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Covid-19 y Brasil: el colapso sanitario que amenaza la región y el mundo

Covid-19 y Brasil: el colapso sanitario que amenaza la región y el mundo

Brasil, 30 mar 2021 (ATB Digital).- Un año y con más 312 mil muertes después
del comienzo de la pandemia, Brasil se encuentra en la fase más letal.
Tiene hoy el mayor número de muertes por millón de habitantes en el
mundo; superó las 3.000 diarias y se enfrenta al “peor colapso del
servicio sanitario” en su historia, según Marcelo Queiroga, el cuarto
ministro de Salud de este gobierno. 

De los 27 estados federales, 25 tienen
tasas de ocupación del 80% en sus unidades de cuidados intensivos,
mientras los medicamentos para sedación y el oxígeno comienzan a
escasear. Entre tanto, el presidente Jair Bolsonaro afirma en actos
públicos que no hay que seguir lamentándose: “¿Hasta cuándo van a estar
llorando?”.  

La actitud olímpica del Presidente ante
la tragedia no es ninguna novedad. Ya en marzo del 2020, cuando la
Covid-19 apenas comenzaba su camino por Latinoamérica, dijo que se
trataba de una gripita, que esa “pequeña crisis” tenía “mucho de
fantasía”, y que pronto la gente se daría cuenta de que había sido
engañada con ese asunto del coronavirus. 

La región en ciernes

Pero la realidad ha mostrado una cara
mucho más amarga. Con más de 210 millones de habitantes y fronteras con
diez países sudamericanos (Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Perú,
Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Guayana Francesa), la crisis de
Brasil es vista con angustia por una región que ha logrado contener
hasta cierto punto el virus y avanza tímidamente en su proceso de
vacunar a su gente. 

Algunos de estos países han tomado
medidas. Colombia decidió cerrar el paso fronterizo hasta el 1 de junio,
mientras que en Perú el Ejército intenta frenar el paso de migrantes,
en su mayoría haitianos, que vienen de Brasil. Uruguay, en cambio,
decidió utilizar un remanente del primer paquete de vacunas para
“blindar” su frontera con el gigante. 

Sin embargo, según dijo a Connectas
el doctor José David Urbaéz, director científico de la Sociedad
Brasileña de Infectología (SBI) del Distrito Federal, “el virus no tiene
fronteras” y será muy difícil restringir el movimiento en zonas
limítrofes donde las personas crean vínculos de todo tipo. Además,
considera que esta crisis no concierne sólo a los países de la región,
sino que tiene implicaciones mundiales. 

En eso coincide el doctor Jamal
Suleiman, médico del instituto de Infectología Emilio Ribas: “No
representamos un peligro sólo para los países vecinos sino para el
mundo, porque tenemos tres variantes circulando y con gran chance de
emerger otras. Estamos en un barco a la deriva en medio de la tempestad,
y esto no es una ola sino un tsunami”, señaló en entrevista para Voz de
América.

No se pensó en parar el virus

En la fórmula del desastre actual se
combinan varios ingredientes, aunque los expertos coinciden en que todo
comienza con la política del Gobierno o, más bien, con su ausencia.
Como señala el doctor Urbáez, el país nunca tuvo el objetivo de
controlar la transmisión del virus. “Quedó en las manos de gobernadores y
alcaldes hacer lo que podían, pero terminaron al final muy involucrados
con los grupos de poder que consiguieron posicionar una dicotomía que
no existe, la dicotomía entre la economía y la salud”.

Frente a la crisis, el Ejecutivo
brasileño se ha dedicado a minimizar la pandemia, a hacer
recomendaciones en contravía de la evidencia científica y a oponerse en
forma acérrima a los confinamientos. En abril de 2020 Bolsonaro
destituyó a su ministro de salud del momento, Luiz Henrique Mandetta,
por su desacuerdo sobre las cuarentenas. “Ya sé… la vida no tiene
precio. Pero la economía y los empleos tienen que volver a la
normalidad”, dijo entonces el mandatario. 

Tan sólo un mes después, su
reemplazo, Nelson Teich, dimitió por sus diferencias con el Presidente
acerca del uso de la cloroquina, un fármaco promovido por Bolsonaro sin
el menor respaldo científico. El Presidente admitió sin ambages que
cambió de ministro para que el país adoptara esa droga en cualquier caso
de Covid-19. Y para no tener que volver a reemplazar al jefe de esta
cartera, decidió dejar como ministro interino a Eduardo Pazuello, un
general activo del Ejército que reconoció que antes de asumir el cargo
“ni siquiera sabía qué era el SUS”, el sistema sanitario público de
Brasil. 

Curas no certificadas

El gobierno de Bolsonaro no sólo ha
promocionado medicamentos descartados por ineficaces. Por ejemplo,
resolvió distribuir un “kit Covid” compuesto por Hidroxicloroquina,
Ivermectina y Azitromicina. Según dijo a la BBC el intensivista Ederlon
Tezende, coordinador de un hospital público de Sao Paulo, esos fármacos
pueden tener efectos letales en el 15% de los pacientes que desarrollan
una forma severa de la enfermedad. Otros especialistas mencionan efectos
colaterales graves, como problemas renales, hepatitis y arritmia
cardiaca.  Incluso el Gobierno ha puesto trabas a medidas sencillas
fuertemente promovidas por los expertos, como cuando vetó la
obligatoriedad de usar mascarillas. 

Un estudio publicado en enero por la
Facultad de Salud Pública de la Universidad de Sao Paulo y Conectas
Derechos Humanos ordena y analiza en una línea de tiempo las
declaraciones, leyes y normativas del Gobierno federal en la pandemia. Y
su conclusión, llena de ironía, llega a hablar de una situación casi
premeditada en el palacio de Planoalto: “Los resultados disipan la
persistente interpretación de que parte del Gobierno federal es
incompetente y negligente a la hora de gestionar la pandemia. Muy al
contrario, la sistematización de datos (…) revela el compromiso y la
eficacia de la acción del Gobierno federal para difundir ampliamente el
virus en el territorio nacional, declaradamente con el objetivo de
reanudar la actividad económica lo antes posible y a cualquier precio”.

A pesar de todo, la popularidad del
Presidente brasileño se mantuvo estable hasta diciembre. Según un sondeo
del Instituto Datafolha, la aprobación de Bolsonaro estaba en su mejor
nivel desde el comienzo de su mandato, con un 37% de los encuestados que
consideraban su gestión óptima o buena. Su discurso populista y
negacionista ha alentado hasta ahora a su base más dura de seguidores a
no aceptar las recomendaciones de las autoridades para contener la
pandemia, algo parecido a lo que sucedía con Donald Trump en Estados
Unidos. 

 

Vacunación lenta

Y en cuanto a la vacunación,  las
cosas no van mejor. Como le explicó a Connectas Jorge Bermúdez, jefe del
Departamento de Política de Medicamentos y Asistencia Farmacéutica de
la respetada fundación Fiocruz, la lentitud en el proceso se debe, en
primera instancia, a que comenzó tardíamente, pues el Gobierno no  dio
prioridad a buscar acuerdos para adquirir vacunas. Incluso dejó pasar la
oportunidad de producirlas directamente en Brasil mediante un acuerdo
existente con China. En octubre, el Presidente canceló la compra de 46
millones de dosis de la vacuna de ese país, alegando que “los brasileños
no serán conejillos de Indias de nadie”.  

La prensa de Brasil  refleja la gran cantidad de muertos que
diariamente tiene el país desde los últimos días, un promedio de 3.000,
ocupando  el  segundo lugar de los países con más decesos por la
pandemia. En primer lugar está Estados Unidos.
Fotos Connectas

“El propio desdén del Presidente
dificultó el recibimiento de materias primas para la producción
establecida por Fiocruz y el Instituto Butantan. Solamente ahora, con la
situación calamitosa que el Brasil enfrenta, el Gobierno anuncia que se
encuentra negociando y que va a recibir vacunas de varios fabricantes
durante 2021. A pesar del tradicionalmente sólido sistema de salud del
Brasil y del desempeño en otras situaciones, faltó una coordinación
efectiva entre las tres esferas de gobierno (federal, estatal y
municipal) y su esfuerzo unificado y planificado para enfrentar
adecuadamente la pandemia”, señaló Bermúdez.

Además de la falta de coordinación y
una vacunación a paso de tortuga, el estado actual de la pandemia en
Brasil se explica por el movimiento masivo de personas a finales de
 2020 y principios de  2021 debido a las fiestas y el Carnaval, a pesar
de estar oficialmente prohibido. 

 

“Ahí está el último de los
ingredientes. Si se deja al virus circular de esa forma, es evidente que
lo estamos induciendo a hacer mutaciones que le sean ventajosas; el
virus aprende a ser más eficaz para multiplicarse, que es lo que él
quiere;  las cargas virales son mucho más elevadas de lo que ya eran y
se tienen muchas más personas infectadas, muchas más personas graves”,
afirmó el doctor Urbaéz. 

Lo más triste es que Brasil había
construido durante años un sólido sistema de salud pública. Para Urbaéz,
“esto no nos había sucedido jamás, porque una de las cosas más
prestigiosas de este país, que nosotros construimos a lo largo de estos
años fue el Ministerio de la Salud, independientemente del Presidente,
de partidos; tenía sus detalles pero siempre fue una institución
central, respetada, con mucho poder a partir de ese prestigio, una gran
institución comprometida y todo eso fue borrado”.

Bolsonaro y su reelección

Con esta crisis sanitaria, la
pandemia comienza a convertirse en un obstáculo real para que Bolsonaro
gane la reelección el próximo año. Su caída de popularidad coincide,
además, con un evento inesperado: el potencial regreso de Lula da Silva a
la escena política, favorecido por un juez de la Corte Suprema que
anuló las condenas de 2017 contra el expresidente por lavado de dinero y
corrupción. Aunque no ha confirmado su candidatura, Lula ya ha
aprovechado sus intervenciones públicas para criticar el manejo de la
pandemia y convocar a los líderes mundiales para hablar del acceso a las
vacunas. 

En forma similar a lo sucedido en
las elecciones de Estados Unidos, “se puede esperar que Lula adopte una
estrategia parecida a la de Joe Biden en 2020, moviéndose al centro y
permitiendo que la pandemia y el colapso económico sean el foco de
atención y le den suficiente cuerda a Bolsonaro para ahorcarse”,  dijo
Oliver Stuenkel, profesor de la Fundación Getulio Vargas a The
Dialogue. 

En cuanto a Bolsonaro, parece poco
probable que su estrategia para contener a Lula contemple contener el
virus. Mientras tanto, Brasil sigue rompiendo sus propios récords de
muertes, con un sistema de salud al borde del colapso y la amenaza
latente de una pandemia sin control. Convertido en una especie de
laboratorio de virología al aire libre, el gigante sudamericano se ha
transformado en una amenaza para el mundo, a pesar de haber tenido en el
pasado un bien ganado prestigio en sus políticas de salud pública. Una
macabra ironía digna de los chistes irresponsables de su presidente.

María Camila Hernández es miembro de
la mesa editorial de Connectas. Trabajó en Noticias Uno, El Tiempo y
Portafolio. Se especializa en temas económicos y tiene experiencia en
investigación corporativa.

(Página Siete)

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