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Devoción, mitos y leyendas detrás del Carnaval de Oruro

La Paz, 10 de feb 2024 (ATB Digital).- Detrás de las máscaras de diablo o kullawa se esconden la fe en la Virgen del Socavón y la idolatría de dioses andinos. Es la esencia del Carnaval de Oruro, que se alimenta de devoción, mitos y leyendas, un sincretismo cabal y sin parangón en el país.

Josermo Murillo (1900-1987), patricio, periodista, abogado e historiador orureño, decía (Historia y etnografía de la Virgen del Socavón) que “de ahí proviene la explicación de la singularidad del Carnaval de Oruro, que es exclusivamente la ceremonia destinada a exultar la fe en la Virgen del Socavón”.

Oruro celebra hoy el Sábado de Peregrinación, la entrada tradicional declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en 2001, como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Unos 50.000 danzarines agrupados en 52 conjuntos y fraternidades, en 16 especialidades, recorrerán este día la “ruta santa” —ahora sumó a más de cuatro kilómetros de distancia— entre el barrio Jardín, en la zona Norte de la ciudad, y el santuario de la Virgen del Socavón, al pie del cerro Pie de Gallo, en el centro.

Se trata del evento cultural más esperado del país, cuya trascendencia es mundial, a saber por la visita anual de miles de turistas desde varios países y su interés cultural.

Carnaval de Oruro
Si bien la historia cuenta que los primeros peregrinos de la Virgen fueron los mineros, que solían acudir a ella con danzas, su origen se remonta a celebraciones rituales en San Pedro de Challacollo, donde los ayllus, en el proceso de cristianización, solían hacer cuatro rituales en la plaza.

Maurice Cazorla, historiador e investigador orureño, cita el libro Historia y drama ritual de los antes bolivianos, siglos XVI-XX, de Margot Beyersdorff, para explicar el fenómeno de aculturación.

El primero de ellos era el drama del inca Atahuallpa y de su hermano, cuyo fin era “mostrar a los urus que este territorio era de los incas” y, a su vez, “mandar el mensaje de que ya habían sido convertidos al cristianismo, como el inca Atahuallpa”.

La danza de la diablada.
El segundo ritual era el relato de los diablos, de los siete pecados capitales y la victoria del Arcángel Miguel. El tercero, Los chunchus que se convierten y los chiriguanos que se convertirán, tenía el mismo fin y buscaba mostrar que la extensión del territorio inca abarcaba al chaco.

Finalmente, el cuarto ritual era una parodia a Felipe de Godoy, visitador del virrey que llegó en 1607 a la Villa San Felipe de Austria (hoy Oruro) para hacer una revista y registro de vetas de las minas de le época. Dos negros libres, Diego de Ulloa y Mateo Deloviano, tenían una veta que se llamaba “La veta de los morenos”.

“Los urus hacían rituales y luego llegaban a la Virgen”, cuenta Cazorla en relación a la peregrinación indígena al Socavón.

Sin embargo, la historia del Carnaval de Oruro también se alimenta de leyendas urbanas, como la del Chiru Chiru, aquel ladronzuelo que asolaba en la Villa de San Felipe de Austria.

Chiru Chiru
En su Odas y poemas (1925) José Víctor Zaconeta cuenta sus andanzas. “Con decirles que la madre del Salvador le otorgaba el privilegio de ampararle; eso sí, con una condición, que desvalijara solo a los ricos y que parte del botín repartiera entre los pobres”.

Un día, en sus fechorías, fue pillado robando en la casa de un hombre. “¡Tate, tate, caballero! Le asestó una puñalada”.

Malherido, “al cruzar la altura de Conchupata se la apareció una compasiva dama, de rutilante porte y afables maneras, que sostenía un niño”, lo auxilió.

Se vincula a la mujer con la imagen de la Virgen del Socavón, aunque Cazorla duda de que el lugar donde fue hallado muerto el hombrecillo haya sido al pie de la pintura de la santa. Antes, a manera de souvenir, los comerciantes solían vender la imagen pintada a pulso y sobre hojalata.

Nina Nina, que en realidad era Anselmo Belarmino, era otro personaje urbano de la Villa de San Felipe de Austria. En su manuscrito Folletín candelizas de la milagrosa Virgen del Socavón, el presbítero Emeterio Villarroel contó su historia de aquel “Sábado de Carnaval del año de gracia 1789”.

Se trataba de “un hombre de mediana estatura y con el aspecto exterior de un honrado artesano”, que entonces recorría furtivo las calles oscuras de la ciudad para llegar a un “solar abandonado y casi destruido” para arrodillarse ante la imagen pintada de la Virgen de la Candelaria.

Luego se fue en busca de su amada, Lorenza Choquiamo, en una tienda de Conchupata. Al llegar disfrazado, y con una barba postiza, pidió aguardiente a la mujer. Se descubrió; era su prometido. Ambos huyeron, pero en el camino fueron sorprendidos por el padre de ella, Sebastián.

Minutos después, el celoso padre le asestó la misma daga de Anselmo. El peligroso Nina Nina fue herido de muerte.

Fue salvado también por “una joven hermosa, vestida de negro”.

Fue el párroco de la villa, Carlos Borromeo Mantilla, quien contó que, en la extremaunción, Belarmino confesó que era devoto de la Virgen de la Candelaria.

Tradición oral
El origen del Carnaval de Oruro se complementa también con la tradición oral de los mitos del pueblo uru.

Cazorla se remonta a la época prehispánica para referirse al “anfiteatro natural” que implicaba el territorio uru y la misma Villa de San Felipe de Austria, con wak’as sagradas para los rituales.

El dios Huaricato (Huari) fue quien tenía dominio sobre el pueblo uru, según el historiador Alberto Guerra Gutiérrez.

En su disputa con la diosa Aurora, la última estrella del amanecer, Huari quiso despojar de la fe en ella en los urus, por eso mandó plagas como hormigas, sapo, víbora y lagarto, que, bajo la espada de la diosa, fueron convertidos en arenales y figuras pétreas que ahora son sitios de rituales.

Huari “no podía tener los atributos de otras deidades y santos del calendario cristiano-católico”, dice Cazorla. Y Huari, el diablo, se esconde en las minas como el Tío, y la Aurora (Ñust’a) es la Virgen.

Fuente: La Razón

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