Cada 6 de julio, la ciudad de La Paz celebra a uno de sus símbolos gastronómicos más representativos: la marraqueta, un pan que, más allá de ser un alimento de consumo diario, forma parte de la historia, las costumbres y la identidad de los paceños.
Reconocida por su característica corteza dorada y crujiente, junto a una miga ligera y aireada, la marraqueta se ha convertido en un elemento inseparable de la vida cotidiana de miles de familias bolivianas. Su importancia cultural llevó a que tenga una jornada propia de celebración, destinada a valorar su historia, la tradición de su elaboración y el trabajo de los maestros panificadores.

ATB MEDIA, 06/07/26 – La marraqueta es conocida como el “pan de las alturas” debido a su estrecha relación con la ciudad de La Paz, ubicada a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar. Las condiciones del altiplano, como la altura, el clima y la presión atmosférica, influyen en el proceso otorgándole una textura y un sabor particular que muchos consideran difíciles de reproducir fuera de la ciudad.
Aunque su receta utiliza ingredientes básicos como harina, agua, sal y levadura, lograr la forma, consistencia y textura que la distinguen requiere experiencia, técnica y conocimientos transmitidos entre generaciones de panificadores.

Un origen rodeado de historias
El origen de la marraqueta cuenta con diferentes versiones. Una de las más difundidas señala que su preparación tuvo influencia de panaderos extranjeros que llegaron a Bolivia a comienzos del siglo XX y adaptaron sus conocimientos a las condiciones del altiplano.
Otra versión atribuye su desarrollo a los hermanos Andrés y Hugo Rasmussen, de origen danés, quienes habrían elaborado esta receta y abierto una panadería conocida como Figliozzi alrededor del año 1920.
Con el paso del tiempo, la marraqueta evolucionó hasta adquirir características propias, convirtiéndose en un pan con identidad paceña y en uno de los productos más reconocidos de la gastronomía boliviana.

Durante la Guerra del Chaco, la necesidad de contar con un alimento sencillo, nutritivo y resistente hizo que la marraqueta formara parte de las provisiones de muchos soldados. Debido a esta característica, recibió el popular nombre de “pan de batalla”.
Desde entonces, su presencia se consolidó en la alimentación diaria de los paceños. Es habitual encontrarla en desayunos acompañada de queso, mantequilla, café o api, además de ser utilizada como base para diferentes sándwiches tradicionales.
Una tradición reconocida cada 6 de julio
La celebración del Día de la Marraqueta fue establecida mediante una normativa municipal que reconoce su valor como parte del patrimonio cultural paceño. Esta fecha busca impulsar actividades para difundir su historia, destacar la labor de los panificadores y preservar la tradición de su elaboración.
Durante la jornada suelen realizarse ferias, degustaciones y demostraciones del proceso de preparación, permitiendo que la población conozca más sobre uno de los alimentos más representativos de La Paz.

La marraqueta ha acompañado generaciones de paceños y se mantiene vigente en la mesa familiar como una expresión de identidad y memoria colectiva. Su elaboración artesanal, su sabor único y la tradición que existe detrás de cada pieza hacen que trascienda su valor gastronómico.
Cada 6 de julio, La Paz no solo celebra el “pan de batalla”, sino una parte de su historia. La marraqueta representa el esfuerzo de los panificadores, las costumbres de una ciudad y una tradición que continúa pasando de generación en generación.
Por: Michell Natalia Escobar Bernal
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