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Elon Musk, xAI y SpaceX: la entrada de Arabia Saudí con 3.000 millones que mueve el tablero de la IA

Mundo, 20 de feb 2026 (ATB Digital).- La firma saudí Humain, respaldada por el Estado y con sede en Riad, anunció una inversión de 3.000 millones de dólares en xAI, la compañía de inteligencia artificial de Elon Musk. Según la propia Humain, el dinero entró poco antes de que Musk comunicara que xAI se integraba con SpaceX, su empresa espacial, en una operación que daría lugar a un gigante empresarial valorado en más de un billón de dólares. La información se conoció a través de un reportaje de The New York Times y de un comunicado de la compañía saudí.

Para entender por qué este movimiento llama tanto la atención, conviene imaginarlo como comprar una entrada no para un concierto, sino para el backstage justo antes de que el artista anuncie una gira mundial. No es lo mismo invertir en una empresa de IA que invertir en esa misma empresa justo antes de que se “pegue” a una de las compañías privadas más influyentes del planeta.

Acciones, conversión y calendario: por qué la letra pequeña importa

Humain aseguró que su participación en xAI la convirtió en un accionista minoritario significativo y que, tras la operación corporativa, esa posición se convirtió en acciones de SpaceX. En términos prácticos, el fondo saudí no solo apostó por modelos y productos de IA: se aseguró exposición al negocio espacial y a los activos asociados, con todo lo que eso implica en contratos, infraestructuras y escala.

El calendario es una pieza central del puzle. Si, como se apunta, Musk contempla una salida a bolsa (OPV) de la entidad combinada más adelante en 2026, la inversión temprana puede traducirse en una revalorización importante para Humain. Es el tipo de jugada que, en finanzas, se parece a comprar una vivienda cuando aún están poniendo los cimientos de una zona que pronto tendrá metro, colegios y parques: el valor no está solo en lo que hay hoy, sino en lo que se anticipa que habrá mañana.

Un asiento saudí en una empresa clave para la seguridad nacional de EE. UU.

La integración con SpaceX añade una dimensión política delicada. SpaceX es un contratista relevante del Gobierno de Estados Unidos y desempeña un papel destacado en sistemas de seguridad nacional, con lanzamientos de satélites militares y de inteligencia. Esa condición hace que cualquier cambio en su estructura de accionariado o en sus vínculos financieros sea observado con lupa en Washington.

En paralelo, SpaceX opera Starlink, el mayor proveedor de internet satelital. Su conectividad ha tenido un papel importante en el contexto de la defensa de Ucrania, un detalle que subraya cómo la tecnología de consumo puede convertirse, de forma indirecta, en infraestructura estratégica. Cuando una empresa toca a la vez comunicaciones, espacio y defensa, es normal que cada socio internacional, por minoritario que sea, se analice no solo con criterios económicos, también geopolíticos.

Musk busca músculo para la IA: datos, chips y energía como nuevo petróleo

La relación entre Musk y Arabia Saudí no se reduce a una transferencia de capital. xAI compite en una carrera en la que cuentan tanto los algoritmos como la “fontanería” que los hace posibles: centros de datossemiconductores de alto rendimiento y acceso estable a electricidad.

xAI ya había comunicado planes para levantar un gran centro de datos de IA junto a Humain en Arabia Saudí. Esto encaja con una realidad muy tangible: entrenar y operar modelos avanzados es como mantener una flota de camiones en carretera las 24 horas. Se necesita combustible (energía), carreteras (redes y conectividad) y vehículos (GPU y chips especializados). Un país con recursos financieros, capacidad de construir infraestructuras rápido y electricidad relativamente barata se vuelve atractivo para quien quiere escalar.

Humain y la estrategia saudí: convertir riqueza petrolera en potencia tecnológica

Humain fue creada bajo el impulso del príncipe heredero Mohammed bin Salman, que también preside la compañía, con el objetivo de acelerar la presencia saudí en inteligencia artificial. El planteamiento recuerda a diversificar una despensa: si durante décadas el ingrediente principal fue el petróleo, ahora se buscan nuevos alimentos para no depender de uno solo.

La empresa saudí no se presenta únicamente como inversor; también como constructor y operador. Está desarrollando data centers, trabaja en chatbots y participa en inversiones en firmas de IA. Ha cerrado acuerdos con AMD para semiconductores y con Cisco para redes, con la idea de levantar infraestructura capaz de alojar cargas de trabajo intensivas. Humain también ha apoyado a Luma AI, conocida por herramientas de generación de vídeo, mostrando interés en aplicaciones que van más allá de la IA “de texto” y apuntan a contenidos y creatividad.

Este tipo de estrategia mezcla dos palancas. Una es financiera, entrando en compañías como xAI. La otra es industrial, construyendo el terreno donde esas compañías pueden ejecutar sus modelos a gran escala. Es como no limitarse a invertir en una aerolínea, sino participar en el aeropuerto, la torre de control y la empresa que suministra el combustible.

Chips y diplomacia: el papel de Estados Unidos en el acceso a semiconductores

La ambición saudí en IA tiene un cuello de botella conocido: la disponibilidad de chips avanzados, en su mayoría diseñados o fabricados bajo cadenas de suministro donde Estados Unidos tiene una influencia decisiva. Según lo publicado por The New York Times, durante una visita de Mohammed bin Salman a Washington en noviembre se alcanzó un acuerdo que permitía al reino comprar semiconductores estadounidenses necesarios para impulsar proyectos de IA.

En la práctica, la política tecnológica funciona como una aduana: no basta con tener dinero para comprar, hay que tener permiso para importar lo que es sensible. Cuando se trata de hardware puntero, los gobiernos actúan como árbitros. Eso añade incertidumbre y, a la vez, convierte cada acuerdo en una señal al mercado sobre qué alianzas son viables.

El pulso en el Golfo: Arabia Saudí frente a Emiratos en la carrera por la IA

La inversión en xAI también se lee como un capítulo de competencia regional. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos llevan tiempo intentando posicionarse como polos tecnológicos. En ese tablero, los Emiratos han cultivado vínculos con OpenAI y avanzan en un gran complejo de centros de datos en Abu Dabi. Arabia Saudí, por su parte, refuerza su apuesta con Humain y su acercamiento a Musk.

Esta rivalidad tiene un componente de marca país. Quien logre atraer a los grandes nombres de la IA se beneficia de empleo cualificado, transferencia de conocimiento, proveedores que se instalan alrededor y un efecto llamada para capital. Es el mismo fenómeno que ocurre cuando un barrio consigue que abran un hospital y una universidad: alrededor aparecen cafeterías, alquileres, transporte, servicios; la actividad se multiplica.

Qué cambia para xAI y para el mercado: presión competitiva y preguntas abiertas

Para xAI, el respaldo de Humain supone capital y una puerta a infraestructura. Para Humain y Arabia Saudí, es una forma de participar en el crecimiento de un actor que compite con OpenAI, Google y Anthropic, mientras se gana visibilidad como socio capaz de financiar y construir. Para SpaceX, introduce una capa extra de escrutinio: cualquier conexión internacional en un contratista estratégico genera debate sobre gobernanza, controles y límites.

Quedan preguntas relevantes. Una es cómo se articulará la estructura de la empresa combinada y qué implicaciones tendrá para una posible OPV. Otra es el equilibrio entre ambición comercial y consideraciones regulatorias en Estados Unidos, donde el peso de la seguridad nacional en el sector espacial no es menor. Y una tercera es puramente industrial: si Arabia Saudí consigue convertirse en un gran “hogar” de centros de datos, necesitará talento, agua, redes, cadena logística y estabilidad normativa durante años, no solo cheques grandes.

xAI y SpaceX representan una mezcla poco común de IA, espacio e infraestructura de comunicaciones. La entrada de Humain subraya que la carrera tecnológica ya no se decide solo en laboratorios y oficinas: se decide en acuerdos de inversión, permisos para chips, capacidad de construir centros de datos y diplomacia.

Fuente: Whatsnew.com

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