Mundo, 25 de feb 2026 (ATB Digital).- Cuando pensamos en robots humanoides, solemos imaginar piernas que caminan o cabezas que giran. El verdadero cuello de botella suele estar más abajo: en la mano robótica. La diferencia entre un robot que mueve cajas y otro que puede abotonar una camisa, manipular una placa electrónica o tocar una melodía al piano está en la finura del control, en esa “sensación” de movimiento que los humanos damos por hecha. Según ha contado Interesting Engineering, la startup china LinkerBot se ha propuesto atacar justo ese punto con una familia de manos diseñadas para tareas delicadas con un nivel de precisión cercano al humano.
La empresa, con sede en Pekín y fundada en 2023 por Alex Zhou Yong, se presenta con una ambición que suena casi como un lema de artes marciales aplicado a la robótica: fabricar muchas manos, aprender muchas habilidades y, con ello, acercar el comportamiento de una mano artificial al repertorio cotidiano de una mano real. Es una idea sencilla de explicar y compleja de ejecutar: no basta con que la mano tenga “dedos”; esos dedos deben coordinarse como una orquesta, con tempos distintos y microajustes constantes.
Grados de libertad: el abecedario del movimiento fino
En robótica, la destreza se traduce a un concepto técnico: los grados de libertad. Si una articulación solo se mueve en un eje, su “vocabulario” es limitado; si puede moverse en varios, empieza a construir frases más complejas. LinkerBot ofrece manos con distintos niveles de sofisticación, desde modelos de entrada hasta versiones avanzadas que se acercan al repertorio de una mano humana.
El modelo O6 se describe como una puerta de entrada: cuenta con 11 grados de libertad, suficientes para combinaciones de movimiento que ya permiten tareas útiles y variadas. En el otro extremo aparecen modelos que rondan los 20, un número que suele citarse como referencia para aproximarse a la movilidad de una mano humana. Dicho de forma cotidiana, es la diferencia entre poder coger un vaso “a lo bruto” y poder girarlo suavemente para colocarlo justo en la posición en la que no derramas ni una gota.
O6: fuerza de agarre alta en un cuerpo ligero
Uno de los detalles llamativos del O6 es su equilibrio entre peso y capacidad. LinkerBot afirma que la mano está construida con polímeros ligeros y componentes compactos para mantener una masa reducida sin sacrificar rendimiento. El dato que mejor retrata esa apuesta es su fuerza de agarre: hasta 50 kg, con un peso aproximado de 370 gramos. La comparación útil aquí es la de una llave inglesa pequeña que, sin ser aparatosa, puede apretar con firmeza. En robótica, ese “apretar” importa tanto como el “no pasarte”, porque el mismo actuador que sujeta una herramienta también podría romper una pieza frágil si el control no es fino.
La compañía también destaca la durabilidad y el coste. Según el relato difundido por Interesting Engineering, el O6 sería hasta diez veces más durable que alternativas y costaría solo una fracción de productos competidores. En un sector donde la fiabilidad es la diferencia entre un prototipo de laboratorio y una herramienta industrial, esa promesa es relevante: una mano que se estropea pronto no aprende, solo interrumpe procesos.
De la demostración al piano: cuando el control se vuelve espectáculo útil
Las demostraciones públicas son una forma de “enseñar” capacidades sin entrar en ecuaciones. Un ejemplo citado es el uso del modelo L6 en un robot que tocó el piano durante la ceremonia inaugural de una competición de robótica en agosto del año pasado. Tocar el piano no es solo pulsar teclas: implica controlar fuerza, velocidad, repetición y coordinación entre dedos. Es una tarea que funciona como metáfora perfecta de la precisión: si aprietas demasiado, suena mal; si aprietas tarde, llegas fuera de ritmo.
Este tipo de exhibiciones tienen un valor doble. Por un lado, muestran capacidad de control fino; por otro, revelan algo menos obvio: la mano no vive aislada. Necesita integrarse con sensores, controladores y software que interpreten objetivos. Una mano excelente con un cerebro mediocre se comporta como un coche deportivo sin conductor.
La serie Linker Hand: un catálogo para muchos tipos de robots
Más allá del O6 y los modelos pensados para hitos concretos, LinkerBot también ofrece la serie Linker Hand, que se presenta como muy versátil: desde 6 hasta 42 grados de libertad, con soporte para “las principales tecnologías de actuación” (actuadores). Este abanico sugiere una estrategia clara: no hay una única mano para todos los robots. Un humanoide doméstico quizá necesite seguridad y suavidad; un brazo industrial puede priorizar fuerza, repetibilidad y tolerancia al polvo o a la vibración.
En este contexto, el modelo L30 aparece como buque insignia por su precisión declarada de ±0,2 mm, un nivel que encaja con tareas de ensamblaje complejo. Para visualizarlo, piensa en colocar un tornillo diminuto sin que “muerda” torcido, o alinear conectores sin forzarlos. La precisión milimétrica es la frontera entre automatizar un gesto y automatizar una habilidad.
LinkerSkillNet: comprar manos, adquirir habilidades
El hardware impresiona, pero el elemento más interesante es la capa de software: LinkerSkillNet. La compañía lo describe como una biblioteca que convierte habilidades humanas en capacidades estandarizadas y reutilizables para manos robóticas. La idea recuerda a una tienda de aplicaciones, pero aplicada a movimientos: no compras solo la mano, compras el acceso a lo que esa mano puede aprender con el tiempo.
El sistema incluiría habilidades que van desde tareas industriales de precisión hasta procedimientos médicos, y permitiría transferir lo aprendido entre distintos robots. Hoy la biblioteca rondaría las 500 habilidades y, según Zhou, podría duplicar su tamaño cada seis meses conforme se desarrollen y añadan nuevas. En términos cotidianos, es como si aprendieras a cocinar una receta y luego pudieras “copiar” esa destreza a otra persona sin pasar por meses de práctica. La promesa es enorme; el reto también, porque estandarizar habilidades implica describirlas con precisión, validar que se ejecutan de forma segura y adaptarlas a manos con mecánicas distintas.
Dinero, clientes y la carrera por escalar
El desarrollo de manos diestras no es barato. LinkerBot, siempre según Interesting Engineering, habría levantado cerca de 217 millones de dólares en una ronda Serie B y planea usar esos fondos para duplicar su equipo de investigación antes de finales de 2026. También se menciona una financiación previa de 150 millones y el envío de su mano diestra número 10.000 el año pasado, cifras que apuntan a un ritmo de producción y adopción poco común en un mercado que a menudo se queda en pilotos.
En cuanto a clientes, aparecen nombres que ayudan a entender el posicionamiento: Samsung Electronics y universidades como la de Hong Kong y Stanford. La mezcla de industria y academia suele ser una señal de tecnología en transición: lo bastante madura para integrarse en proyectos reales, lo bastante abierta para seguir explorando límites y publicar resultados.
Doraemon como chispa: cultura pop convertida en hoja de ruta
Zhou atribuye parte de su inspiración a Doraemon, el personaje del anime conocido por sus “gadgets” imposibles. El giro que propone es interesante: no era el bolsillo mágico lo que explicaba los inventos, sino la destreza de las manos capaces de construir, usar y perfeccionar herramientas. Es una intuición casi antropológica: desde la cerámica hasta la máquina de vapor, gran parte del progreso humano está ligado a lo que los dedos pueden manipular.
Esa lectura conecta con la estrategia de LinkerBot: si consigues manos capaces de ejecutar habilidades transferibles, no solo haces robots que se mueven; haces robots que trabajan con herramientas, que es donde realmente empieza la utilidad diaria.
Lo que cambia en casa y en la fábrica: expectativas realistas
Si la visión de LinkerSkillNet cuaja, podríamos ver robots humanoides capaces de tareas domésticas concretas como cocinar, masajear o maquillar, tal como sugiere Zhou. Suena tentador, aunque conviene aterrizarlo: una cosa es mover con precisión un utensilio, otra es hacerlo de forma segura en un entorno impredecible con niños, mascotas, superficies resbaladizas y objetos no etiquetados.
En la industria, el encaje puede ser más inmediato. Entornos controlados, procedimientos repetibles y estándares claros favorecen la adopción. Una mano con alta precisión y buena durabilidad puede asumir operaciones de ensamblaje, manipulación de componentes delicados o tareas de inspección y ajuste. El sueño es el de un “operario” que no se cansa y repite movimientos con consistencia, mientras los humanos se reservan supervisión, diseño de procesos y resolución de incidencias.
La pregunta que queda es cómo se validan esas habilidades y cómo se gestionan riesgos. Una mano capaz de apretar 50 kg necesita también saber cuándo no apretar. En robótica, la seguridad es tan importante como la destreza: el mismo avance que permite sujetar una taza sin romperla debe impedir que un error convierta un gesto cotidiano en un accidente.
Fuente: Whatsnew.com
