La Paz, 24 de abr 2026 (ATB Media).- Enrojecimiento persistente, ardor, picazón, descamación o la aparición de lesiones pueden ser señales de que un producto cosmético no está siendo bien tolerado por la piel. A estos síntomas se suman cambios en la pigmentación o un aumento de la sensibilidad, indicadores de una reacción negativa que, en muchos casos, está vinculada al uso inadecuado de productos o a la falta de información sobre su composición y calidad.
“El cosmético en general es seguro cuando ha pasado por controles regulatorios”, explica Luis Fernando Choque, docente de la carrera de Bioquímica y Farmacia de la Universidad Franz Tamayo (Unifranz) sede La Paz, que destaca que estos procesos permiten garantizar estándares mínimos para su uso. Sin embargo, advierte de que “el problema aparece cuando se utilizan productos sin registro sanitario o de origen informal, puesto que estos controles no están garantizados”.
Desde la bioquímica y la farmacia, la calidad de un cosmético depende de varios factores. “La pureza de los ingredientes, su concentración, la estabilidad de la formulación y la seguridad microbiológica” son elementos determinantes, señala el especialista. A esto se suma “la evaluación toxicológica y la capacidad de la piel para absorber estos compuestos”.
“Deben generar alerta las sustancias como la hidroquinona sin control médico, corticoides tópicos ocultos, metales pesados o fragancias altamente sensibilizantes”, advierte Choque, en referencia a componentes que pueden representar riesgos si no son utilizados de manera adecuada.
A largo plazo, el uso de ciertos compuestos puede tener efectos negativos en la piel. “Algunos compuestos pueden provocar irritación crónica, sensibilización cutánea o incluso efectos sistémicos si hay absorción prolongada”, explica el docente, quien enfatiza la importancia de considerar la dosis y el contexto de uso.
A este escenario se suma la creciente influencia de las redes sociales en las decisiones de consumo. En plataformas como TikTok o Instagram se viralizan recomendaciones caseras o productos denominados “milagro”, muchas veces sin respaldo científico.
“El principal riesgo es la falta de evidencia científica”, sostiene Choque. Advierte de que estas recomendaciones “no consideran el tipo de piel, la dosis ni las interacciones entre productos”. Como consecuencia, pueden producirse desde dermatitis hasta quemaduras químicas o daño en la barrera cutánea.
Otro de los conceptos que suele generar confusión es el de los productos naturales u orgánicos. “Natural no es sinónimo de seguridad”, afirma el académico, pues hay sustancias naturales altamente irritantes o alergénicas; considera que este término, en muchos casos, solo “se utiliza como estrategia de marketing”.
El uso inadecuado o excesivo de cosméticos también puede afectar directamente la salud de la piel. “Puede alterar la barrera cutánea, modificar el pH de la piel y generar inflamación”, explica Choque, quien añade que “la combinación excesiva de productos puede provocar interacciones no deseadas”.
Frente a estos riesgos, la formación académica cumple un rol fundamental en la preparación de profesionales capaces de evaluar y desarrollar productos seguros. “Es fundamental porque permite que el estudiante no sólo entienda la teoría, sino que también formule y evalúe productos reales”, afirma Choque.
Este enfoque práctico, basado en el “Aprender Haciendo”, incluye “análisis físico-químicos, estudios de estabilidad, compatibilidad de ingredientes y control microbiológico”, además del desarrollo de competencias en “formulación, control de calidad, análisis toxicológico, interpretación del etiquetado y la evaluación riesgo-beneficio”.
El modelo “Aprender Haciendo” de Unifranz, una metodología educativa centrada en la experiencia práctica y la resolución de problemas reales, conecta a los estudiantes directamente con el mundo profesional desde el inicio de sus carreras. Esto les ayuda a desarrollar habilidades clave y aumentar su empleabilidad, mediante proyectos, simulaciones y vinculación con empresas, preparando así profesionales más seguros y capaces de generar un impacto en la sociedad.
“El profesional formado aprende todos los procesos de calidad implicados en un producto farmacéutico terminado. En cambio, si se sigue una receta en internet, obviamente que no está bajo normas estandarizadas, tampoco bajo protocolos, ni mucho menos bajo una investigación científica”, añade.
Como recomendación final, el especialista sugiere consultar con un dermatólogo, adquirir productos en farmacias establecidas y, ante cualquier duda, recurrir a un profesional farmacéutico.
Los estudiantes de Unifranz vienen desarrollando, con base en la ciencia, productos cosméticos innovadores para la población. Uno de ellos es la pintura cosmética elaborada a partir de la espinaca.
Milenka Trujillo, estudiante de Unifranz, desarrolló este producto a través de un proceso de trituración y maceración de la espinaca en un solvente alcohólico, permitiendo la extracción de sus fitonutrientes esenciales. Tras una fase de evaporación y conversión a polvo, este concentrado se integra en una base dermatológica para crear un ungüento diseñado para la piel extremadamente sensible del paciente diabético, optimizando los tiempos de regeneración celular y favoreciendo una cicatrización efectiva, libre de secuelas.
Otro producto creado por estudiantes de Bioquímica y Farmacia de Unifranz es un sérum facial a base de almidón de yuca. Este ingrediente natural, extraído de una raíz ancestral, está revolucionando la manera de cuidar la piel, ofreciendo una alternativa más segura, económica y amigable con el planeta.
Este producto, actualmente en fase experimental, se perfila como una solución cosmética más segura y ecológica frente a los productos convencionales, que muchas veces contienen compuestos sintéticos que pueden provocar reacciones adversas.
Fuente: Unifranz
