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Estudian el terreno de Marte y descubren moléculas orgánicas ocultas desde hace 3.500 millones de años

Estudian el terreno de Marte y descubren moléculas orgánicas ocultas desde hace 3.500 millones de años

Mundo, 22 abr 2026 (ATB Media).- El rover de la NASA ha identificado compuestos orgánicos nunca vistos allí, incluido uno parecido a precursores del ADN, gracias al primer experimento de química húmeda realizado en otro mundo.

Un equipo de científicos ha confirmado que Marte conserva al menos 7 moléculas orgánicas nunca detectadas antes en su superficie, halladas por el rover Curiosity en rocas arcillosas del cráter Gale mediante el primer experimento de química húmeda ejecutado en otro planeta. El hallazgo, publicado en Nature Communications, refuerza una idea decisiva: el subsuelo marciano ha sido capaz de proteger compuestos complejos durante unos 3.500 millones de años.

No es una prueba de vida, pero sí es una señal poderosa de que Marte no ha sido solo un desierto oxidado, sino también un archivo químico de extraordinaria memoria. En esas rocas antiguas, enterradas durante eones bajo polvo, sales y radiación, la química orgánica ha resistido como una brasa oculta bajo la ceniza. Y eso cambia la conversación científica: si ciertas moléculas han sobrevivido tanto tiempo, quizá otras más reveladoras también puedan hacerlo

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Curiosity encontró estas señales en Glen Torridon, una región rica en arcillas dentro del cráter Gale, un entorno especialmente prometedor porque esos minerales, también en la Tierra, son excelentes guardianes de materia orgánica. La gran novedad no es solo lo que apareció, sino la forma en que se logró arrancárselo a la roca marciana. Y ahí está, precisamente, el detalle que hace de este trabajo uno de los más sugerentes de la astrobiología reciente.

El experimento que abrió una cerradura química en Marte

El corazón del hallazgo está en SAM (Sample Analysis at Mars), el pequeño laboratorio que Curiosity lleva a bordo desde 2012. Para esta investigación, los científicos emplearon tetrametilamonio hidróxido, o TMAH, un reactivo que permite fragmentar moléculas orgánicas grandes y difíciles de leer, convirtiéndolas en piezas más simples y reconocibles para los instrumentos del rover. Es la primera vez que una técnica de termocemólisis con química húmeda se utiliza in situ en un cuerpo planetario

La decisión de usar ese reactivo no era trivial. Curiosity solo dispone de dos recipientes con TMAH, de modo que cada intento equivale a una bala de oro disparada a millones de kilómetros de la Tierra. Por eso el equipo eligió con extremo cuidado la zona de Mary Anning, en Glen Torridon, donde las arcillas ofrecían la mejor probabilidad de preservar compuestos enterrados desde la era en que Marte albergaba agua líquida estable. No era solo perforar una roca: era abrir una cápsula del tiempo geoquímica.

El resultado superó las expectativas. El análisis reveló una diversidad de moléculas orgánicas mayor de la documentada hasta ahora por Curiosity en ese entorno, incluidas sustancias aromáticas y sulfuradas que no habían sido identificadas antes en Marte

Entre ellas figura el benzotiofeno, un compuesto de doble anillo que también aparece en ciertos meteoritos y que sugiere un parentesco químico entre el material que cayó sobre la Tierra primitiva y el que alcanzó el planeta rojo. La roca marciana, de pronto, empezó a hablar un idioma químico más rico y más antiguo de lo que muchos imaginaban. 

La molécula con nitrógeno que enciende la imaginación

Entre los compuestos detectados hay uno que ha concentrado buena parte de la atención: una molécula con nitrógeno cuya estructura recuerda a la de ciertos precursores del ADN. No significa que Curiosity haya encontrado ADN, ni restos biológicos, ni una firma inequívoca de organismos extintos. Lo que significa es algo distinto, y quizá igual de importante: Marte puede conservar piezas químicas relacionadas con la arquitectura de la vida tal como la entendemos.

Esa matización es crucial. Los compuestos orgánicos no pertenecen en exclusiva a la biología. Pueden surgir por procesos geológicos, por reacciones fotoquímicas o llegar del espacio a bordo de meteoritos. De hecho, la propia interpretación del equipo apunta a que parte de ese inventario químico podría estar conectado con el bombardeo meteórico que también enriqueció a la Tierra temprana. El hallazgo no demuestra que Marte estuviera vivo, pero sí que dispuso de algunos de los ladrillos químicos que hacen imaginable esa posibilidad. 

Y hay otro aspecto todavía más profundo. Durante años, uno de los grandes interrogantes de la exploración marciana ha sido si la radiación, los oxidantes del suelo y el paso del tiempo habrían destruido cualquier rastro orgánico valioso. Este trabajo responde con una contundencia poco habitual: no del todo

La preservación es real, y eso convierte al subsuelo poco profundo de Marte en un objetivo mucho más prometedor para futuras búsquedas de biosignaturas. Es, en cierto modo, una invitación a seguir excavando donde el planeta aún guarda silencio.

Marte no confirma vida, pero sí conserva su posibilidad

La prudencia científica sigue siendo la regla. Los investigadores insisten en que ninguna de estas moléculas permite afirmar que hubo vida en Marte. Para separar con seguridad un origen biológico de uno puramente geológico o meteórico harían falta análisis mucho más sofisticados, probablemente en laboratorios terrestres. La gran victoria de este estudio es metodológica: demuestra que la estrategia funciona y que merece ser repetida allí donde Marte sea más antiguo, más arcilloso y más profundo. 

Ese éxito abre, además, una ruta clara para las próximas misiones. La misión Rosalind Franklin de la ESA, concebida para perforar a mayor profundidad, aparece ahora como una heredera natural de esta lógica experimental. También refuerza el valor de explorar mundos helados o brumosos, como Titán, con protocolos capaces de romper moléculas complejas y leerlas con más precisión. Cada avance instrumental amplía el mapa de lo que podemos preguntar al universo

Fuente: The National Geographic España

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