabezada por Zvonko Macourek y se inspiró en el modelo industrial de Thomas Bata, empresario que había revolucionado la fabricación de zapatos en Europa.

Así nació MANACO, nombre formado a partir de las palabras “Manufactura Nacional Cochabamba”. Sus primeras actividades se desarrollaron en un pequeño taller ubicado en la calle General Achá, en el centro de Cochabamba. Allí comenzó una aventura industrial.

“Todo gran camino comienza con un primer paso. El de MANACO comenzó en Cochabamba, en 1940”.

De un pequeño taller a una fábrica en Quillacollo

En 1941, MANACO trasladó su producción a Quillacollo, Cochabamba. Lo que comenzó como un pequeño taller empezó a convertirse en una marca industrial con mayores posibilidades de producción y expansión.

La fábrica no tardó en adquirir importancia. Su actividad generó fuentes de empleo y atrajo a trabajadores que encontraron en la industria del calzado una oportunidad para desarrollar nuevos conocimientos.

La influencia del modelo Bata también estuvo presente en esta etapa.

“En Quillacollo comenzó a construirse una historia que marcaría”.

En sus primeros años, MANACO concentró buena parte de su producción en calzado funcional, especialmente botas para trabajadores de minería. La fabricación respondía a las necesidades de una población que requería zapatos resistentes y adecuados para las condiciones de trabajo.

Sin embargo, desarrollar una industria de estas características no era sencillo. La empresa debía formar personal especializado y conseguir materias primas para mantener sus operaciones en un contexto complicado por la Segunda Guerra Mundial. A pesar de esas dificultades, MANACO continuó fortaleciendo sus operaciones productivas y consolidando su presencia en el mercado nacional de Bolivia.

De las botas de trabajo a los zapatos para toda la familia

A medida que Bolivia cambiaba, durante las décadas de 1960 y 1970, MANACO fue ampliando su producción. La empresa comenzó a llegar a públicos más variados, dejando atrás una producción concentrada en botas de trabajo.

Posteriormente, los zapatos formales, escolares y otros modelos para el uso cotidiano fueron adquiriendo mayor protagonismo. La evolución de sus productos permitió que MANACO se acercara a nuevos consumidores y fortaleciera su reconocimiento en el mercado boliviano.

Sus productos comenzaron a ser parte de las compras de las familias bolivianas, de momentos como: el inicio de clases, la elección de zapatos para una ocasión especial o la compra de un par resistente para el trabajo.

El nombre MANACO se volvió conocido entre distintas generaciones.

En los años 2000, MANACO adaptó su producción a las nuevas exigencias del mercado, incorporando materiales como cuero, PVC, TR y goma para diversificar su oferta de calzados.

En 2015, MANACO celebró 75 años de trayectoria. Para 2017, producía más de 2,5 millones de pares de zapatos al año, contaba con más de 700 trabajadores y exportaba a países como Perú, Chile, Colombia y México.

En noviembre de 2025, La Paz acogió una exposición sobre la historia de las fábricas Bata, con participación de instituciones de República Checa. La muestra destacó sus vínculos históricos con Bolivia, incluyendo la trayectoria de MANACO en Cochabamba.

2026: El final de una etapa industrial

El 31 de octubre de 2026 se anunció el cierre definitivo de la planta de MANACO en Quillacollo, después de 86 años de actividad. La decisión se definió debido a las dificultades económicas y a las pérdidas acumuladas de aproximadamente 130 millones de bolivianos. Esta situación se vio agravada por los problemas posteriores a la pandemia, los factores macroeconómicos y los conflictos sociales.

El cierre marcó el final de una importante etapa industrial, aunque no necesariamente la desaparición de la marca.

“Después de 86 años, una fábrica cerró sus puertas, pero su historia permanece en la memoria de Bolivia”.

MANACO es mucho más que una fábrica de zapatos. Es parte de los recuerdos de infancia, de los primeros pasos, de las jornadas de trabajo y de la historia de miles de bolivianos.

Porque algunas marcas no solo dejan huella en el mercado, sino también en la vida de las personas.

Delia Alarcon