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Vivir como un niño pequeño podría ser la clave del bienestar

Mundo, 30 de mar 2024 (ATB Digital).- Cuando se trata de la felicidad y de vivir bien, podemos aprender mucho de los niños pequeños. Espera un momento: esto tiene su lógica. Hasan Merali, profesor asociado de pediatría en la Universidad McMaster y médico de urgencias pediátricas, ha tratado a miles de pacientes de entre 1 y 5 años. En su libro Sleep Well, Take Risks, Squish the Peas: Secrets From the Science of Toddlers for a Happier, More Successful Way of Life, escribe que este grupo etario tiene una inmerecida mala reputación.

“Un término que me disgusta mucho es el de ‘terribles dos’”, me dijo Merali, refiriéndose a las frases que se usan para describir a los niños de esa edad. “O ‘terribles tres’. ¿Te imaginas si etiquetáramos así a otro grupo de edad?”.

Sí, dijo, los niños pequeños hacen rabietas, pero las investigaciones sugieren que ocurren, en promedio, una vez al día y duran tres minutos.

El resto del tiempo, dijo Merali, los niños pequeños son modelos de bienestar. Compartió algunos buenos hábitos, comunes entre los menores de 5 años, que pueden mejorar tu salud mental y física.

Los niños pequeños tienden a entrenarse a sí mismos en voz alta, una práctica conocida como habla privada (como este popular clip de un surfista sobre nieve de 4 años).

Los niños pequeños no son tímidos a la hora de hablar de sí mismos, dijo Merali, y tú tampoco deberías serlo. Las investigaciones indican que, en el caso de los adultos, hablar positivamente con uno mismo puede ayudar a resolver problemas, aprender, tener confianza y gestionar las emociones.

Le dije a Merali que yo suelo hablarme con dureza, pero que intentaría sustituirlo por frases como: “Sí se puede”.

Los niños de 2 años están activos casi cinco horas al día, según una revisión de 24 estudios. Se mueven con alegría y de forma instintiva, dijo Merali.

Los adultos pueden buscar formas de moverse más, aunque solo sea un minuto. Da una vuelta rápida a la manzana o programa una reunión a pie en lugar de sentado. Si estás solo en casa, haz lo que Kelly McGonigal, psicóloga de la salud de la Universidad de Stanford, ha llamado “karaoke de cuerpo entero”, cantando y moviéndote al ritmo de tu canción favorita.

Se ha demostrado que las breves ráfagas de actividad aumentan la longevidad si suman 10 minutos al día. Ponerse de pie durante tres minutos cada media hora también puede ayudar a controlar el azúcar en sangre.

También puede encontrar formas de estar con niños pequeños, “una felicidad inigualable”, dijo Merali. (La organización sin fines de lucro Generations United cuenta con una base de datos nacional de programas y actividades intergeneracionales).

Los niños pequeños no tienen miedo de hacer preguntas, señaló Merali. Un estudio reveló que hacían un promedio de 107 preguntas a la hora. (Esto no sorprenderá a sus padres).

He escrito algunos libros para niños, y mi parte favorita de las lecturas en la biblioteca era el turno de preguntas: “¿Has estado alguna vez en la Luna?”. “¿Puedes convertirte en un guepardo?”.

Los adultos hemos sido socializados para contener nuestras preguntas porque a menudo nos preocupa lo que piensan los demás, dijo Merali. Pero hacer preguntas no solo nos ayuda a obtener información, sino que también es una forma importante de entablar relaciones.

A los niños les encanta la rutina, y tener un horario de sueño y vigilia coherente también te ayudará a ti, indicó Alberto Ramos, neurólogo del sueño e investigador de la Escuela Miller de Medicina de la Universidad de Miami.

Si tu horario te lo permite, y si sientes la necesidad, dormir la siesta también tiene una serie de beneficios, como agudizar el pensamiento y los tiempos de reacción y mejorar la memoria.

Siempre que no padezcas insomnio, que puede empeorar con una siesta, Ramos recomienda una siesta corta —de 20 a 30 minutos como máximo— a primera hora de la tarde.

Los niños pequeños “ven el mundo como un club de comedia”, escribió Merali. Según un estudio, los niños pequeños se ríen seis veces más que los adultos. Pero podemos buscar formas de incorporar el juego y el humor a nuestro día a día.

Escucha un pódcast cómico o intercambia mensajes tontos con alguien, dijo Merali. Los estudios demuestran que nos reímos más cuando estamos con amigos, así que dediquemos tiempo a ellos.

“Cada día me envían por correo un ‘chiste de papá’”, me dijo Merali. “Y durante mi pausa para comer, veo videos”.

Le pregunté qué veía: “Videos divertidos de niñitos”, me dijo. Claro.

Fuente: The New York Times

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