El odio se construye en silencio

El odio se construye en silencio

* JAIME ITURRI SALMÓN

La primera palabra de la obra griega más antigua que se conserva, La Ilíada, es cólera. Agamenón, el poderoso rey de reyes aqueo acaba de arrebatar una bella esclava a su mejor combatiente, Aquiles. Este le dice:

—Está bien, pero como soy hombre libre no pelearé más por ti y mi ejército tampoco lo hará.

El amante de Aquiles, Patroclo, se disfraza del gran guerrero y muere en manos del campeón troyano Héctor. De nuevo la ira gana a Aquiles y este mata a quien ultimó a su compañero.

Y mientras esto ocurría, el astuto Ulises pensaba en cómo ganar la guerra con una estratagema usando madera, clavos y arte.

Ya sabemos cómo terminó esa guerra. Los troyanos pasados por las armas, las mujeres sometidas a la esclavitud, Helena salvando la vida quitándose la ropa.

Tal vez la de Troya sea la metáfora de todas las guerras. Lo cierto es que la epopeya sobrevivió porque después de ser cantada por miles de narradores a Homero se le ocurrió escribirla. Homero, el escriba cuya existencia todavía es sombras pero no su obra.

La Ilíada y La Odisea, la muestra de las pasiones de los seres humanos: de la ira al talento.

Y en la Bolivia de octubre y noviembre de 2019 se impusieron las dos. Por una lado, la cólera convenientemente fogoneada por grupos expropósitamente preparados sin que los encargados de Inteligencia del gobierno del MAS se den por enterados y, por otro, el uso de las redes sociales.

En sólo dos días, Marco Antonio Pumari (sí, el exmasista expulsado de juventudes por acusaciones de manejo turbio de dinero) pasó de tener una treintena de seguidores en Facebook a más de 100 mil. La conclusión es clara: alguien pagó.

Y de pronto del 9 al 12 de noviembre aparecieron 68 mil nuevas cuentas de Twitter sobre Bolivia, según el investigador español Julián Macías Tovar.

Pero la historia de los caballos de Troya de la derecha comienza un poco antes con el grupo Kuña Mbarete, formado por gente cercana al ex jefe de inteligencia del neoliberalismo Carlos Valverde. Astutamente esta agrupación (plataforma se llamaría después) buscó un nombre en guaraní y mandaron el mensaje “¿conoces a una mujer fuerte?” (que es la traducción del nombre del grupo). Miles de mujeres a las que les llegó el mensaje etiquetaron a sus amigas. Y ¡Pum¡ de pronto todas reciben el manifiesto político del grupo.

No sería el único caso. Los caballos de Troya pititas fueron sembrados en meses con grupos variopintos que al momento del golpe se quitaron la máscara y difundieron la narrativa del fraude. Otro ejemplo es Ríos de pie, financiada por los brasileños de ultraderecha Das Ruas.

Estos grupos construyeron las plataformas mediáticas para que el discurso del odio cuajara. Fueron la base para que pititas guiados por grupos violentos atacaran a todo lo que pensaban que estaba contra ellos. Así en nombre de la “democracia” se tomaron medios de comunicación de quienes no comulgaban con el discurso antievista.

Y muchos periodistas no escaparon a esta presión, volcándose a decir lo que los violentos deseaban bajo el argumento de “nos van a incendiar nuestras instalaciones”. Y es que el odio construyó miedo y con él la autocensura.

Cuando uno levanta el huevo de una serpiente puede ver al embrión formándose ahí adentro. Pero los troyanos no vieron a griegos dentro del caballo y el MAS se confió y no vio la movida del fascismo para protagonizar un golpe de una violencia descomunal aunque los escribas pititas nos quieran hacer creer que en el fondo fue nada más que una manifestación pacífica.

Así estamos repitiendo una vieja historia de la humanidad. Porque esto de las narrativas es tan viejo como la Biblia o la historia del sitio a la ciudad que acogió a los enamorados Helena y Paris. 

* Jaime Iturri Salmón es periodista

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