Jeanine hora cero

Jeanine hora cero

* JAIME ITURRI

Úrsula Iguarán y su esposo, José Arcadio Buendía tuvieron que abandonar su pueblo y fundar Macondo en medio de la maleza. Huían de la culpa. El patriarca de la familia más famosa de la literatura latinoamericana había matado en un duelo a otro hombre. Y se fue porque los “muertos pesan”.

Y es verdad. Fue demasiado. El informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes es muy, pero muy contundente. En Sacaba y en Senkata hubo masacres, ejecuciones extrajudiciales, violaciones a los Derechos Humanos más elementales. Cuando uno recorre las páginas del documento se encuentra con una radiografía del horror.

Además, el texto habla de que Jeanine Añez asumió el poder sin el respectivo quórum reglamentario. Y uno de los integrantes del GIEI, el abogado Juan Méndez, explica que: “Analizamos bien la Constitución boliviana y las normas de sucesión presidencial, y efectivamente lo único que hicimos en el informe es que la forma en que se llevó a constituir un gobierno provisorio… no constituye una sucesión presidencial legítima”.

O sea, sí fue golpe.

Demasiado para Jeanine, pues ahora sabe que no podrá salir de la cárcel a menos de que un milagro pase. Pero, aunque esto ocurriera, deberá enfrentar sendos procesos judiciales. Puede incluso que en un acto de irresponsabilidad la bancada de Carlos Mesa niegue la justicia a los muertos y sus familiares. Esto puede pasar porque el experiodista hoy se ha inclinado totalmente hacia la extrema derecha dejando a Bolivia sin centro. Y si eso ocurre, hay justicia internacional esperando a Jeanine y compañía, particularmente al gabinete que firmó el Decreto de la muerte favoreciendo a los uniformados que mandaron a asesinar y, por supuesto, en la lista están también los que dispararon.

Y, claro, con las pruebas que el GIEI recopiló alcanza no para una sino para varias condenas internacionales.

Los problemas siquiátricos y de depresión de Jeanine Añez vienen de hace tiempo. Se cuenta que ya quiso renunciar en un par de ocasiones cuando era presidenta y que Arturo Murillo la convenció de que no lo hiciera. Incluso que en una de esas ocasiones, el hombre del sobreprecio en la compra de gases ingresó a Palacio Quemado gritando “nos van a meter presos a todos”. Por una vez el exministro de gobierno, y verdadero poder tras el trono, mostró lucidez. Muchos están ahora presos.

Hoy la expresidenta de facto duerme con alguno de sus hijos para que eviten posibles nuevos daños a su humanidad. Y seguramente deberá tener tratamiento siquiátrico para que se equilibre.

A estas alturas importa poco la falsificación de las conclusiones en manos de los medios de derecha que intentan empatar poniendo a Evo Morales en la balanza o que dicen que el GIEI no habla de golpe de Estado. Ya son manotazos de ahogado.

Hasta Luis Almagro le ha soltado la pita al “gobierno transitorio” y ha dicho que con esas conclusiones puede haber juicios internacionales.

Si Mesa quiere sobrevivir, sería muy conveniente que su bancada firme el juicio de responsabilidades. ¿Acaso no fue el hombre que el 13 de octubre de 2003 dijo que abandonaba el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada porque le habían dicho que había que matar?

Los muertos y heridos de El Pedregal, de Los Rosales, de Sacaba y de Senkata han logrado una gran victoria frente al gobierno pitita. Lo han desnudado para mostrarle al mundo las verdaderas intensiones de quienes se apoderaron del poder. No vaya ser que ahora se lleven también a Mesa y compañía. Porque los muertos pesan, aún por omisión.

* JAIME ITURRI ES PERIODISTA

Página procesada en: 0,93 segundos.

Lo más visto de columnistas

Tiempo: 0.9392 segundos.