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Crisis Rusia-Ucrania

Documentan torturas a civiles por parte de las fuerzas de Ucrania

La Paz, 13 jul 2023 (ATB Digital).- Los líderes de la OTAN, reunida esta semana en Vilna (Lituania), debatieron la cantidad de armas y dinero que debían enviar a Ucrania. A pesar de algunos puntos evidentes de tensión, no hubo desacuerdo fundamental sobre la moralidad básica de apoyar a Kiev, un Gobierno que ha recurrido regularmente a la tortura contra civiles y cautivos.

Cabe señalar que Ucrania recurrió a estos métodos inhumanos mucho antes de la operación militar especial de Rusia, pues lo estuvo haciendo desde hace nueve años.

Un informe publicado el mes pasado por la Oficina de las Naciones Unidas para Derechos Humanos reveló que decenas de civiles fueron torturados recientemente “en centros oficiales de detención preventiva” por las fuerzas de seguridad ucranianas.

Un testimonio similar fue proporcionado por una fuente de las fuerzas de seguridad rusas, que declaró a Sputnik en mayo que la policía ucraniana había instalado cámaras de tortura en Jersón para interrogar a los residentes locales por sus “vínculos con Rusia”.

Estos casos no son incidentes aislados. Sputnik conversó con tres sobrevivientes de las cámaras de tortura ucranianas: Alexandra Valko, civil de Donetsk nacida en Rusia, Andréi Sokolov, técnico metalúrgico, y Larisa Gúrina, expolicía de Járkov, sobre su experiencia en cautiverio.

Los tres contaron con franqueza cómo las fuerzas ucranianas secuestraban a civiles sospechosos de deslealtad y los golpeaban, apuñalaban, privaban de comida y agua, con la única idea de arrancarles una confesión.

“La locura del fascismo”

Al igual que muchos habitantes del este de Ucrania, Larisa Gúrina, expolicía de Járkov, rechazó el ilegítimo golpe de Estado de febrero de 2014 en Kiev, perpetrado por grupos paramilitares neonazis y sus simpatizantes. Tampoco aceptó una ideología ultranacionalista abiertamente rusófoba y la glorificación de los colaboradores nazis de la Segunda Guerra Mundial Stepán Bandera y Roman Shukhevych por parte de las nuevas autoridades de Kiev.

“Como pude, me resistí a estas nuevas autoridades. No disparé a nadie, no volé nada. Pero lo que pude hacer, intenté hacerlo, al menos para apoyar a la gente que se resistía a esta toma ilegal del poder y a esta imprudencia, a esta criminalidad”.

Tras tomar el poder, el Gobierno provisional de Kiev inició lo que denominó una ‘operación antiterrorista’ contra la población de Donbás que se opuso a los golpistas ilegítimos. La dura represión se produjo en respuesta al referéndum de Crimea sobre la reunificación con Rusia del 16 de marzo de 2014 y a las consiguientes declaraciones de independencia de Donetsk y Lugansk en abril del mismo año.

Gúrina recogió ayuda humanitaria para los vecinos de Donbás que perdieron sus hogares y pertenencias en el transcurso de la denominada operación antiterrorista dirigida por Kiev y las incursiones y bombardeos indiscriminados en la región que la acompañaron.

Gúrina fue detenida por las autoridades ucranianas el 16 de marzo de 2015, bajo acusación infundada de traición, socavar el orden constitucional e invadir la integridad territorial de Ucrania.

Gúrina recuerda bien cómo la detuvieron: “Irrumpieron en mi apartamento [en Járkov] todos con pasamontañas; había 14 personas con metralletas y otras cinco, entre ellas investigadores y testigos. Sabía que en Járkov se llevaban a cabo detenciones masivas y represiones. Me daba cuenta de a dónde conduciría todo esto. Pero, por supuesto, el choque de los primeros minutos no podía compararse con nada más”.

A la mujer le negaron un abogado y saquearon su piso. Más tarde, descubrió que el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) la había espiado durante cinco meses. La víspera de su detención, también habían detenido a su hijo.

“Después me llevaron al edificio del SBU en Járkov, en la calle Sovnarkomovsky. Mi primer interrogatorio duró 37 horas sin parar”, recuerda. “Pasé un año [detenida], de los cuales los dos últimos meses los pasé en el campo y 10 meses en prisión. Me llevaban a los interrogatorios todos los días. Los interrogatorios duraban muchas horas seguidas”. El sótano del edificio del SBU se utilizó como cámara de tortura.

Gúrina sabe de primera mano lo que ocurrió en esta espantosa cámara de tortura: fue torturada allí en repetidas ocasiones. Esta acción fue cruel y sin sentido: ella nunca había estado involucrada en ninguna resistencia militar, y mucho menos en una conspiración para socavar el orden constitucional de Ucrania. No tenía nada que contar a sus torturadores.

“Me golpearon en la cabeza, me golpearon en el estómago y de otras formas; en general, es una historia muy horrible”, recuerda Gúrina. “Tuve mucho miedo cuando amenazaron con matar a mis seres queridos: mi hijo, mi madre, mi nieta. Mi nieta es huérfana. Prometieron tratarlos con especial crueldad. Públicamente, delante de todos los investigadores, renuncié a mis seres queridos. Dije que no me importaba su destino, mostré una indiferencia total, aunque ese era el mayor miedo, el mayor dolor”.

Sin embargo, esta tortura palidece en comparación con el modo en que los agentes del Servicio de Seguridad ucraniano obligaron a Gúrina a ver cómo golpeaban a su hijo casi hasta la muerte. La madre padeció un sufrimiento insoportable mientras contemplaba la brutalidad. Larisa confesó que estuvo a punto de morir de horror.

“Son peores que los fascistas”

Alexandra Valko, ciudadana de Donbás nacida en Rusia, también cayó presa de la maquinaria de tortura ucraniana.

Nació en la ciudad rusa de Inta, en la república de Komi, y más tarde se trasladó a la región de Donbás. Vivía en Pervomaiskoye, un pueblo situado a 74 kilómetros de Donetsk, y trabajaba en una oficina de inspección técnica de gas de Yasinovataya.

Tras el golpe de Estado ilegítimo de Kiev, Valko —al igual que Larisa Gúrina— se puso del lado de la población de las Repúblicas de Donetsk y Lugansk y se dedicó a realizar labores humanitarias.

“El 11 de mayo de 2014 celebramos un referéndum [de independencia]”, afirmó Valko a Sputnik. “Participé en el referéndum y trabajé en la comisión”. Cuando el neonazi batallón ucraniano Azov* y el ultranacionalista ucraniano Pravi Sektor** tomaron Yasinovataya, pusieron en marcha una campaña de “limpieza”. Alexandra fue una de las primeras víctimas a las que detuvieron.

¿Por qué la capturaron? Mientras trabajaba en la inspección del gas, Alexandra recibía información técnica, cifras y cálculos almacenados en su móvil.

Y resultó que los militantes del Pravi Sector la habían tomado por una operadora de radio de una unidad de reconocimiento de la República Popular de Donetsk. Pensaron que había transmitido datos sensibles a la república secesionista. Los nacionalistas ucranianos optaron por la tortura para que la detenida dijera “la verdad”.

Le pusieron un gorro envuelto en cinta adhesiva en la cabeza para que no pudiera ver nada y la subieron a la fuerza por las escaleras. Luego la llevaron a una habitación donde empezaron a golpearla.

La golpearon duramente durante siete días seguidos. Le arrancaron las uñas y la mantuvieron esposada durante 14 días más, lo que hizo que se le encarnizaran las muñecas y los dedos. Tenía las piernas heridas y sangraba abundantemente. No la alimentaron ni le permitieron ir al baño. Alexandra perdió 53 kilos durante su cautiverio. Les suplicó a sus carceleros que la dejaran llamar a un abogado. “Los terroristas no pueden tener abogado”, le dijeron.

“Me llevaron de una sala a otra, que yo llamaba ‘cámara frigorífica’. Era una habitación pequeña, toda de cemento, toda de azulejos. Cuando me llevaron a esta habitación, vi que había agujeros de bala y sangre fresca en las paredes. Comprendí que era una sala de tortura”, recuerda.

Ahí le dieron pescado enlatado mezclado con agua cruda y arena. Los nacionalistas ucranianos se burlaron de ella: “¡Que la terrorista se coma nuestro borsch ucraniano!”. La obligaron a comer esta sustancia viscosa.

Como en el caso de Gúrina, los nacionalistas ucranianos amenazaron a Valko con hacer daño a sus seres queridos. Alexandra recuerda que Pravi Sector llamó a su hija y la engañó para que acudiera a la cámara de tortura diciéndole que su madre estaba gravemente enferma.

Durante su cautiverio a manos de Pravi Sector, Alexandra vio a otros prisioneros hambrientos y gravemente golpeados, sucios y cubiertos de sangre. Eran humillados y deshumanizados por los nacionalistas.

“No son seres humanos, son fascistas”, afirmó Valko sobre sus verdugos. “Hay que acabar con ellos. No solo me quitaron 19 días de mi vida: perdí 20 años de mi vida después de ser torturada, después de sufrir todo eso. Había mucha gente como yo allí. No creáis a los seguidores [del colaborador nazi Stepán] Bandera. Son peores que los fascistas”.

Casi dos años de cautiverio

Andréi Sokolov, un civil ruso especialista en metalurgia que acudió como voluntario a la planta de Topaz, en la República Popular de Donetsk, fue mantenido cautivo por el SBU desde diciembre de 2014 hasta octubre de 2016.

Sokolov tenía un taller metalúrgico en Moscú y fue invitado a Donbás para que inspeccionara varias instalaciones industriales de la región de Donetsk que necesitaban ser restauradas. Estas plantas y fábricas habían sufrido graves daños durante los bombardeos de Kiev contra la región.

“Llegué a Donetsk en mi coche personal y viajé por la república en él”, contó Sokolov. “Acabé en el SBU después de entrar por error en un puesto de control ucraniano cuando iba de Donetsk a Górlovka. Al comprobar mis documentos, vieron mi pasaporte ruso. A sus ojos, eso era suficiente para detenerme”.

Tras hacerlo prisionero, los ucranianos no enviaron a Andréi a la policía ni al SBU, sino que lo retuvieron en distintos locales durante dos semanas sin registrar su situación ni acusarlo de ningún delito. Lo hicieron desaparecer. Los familiares y amigos de Andréi perdieron contacto. Nadie sabía nada de su paradero.

Sokolov cree que después lo llevaron al centro de detención temporal de Volnovaja, cerca de Mariúpol. Allí permaneció cerca de una semana. Ni un investigador ni los agentes del orden, y mucho menos un abogado, se comunicaron con Andréi durante este periodo de tiempo. Solo después de todos estos calvarios fue finalmente llevado “como si fuera equipaje”, con una bolsa en la cabeza, al departamento central del SBU en Mariúpol. Lo interrogaron y le obligaron a hacer una “confesión” ante una cámara de video.

Tras enterarse de que Andréi fue a la República Popular de Donetsk para ayudarles a restaurar sus instalaciones industriales, el SBU acusó al civil ruso de planear ayudar a los rebeldes del Donbás a fabricar armas.

“El SBU consideraba que las repúblicas Popular de Donetsk y Popular de Lugansk eran organizaciones terroristas. Y, en consecuencia, todo aquel que les ayudara de alguna manera era también un terrorista”, afirmó.

Las técnicas de tortura “favoritas” del SBU

A diferencia de Gúrina y Valko, Sokolov no fue sometido a torturas graves, pero vio cómo los agentes del SBU ejercían esta práctica cruel contra otros presos.

“Utilizaban pistolas aturdidoras y ataban a las personas para que no pudieran moverse. Una de las técnicas de interrogatorio habituales de la llamada operación antiterrorista ucraniana consistía en poner una bolsa vacía en la cabeza de una persona y envolverla con cinta tan apretada que la persona se asfixiaba. La mantenían así durante varias horas, golpeando periódicamente a la persona”, narró.

“También existe una práctica habitual de tortura llamada ‘el trapo mojado’. Consiste en colocar a una persona en el suelo de la habitación, un agente del SBU se sienta sobre su pecho y otro agente le pone un trapo —una camiseta vieja u otra cosa— en la cara. El agente aprieta con fuerza el trapo contra la cara del preso, de modo que cuando vierte agua corriente del grifo de una botella, hace que el trapo se pegue a la cara, haciéndole sentir como si se estuviera asfixiando bajo el agua. Es decir, es una tortura por asfixia. No deja huellas, ni moretones, nada”, detalló.

Esta técnica de asfixia fue ampliamente utilizada por el SBU ucraniano porque no dejaba huellas, pero causaba el máximo dolor a una persona, hasta el punto de que muchos sometidos a esta tortura perdieron el conocimiento, recordó Andréi. Según él, muchos militantes de Donbás y residentes ordinarios que fueron detenidos entre 2014 y 2016 sufrieron esta violencia.

Al mismo tiempo, los ucranianos trataron de ocultar los hechos a los funcionarios de las Naciones Unidas que ocasionalmente acudían a la región para realizar inspecciones, de acuerdo con Andréi. Sokolov recordó que, en una ocasión, el SBU escondió a sus prisioneros y pulió sus cámaras de tortura hasta dejarlas relucientes antes de una visita de los inspectores de la ONU.

Escapar del cautiverio

Larisa Gúrina, Alexandra Valko y Andréi Sokolov tuvieron suerte de escapar de su cautiverio. Los amigos de Larisa sabían que los dirigentes del SBU eran muy corruptos. Dieron un cuantioso soborno a un alto funcionario del cuerpo de seguridad para suavizar el caso. Aunque a Larisa le permitieron volver a casa poco después, le informaron de que su caso estaba de nuevo sobre la mesa del fiscal. Huyó de Járkov sin llevarse ninguna pertenencia, y más tarde consiguió llegar a Rusia.

Cuando los verdugos de Alexandra Valko se dieron cuenta de que estaba a punto de morir, decidieron deshacerse de ella, llevándola a la policía. Un agente de policía puso a Alexandra bajo arresto domiciliario, lo que de hecho le salvó la vida. Se apresuró a huir a Donetsk con la ayuda de sus amigos.

Andréi Sokolov intentó escapar, pero fue capturado por el SBU. Más tarde se dio cuenta de que los ucranianos lo habían retenido como baza para un posible “canje de prisioneros” con la República Popular de Donetsk. Andréi pasó casi dos años en cautiverio ucraniano antes de ser finalmente liberado.

Repunte de las torturas en Ucrania

Muchos de los que han sido capturados por el SBU o por nacionalistas y militares ucranianos nunca han regresado a casa. En marzo de 2019, el teniente coronel del SBU Vasili Prózorov, que se fugó a Rusia, dio una rueda de prensa en la que habló a los periodistas de “La Biblioteca”, una prisión secreta y lugar de tortura en el aeropuerto de Mariúpol gestionado por el SBU y el batallón Azov.

De acuerdo con antiguos prisioneros del campo oculto de Mariúpol, los cadáveres de los que morían durante los interrogatorios eran enterrados en una fosa común. Pruebas de video obtenidas por Sputnik indican que el Pravi Sector a veces ahogaba a sus prisioneros en gasolina en dispensarios de combustible abandonados.

Uno de los objetivos declarados de la operación militar rusa es desnazificar Ucrania y poner fin a la tortura inhumana y el exterminio de rusoparlantes por parte de Kiev. Como el Kremlin ha declarado en repetidas ocasiones, la operación continuará hasta que se cumplan todos sus objetivos.

Mientras tanto, en Ucrania se ha producido un aumento de las torturas a manos de los nacionalistas ucranianos, el Ejército y el SBU.

“Desde 2014 hasta el inicio de la operación militar especial [el 24 de febrero de 2022] hemos intercambiado a más de 1.300 personas. Casi todos fueron sometidas a tortura”, declaró a Sputnik la defensora Daría Morozova, comisionada para los derechos humanos de la República Popular de Donetsk.

“Ahora vemos que esto no hace más que endurecerse, por desgracia. Antes, Ucrania al menos guardaba silencio al respecto, solo podíamos probar [los casos de tortura] invitando a trabajar a varias organizaciones internacionales, que hablaban con ellos, examinaban sus lugares y lo publicaban en sus informes. Ahora Ucrania no tiene escrúpulos en publicar en los medios de comunicación, en Internet, [videos] en los que nuestros soldados no solo son torturados, sino también asesinados y cruelmente atormentados”, añadió.

El repunte de las torturas se debe a que Occidente continúa haciendo la vista gorda ante los casos de violaciones flagrantes de los derechos humanos y de la Convención de Ginebra por parte de Kiev, afirmó la organización de defensa de los derechos humanos.

Sputnik

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