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Propaganda y banalización del fascismo: el caso de los mercenarios en Ucrania

Carmen Parejo Rendón

El pasado 16 de enero, las Fuerzas Armadas rusas, destruían un cuartel temporal en la ciudad de Járkov, donde se encontraban combatientes extranjeros, en su mayoría franceses. Este suceso tuvo consecuencias diplomáticas: el Ministerio de Asuntos exteriores de Rusia convocó al embajador de Francia en Moscú, mientras que el ministro de defensa del país galo admitió la presencia de “civiles que se fueron a guerrear con el uniforme ucraniano”, pero aseguró que no podían “prohibírselo”.

La polémica ha ido a más durante estos días, cuando un político francés aseguró que Francia debía dejar de “retransmitir propaganda que anima a tontos e ingenuos a ir a luchar allí”. ¿Existe esta propaganda que denunciaba el político francés?

En septiembre de 2023, el medio Euronews publicaba un artículo titulado “Hasta 3400 euros al mes: Conozca la empresa española que recluta combatientes para Ucrania”. En el desarrollo del texto se aclaraba que el “voluntario” era el que debía ponerse en contacto con la empresa para evitar ser clasificado como contratista privado de seguridad y defensa, la forma sofisticada de llamar a los mercenarios en la actualidad. Es decir, en la prensa y a plena luz del día, se explicaba cómo funciona la ley y la trampa en este intercambio.

“Tenemos gente luchando en Ucrania. Uno de ellos volvió a España para descansar unos meses, y fue entonces cuando le preguntaron (los oficiales ucranianos) si podía reclutar gente para luchar en la guerra”, expone en artículo, que entrevista al director de la compañía española de reclutamiento.

Desde el 27 de febrero de 2022, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski anunció la creación de una “Legión Internacional”. A partir de entonces, el uso de mercenarios se ha convertido en una política de Estado en Ucrania.

Es demasiado sencillo atar los cabos entre el decreto ucraniano para la creación de esta “legión extranjera” y la campaña mediática y política que garantiza los reclutamientos. Es por esto que las declaraciones del ministro de Defensa francés han resultado escandalosas.

Apelar a la voluntariedad individual de estos mercenarios ha sido la estrategia comunicativa compartida por los países de la OTAN. En marzo de 2022, la entonces ministra de Asuntos Exteriores británica, Liz Truss, hizo público su apoyo absoluto a los británicos que quisieran luchar en Ucrania. En la misma dirección se pronunció el parlamento de Letonia o el gobierno danés, que aseguraban que “no era ilegal que los individuos eligieran ir a la guerra”.

El gobierno canadiense, por su parte, aseguró que “cada ciudadano podía decidir por sí mismo si luchaba o no” en este país. Finalmente, Alemania consideraba una cuestión de “principios” no impedir a sus ciudadanos alistarse con las tropas ucranianas.

A principios de marzo de 2022, en el sitio web de Radio Francia Internacional (RFI), propiedad de France Médias Monde, empresa del Estado francés, presentaban un artículo titulado “Voluntarios franceses se unen a la legión internacional para luchar en Ucrania”. En el texto, destacaban la siguiente pregunta: “¿Cómo podemos ayudar a los ucranianos? (…) Algunos van más allá y han decidido responder al llamado lanzado el 27 de febrero por el presidente Volodimir Zelenski, que pidió a los extranjeros que se unan al ejército ucraniano”.

Aunque eso sí, después de toda la campaña de propaganda, el artículo termina diciendo que el Estado francés, si bien se niega a hacer declaraciones al respecto, desaconsejaba cualquier viaje a Ucrania a los ciudadanos franceses. Lógicamente, ya sea como mercenarios o como simples turistas, es un territorio en guerra y, por lo tanto, es peligroso.

Es un perfil habitual en estos “voluntarios” la pertenencia pretérita a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluidos los distintos ejércitos, y una fuerte convicción política próxima a la extrema derecha, el neofascismo o el neonazismo.

Es cierto que es difícil asegurar que de forma planificada los Estados de la OTAN estén enviando personal militar, como soldados, más allá de otro tipo de apoyos que sí llevan a cabo de forma pública, al conflicto ucraniano. Sin embargo, es demasiado sencillo atar los cabos entre el decreto ucraniano para la creación de esta “legión extranjera” y la campaña mediática y política que garantiza los reclutamientos. Es por esto que las declaraciones del ministro de Defensa francés han resultado escandalosas, ya que no se trata simplemente de una situación que no pueden controlar, sino de algo que ha sido fomentado a nivel público durante años.

Sin embargo, ¿es este un nuevo escenario consecuencia de la actual fase de la guerra en Ucrania –tras el inicio de la Operación especial rusa– tal y como algunos pretenden presentarlo?

En 2018, el consultor de seguridad y exagente del FBI Ali Soufan afirmaba que más de 17.000 combatientes extranjeros habían llegado desde 2014, procedentes de 50 países, hasta Ucrania. En septiembre de 2019, Soufan, en audiencia ante el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes de EE.UU., consiguió el apoyo de 40 congresistas para designar al Batallón Azov como una organización terrorista extranjera. Aunque finalmente esta designación nunca se produjo, el exagente del FBI sostenía que este grupo era el responsable de una red internacional de reclutamiento y capacitación de neonazis en suelo ucraniano.

De hecho, es un perfil habitual en estos “voluntarios” la pertenencia pretérita a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluidos los distintos ejércitos, y una fuerte convicción política próxima a la extrema derecha, el neofascismo o el neonazismo, o al menos indiferencia ante la colaboración con los mismos.

“Los que esperan que haya extremistas entre los voluntarios no se equivocan. En Telegram, un hombre preguntó cómo puede luchar. Su foto de perfil incluye la frase ‘Lealtad y Honor’, detrás de la cual está el ‘Sol Negro’, un conocido signo rúnico de la escena neonazi”, señalaba el 7 de marzo de 2022 el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, en una investigación realizada sobre los combatientes extranjeros en Ucrania.

Todo este escenario se da de forma paralela al incremento en un 320 % de los ataques de la extrema derecha violenta a nivel global, en medio del reconocimiento por parte de EE.UU. y la Unión Europea de que este tipo de organizaciones son ya las responsables de la mayoría de los atentados con víctimas en sus territorios.

Desde los medios occidentales se ha tendido a acusar como propaganda rusa toda mención al rol que desempeñan los grupos neonazis en el actual régimen ucraniano. Habitualmente, se centran en explicar que no son una mayoría, como si el problema fuese de orden cuantitativo y no cualitativo. Del mismo modo, se están banalizando estas redes, fuertemente ideologizadas, que llevan una década recibiendo formación y experiencia militar bajo el amparo del actual régimen de Kiev.

La situación generada por la participación de estos mercenarios, por una parte, aumenta las tensiones y visibiliza aún más la participación de la OTAN en el conflicto. Pero, por otro lado, es irresponsable para con su propia población, ¿qué ocurrirá cuando estos “voluntarios” vuelvan a casa, altamente ideologizados, organizados en el entramado de la extrema derecha internacional y con experiencia militar, en una Europa en crisis por el auge precisamente de la extrema derecha y la pérdida incesante de nivel de vida y de derechos políticos, económicos y sociales?

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