Aves afectadas por los incendios en Tunari y Alalay buscan renacer

Aves afectadas por los incendios en Tunari y Alalay buscan renacer

Cochabamba, 7 nov 2021 (ATB Digital).- El grito de las aves se oye en medio de la tragedia: los incendios.

El fuego en contacto con la piel genera ardor y dolor; cuando envuelve el cuerpo, calcina y mata, como a decenas de aves, de diferentes especies, que murieron quemadas en incendios en el Parque Nacional Tunari (PNT) y la laguna Alalay en Cochabamba.

El Parque Tunari abarca más de 300 mil hectáreas, casi nueve veces el tamaño de la ciudad de Cochabamba. Atraviesa los municipios de Cochabamba, Tiquipaya, Quillacollo, Vinto, Sipe Sipe, Sacaba, Colomi, Villa Tunari, Tapacarí y Morochata, buena parte es jurisdicción del Eje Metropolitano.

La laguna Alalay ocupa una superficie de 240 hectáreas; en esta época tiene poca agua. Es uno de los pocos espejos de agua que hay en la ciudad, además de Quenamari y Coña Coña.

En ambas áreas ecológicas, los focos de calor más grandes registrados recientemente fueron los de fines de octubre, lo que atacó al hábitat de especies vegetales y animales, que se quedaron sin comida ni hogar.

Hallaron 200 aves que murieron calcinadas y 230 huevos quemados en la laguna Alalay. Rescataron a un cuervo de río y a 15 pichones de garza. En lo que va del año el grupo GEOS rescató a mil animales en incendios forestales. La Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) tiene cuatro denuncias por incendios forestales, este año. Aprehendieron a una persona como presunta responsable del fuego en Alalay. El Tunari sumó al menos 65 incendios. Eso es parte lo cuantificable, hasta hace un par de días. El resto se hizo cenizas en los ecosistemas, y se convirtió en compromisos de las autoridades para asumir acciones y dar con los responsables y proteger las áreas ecológicas.

El ingeniero ambiental Rodrigo Meruvia reflexionó que, considerando la densidad boscosa en el Tunari y el ecosistema acuático en Alalay, se alberga importante vida del Valle Central de Cochabamba, para las aves, pequeños mamíferos, anfibios, peces que generan equilibrio.

“Al perderse algunos de los componentes de estos ecosistemas, se llega a un desequilibrio que puede ser muy perjudicial para estas especies, que dependen de estos hábitats. Perder totoral, árboles en ambos espacios es muy perjudicial”.


LA FRACTURA Las garzas son aves de elegante plumaje blanco y picos largos, que suelen verse en los espejos de agua que hay en la ciudad.

Las garzas blancas se alimentan de peces, anfibios y reptiles; se las ve paradas o caminando lentamente a la orilla de la laguna, según describen los registros de la Municipalidad en torno a las aves que hay en la laguna Alalay.

Las garcetas blancas corretean en busca de peces y animales pequeños; a veces remueven el fondo del agua con sus patas para hacer que sus presas salgan; se reúne en grandes bandadas para dormir sobre los árboles, donde anida en colonias. Entretanto, las garcetas azules conviven en grupo, aunque se las ve a veces solo con su pareja. Se alimenta de peces, algunas ranas e insectos. Puede tener de tres a siete huevos.

En condiciones normales, así es como viven. Pero, eventos como un incendio quiebran el ecosistema.

Entre la noche del 26 de octubre y la madrugada del día siguiente, el fuego de uno de los incendios más grandes registrados en esa área ecológica consumió cerca de 40 hectáreas, el equivalente a unas 40 canchas de fútbol, de totorales y otras especies vegetales, donde murieron aves, reptiles e insectos que estaban en el lado noreste al suroeste y hacia el centro del cuerpo de agua.

El fuego que se elevó más de dos metros. Las llamas de arrinconaron a las aves, que volaban desorientadas, como enfrentándose al fuego. Decenas murieron calcinadas, aferradas a sus nidos.

Otras pocas fueron rescatadas; entre esas, 15 pichones de garza, uno con el ala rota.

El responsable del Área de Fauna Silvestre de la Dirección de Medio Ambiente de la Alcaldía de Cochabamba, Dennis Soux, describió que encontraron a estas aves entre la ceniza, en lugares donde había dificultad de acceso.

Caminar sobre los totorales quemados era hundirse al menos 10 centímetros en cenizas, en un área donde el olor a carbón no desaparecía, tampoco el humo sobre la tierra caliente.

Las garzas rescatadas fueron trasladadas al refugio municipal que está en el lado norte de la misma laguna Alalay. Los pichones, de semanas de nacidos, fueron acomodados en una especie de corral sobre el césped, donde tienen agua fresca y les alimentan con pollo e ispis, que son pequeños peces.

Parecen estar mejor, aunque algunos, hace un par de días, todavía tenían parte del plumaje sucio de barro y ceniza, la evidencia del fuego y de quedarse sin nido.

“No sé si las madres han sido afectadas por el incendio; pero, ellos estaban caminando solos en medio de las cenizas”, describió.

Al día siguiente del incendio de magnitud, mientras se activaba el fuego en un sector, las aves continuaban desconcertadas sobrevolando el área convertida en carbón y cenizas, como buscando sus nidos.

“Los adultos tienen la facilidad de movilizarse, pero los pichones son más susceptibles a ser afectados. Algunas madres se han quedado en el nido cuidándolos y han perecido en el incendio”.

El personal de Fauna Silvestre hizo un rastrillaje en la zona. Hallaron 200 animales que murieron calcinados, principalmente garzas; además de unos 230 huevos quemados.

“Es probable que haya habido culebras, anfibios que han sido afectados. No los hemos encontrado por el estrato de ceniza que se ha formado”.

Se quemó el hábitat en el que se desenvolvían las aves. Ahí estaba su hogar, ahí conseguían sus alimentos y era el sector de reproducción de las garzas blancas.

Meruvia enfatizó la gravedad de afectación para las aves.

“Hay que entender que los totorales sirven como lugar de anidación, de eclosión, donde las aves salen del huevo, y de protección de otras amenazas”, sostuvo.

A mediados de noviembre de 2020, a principios de abril de este 2021 y a finales de agosto también hubo incendios en Alalay. Pero, ninguno fue tan trágico como el del 26 de octubre.

“Ahora ha sido un incendio de gran magnitud en un área muy grande, más que todo en el área de anidación de las aves”.

El daño causado salta a la vista y huele a quemado. Además, hay población de aves afectada, con estrés y heridas.

Las garzas adultas llegan a medir entre 45 y 50 centímetros de altura. Los pichones que fueron rescatados miden la mitad. Deberán quedarse en el refugio entre un mes y un mes y medio, para que puedan valerse por sí mismos en lo referido a su alimentación.

“Después vamos a buscar un lugar adecuado para su liberación en la laguna Alalay”, dijo Soux.

Al pichón que tenía una fractura y fue entablillado, ya se les acomodó el ala. Gorgotean y su sonido se mezcla con los que emiten las demás aves y otros animales rescatados que están en el refugio, más de 50 en la actualidad.

Las garzas adultas disminuyeron su estrés. El pichón fracturado requiere atención y tiempo para su recuperación; lo mismo que todo su hábitat: la laguna Alalay. 

Aunque ya existía vigilancia las 24 horas, las autoridades municipales anunciaron controles más estrictos. Al finalizar la tarde del 4 de noviembre, nuevamente se registró un incendio en cercanías de la laguna. Hubo reacción inmediata, denuncia y aprehendieron a una persona de 21 años, quien fue trasladada a la FELCC por ser “con probabilidad el autor del incendio”. Le secuestraron llaves, una pipa y un encendedor. Él negó ser es responsable.

Al día siguiente, el director de esta unidad policial, Rolando Rojas, informó que la FELCC acumuló cuatro denuncias en lo que va del año sobre incendios forestales, por casos de Combuyo, Tirani, otro del Parque Tunari y otro de la laguna Alalay.

Recordó que los responsables de estos atentados contra el medio ambiente son pasibles a detenciones de dos a ocho años, según el Código de Procedimiento Penal.


LAS GARRAS Cuando un halcón se encuentra en medio del fuego, no abandona a sus pichones. Saca las garras y parece estar decidido a luchar incluso contra el fuego.

Los halcones son aves rapaces veloces.

En un incendio registrado en el Tunari, en la zona de Apote, un halcón apareció en medio del foco de calor, estaba atrapado. Fue identificado por voluntarios del Grupo Especial de Operaciones de Salvamento (GEOS).

El coordinador de GEOS, Carlos Azcárraga, recordó que para evitar que muera quemado, intentaron ahuyentarlo, pero el ave no se movió. El halcón se acercó al nido donde estaban sus pichones, se puso firme, se agachó y se puso a la defensiva para que nadie se acerque. Empezó a gañir y sacó las garras. 

“Por más que lo queríamos espantar, el halcón no escapaba, porque quería proteger su nido. Hemos tenido que proteger todo alrededor”.

Los voluntarios hicieron líneas defensivas, limpiando el área combustible (ramas, pajonales y otros) que estaba cerca al incendio; el personal combatió contra el fuego para que no llegue al nido.

Guadalupe Navarro, también de GEOS, lamentó las escenas de animales sufriendo en los incendios.

“Hemos visto víboras, culebras, hasta animales muy grandes correr hacia nosotros; pero, no están en plan de atacar, están en plan de protegerse (…).  Son animales que están sufriendo, uno se imagina el dolor que ocasionan las quemaduras, la radiación del fuego, y los animales están ahí”, dijo.

Recordó que especies de aves son las que suelen retornar después al lugar quemado, buscando su hogar.

“Lamentablemente se rompen las alas. Es difícil la recuperación de un animal silvestre. No están acostumbradas al cuidado del hombre, su reinserción no es fácil”.

Azcárraga expresó que “casi siempre se ven este tipo de escenas”. Solo GEOS contabilizó unos mil rescates de animales en incendios, en lo que va de este 2021.

Estas situaciones hicieron que los voluntarios, además de prepararse para combatir el fuego, desarrollen técnicas de rescate de animales. En sus mochilas, algunos cargan caniles, hociqueras y cuerdas para ayudar a mamíferos y aves. Rescataron, además de aves, vacas, perros y otros animales, a varios los encontraron quejándose por el dolor de las quemaduras.

Los incendios en el Tunari, en lo que va del año sumaron al menos 65, hasta hace pocos días, según la Secretaría de los Derechos de la Madre Tierra de la Gobernación.

Uno de los focos de calor más grande es el que consumió 650 hectáreas, incluida masa boscosa, en las zonas Tirani y Andrada en jurisdicción de Cercado, entre el 24 y 25 de octubre.

En 2020, en esta área protegida hubo al menos 70 incendios. Entre 2013 y 2019 hubo más de 300, de acuerdo con los registros de la Gobernación.

En todos los casos, el fuego consumió el hábitat de diversas especies, que se aferran a la vida y retornan.

Los anuncios de planes y proyectos en favor del Parque son recurrentes en todas las gestiones de autoridades locales. El 4 de noviembre, el gobernador Humberto Sánchez informó que un plazo de dos semanas una comisión presentará un informe al Consejo Metropolitano Kanata con la evaluación de tres propuestas de protección del Tunari: el plan de salvataje ‘Munacuyqui Tunari’ (te quiero Tunari); la delegación de competencias a las entidades territoriales autónomas (ETA) para que se hagan cargo en temas administrativos, legales y logísticos con la finalidad de hacer cumplir la norma; y los medios tecnológicos, como las cámaras de vigilancia de largo alcance.

Por su lado, la Alcaldía de Cochabamba instaló una cámara antiincendios. El alcalde Manfred Reyes Villa se comprometió a instalar un equipo de mayor alcance, para vigilar al menos a seis kilómetros de distancia.

También es parte de los actores el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap).

ARRANCARSE LAS PLUMAS Y RENACER Las aves suelen arrancarse ellas mismas las plumas para acelerar el crecimiento de las nuevas.

Un cuervo de río, también llamado yanavico, que fue rescatado tras el incendio de fines de octubre en la laguna Alalay, todavía no tiene plumas nuevas. Su plumaje, sobre todo en las alas, está como encogido, chamuscado, se nota que fue víctima del fuego.

Los cuervos de río son aves de plumaje oscuro y pico largo. El responsable del Área de Fauna Silvestre informó que se alimentan también de gusanos y pequeños macroinvertebrados que buscan en el lodo. Los yanavicos también se pueden observar en el río Rocha.

Al día siguiente de la tragedia en la laguna Alalay, un voluntario lo encontró y lo llevó al refugio municipal. Ahí está solo en una jaula. Le pusieron un bañador con agua y macrófitas, para simular un poco su hogar, ahora quemado.

Soux informó que lo alimentan con lombrices. El hecho de que coma, ya es una muestra de mejoría.

“La renovación de sus plumas incluso depende de él. Las aves suelen quitarse ellas mismas las plumas”.

NATIVAS Y MIGRANTES La población de aves en el Tunari y la laguna Alalay incluye nativas y migrantes.

Según los reportes del Sernap, el Tunari alberga 163 especies de aves, además de 30 de mamíferos, dos de reptiles y dos de anfibios.

El ingeniero ambiental Meruvia resaltó que, en el Parque Tunari, además de las especies forestales introducidas de pinos y eucaliptos, están las kewiñas, que son importantes para el hábitat de aves como la poospiza (monterita boliviana), que es la especie representativa de esta área protegida. En estos bosques también hay otras aves endémicas.

En Alalay, entre las aves más vistosas están los flamencos. Pero hay otras más identificadas, como aves boreales, chorlo mayor de patas amarillas, playerito pectoral, gaviota, pato media luna, garza blanca, garcgallereta andina, eta azul, chorlito dorado chico, pato maicero, pato capuchino, pato pico cuchara, pato picazo, huaco, polla, cormorán, zoka y garceta blanca.

En el Parque Tunari, los árboles como pinos y eucaliptos, si no fueron consumidos por el fuego, suelen renacer en medio del paisaje oscuro. Los nuevos brotes se convierten, luego, nuevamente en espacios adecuados para las aves, aunque esa recuperación requiere semanas y meses.

En la laguna Alalay, el fuego ya apagado es todavía una amenaza, porque si las cenizas no se quitan, pueden ingresar al agua con la lluvia y contaminarla.

El director de Medio Ambiente de la Alcaldía, Elvis Gutiérrez, advirtió que las cenizas contienen aceites, contaminantes y que los mismos totorales absorben nutrientes. Anunció la elaboración de un informe ante el Ejecutivo Municipal y el Comité de Recuperación, Mejoramiento y Preservación de la Laguna Alalay (Crempla) para que se tomen acciones inmediatas.

Renacer de entre las cenizas no es tarea sencilla para el medio ambiente que, en Cochabamba, tiene los pulmones perforados: la laguna Alalay y el Parque Tunari. 

Fuente: Opinión 

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