Nuestro Keynes

Nuestro Keynes

Jaime Iturri Salmón

Flaco, largo, con el pelo canoso y barbado. Así recuerdo haberlo conocido personalmente porque intelectualmente hacía mucho que lo leía. Desde principios de los 80 cuando cayó en mis manos una revista de la carrera de sociología de la UMSA. Luego vino su trabajo sobre la chicha en la sociedad cochabambina y por supuesto su insuperable biografía de Tania la Guerrillera que fue bautizada como Tamara pero que pasaría a la inmortalidad en Vado del Yeso.

Cuando nos reunimos para hablar sobre el Bicentenario (yo dirigía la Delegación Municipal de La Paz y él la de Cochabamba) hablamos de su Teoponte, la otra guerrilla guevarista en Bolivia y sobre la necesidad de construir una nueva historia sobre nuestros pueblos, que tuviera presente la participación de los ninguneados, de aquellos que dicen que nada saben pero a los que tanto temen.

Keynes era siempre mesurado en sus palabras pero tenía los ojos encendidos cuando hablábamos de historia y de literatura. Él sabía que el objeto más maravilloso inventado por el ser humano era el libro.

Mas él no era un intelectual de pura biblioteca lejos de los hombres y del tiempo que le tocó vivir. Por el contrario, era hombre de militancia de causas populares. Por eso militó en el Partido Socialista 1 de Marcelo Quiroga y apoyó al proceso de cambio de Evo Morales siendo su embajador en Lima.

Precisamente en el Perú recolectó mucha información en torno a la participación de los bolivianos en la Guerra del Pacífico. Esa contienda a la que fuimos mal conducidos por políticos irresponsables y traicionados por nuestra propia oligarquía.

Aquejado de cáncer, el último fin de semana Gustavo Rodríguez Ostria murió en la capital de los virreyes. Pocos meses antes, cuando se inauguró el año del odio, cuando la democracia fue secuestrada por Jeanine Añez y su pandilla, la Canciller Karen Longaric lo había cesado en sus funciones desconociendo disposiciones del gobierno de Evo Morales en sentido de que no se puede despedir a quien esté enfermo de cáncer. Nuestro Keynes pagaba una vez más su lealtad al pueblo y recibía la inquina de los gobernantes de facto.

Pero eso es pasado, historia diría Gustavo, quien en cambio ha partido hacia la eternidad, esa que solamente puede darte el dejar escritos que sobrevivirán a los autores y es que somos nuestros pasos, pero, sobre todo nuestras huellas.

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